Pronósticos y modelo económico

Por Clara López Obregón   

Inicia 1999 con el tradicional ritual de elaboración de proyecciones y pronósticos para lo cual el campo de la actividad económica es singularmente propicio. Para ello los medios de comunicación han consultado las expectativas de los principales exponentes del modelo económico neoliberal en boga. El genérico de los vaticinios pronostican mas de lo mismo para 1999: profundización de la recesión con sus secuelas de mayor desempleo, un alto nivel de volatilidad de la tasa de cambio que se traduce en altas tasas de interés y una reducción de las presiones inflacionarias por disminución de la demanda y no de menor presión de los costos, de lo cual demerita lo que podría entenderse como la única buena noticia económica del nuevo año.

Cabe entonces preguntarnos él por qué de tanto mal presagio económico. Será que la globalización deja a nuestros pobres países como hojas al viento que nada pueden controlar? O podrá pensarse, ante la evidencia de los hechos, que el modelo económico simplemente no funciona. En este contexto, los economistas consultados, la gran mayoría de los cuales conforman el poderoso lobby neoliberal, no pueden considerarse meros oráculos del comportamiento de fuerzas extrañas, insondables e imprevisibles. Son y han sido un grupo de presión que ahora se ve en la obligación de predecir los efectos de sus consejos.

Por ello nuestros sabios, quienes recomiendan profusamente el ajuste fiscal de choque, con reducción del gasto público y aumento de los impuestos, pueden pronosticar, sin mucho miedo a equivocarse, que en 1999 habrá mas recesión y con ella un mayor nivel de desempleo.

En lo que hace a las tasas de interés, el pronóstico no es tan fácil. Pensando con el deseo, todos quieren verlas bajar. Y tratándose de un mercado tan intervenido y concentrado como el del dinero, ello debería ocurrir. Se ha acudido inclusive a reunir a los presidentes de los bancos con los directivos del Banco de la República y el Ministerio de Hacienda, para comprometer al sector financiero con este laudable objetivo.

El pronóstico de la baja de intereses, no obstante, viene acompañado de muchos condicionamientos: si no hay presión sobre el dólar, si se logra el ajuste fiscal, si en fin una serie de requisitos previos que no están garantizados. Es que nuestros economistas aperturistas saben que cuando se libera el mercado cambiario y se adopta el sistema de la banda cambiaria para mantener el tipo de cambio dentro de ciertos parámetros que garanticen el flujo de esos caprichosos y asustadizos capitales internacionales hacia el país, el Estado renuncia al instrumento de la política monetaria para combatir la recesión y el desempleo. La tasa de interés queda entonces sometida al vaivén de los especuladores y no a las necesidades de la economía interna, razón por la cual un albur pronosticar su nivel.

Como bien lo expresa Paul Krugman en su reciente artículo en Foreign Affairs (enero/feb. 1999), cuando a todos les pasa lo mismo al mismo tiempo, de pronto no se debe a los errores individuales de cada país, sino a la política de moda que aplican todos generalizadamente. Sugiere que las condiciones de la actualidad se asemejan a las de los años treinta, cuando quienes dirigían la política económica creían en la capacidad autorreguladora del mercado, y fallaron en la aplicación de los correctivos que hubieren evitado los peores efectos de la depresión mundial.

Lo que se requiere hoy es mirar hacia atrás para no repetir la historia y encontrar en un cambio de modelo económico, las bases para un mejor desempeño de la economía mundial en su conjunto y de los países individualmente considerados, según sus particulares circunstancias. Sugiere en términos generales “limitar los flujos de capital en aquellos países que no reúnen las condiciones para una moneda Única o para la determinación libre de la tasa de cambio; mayor regulación de los mercados financieros; y la búsqueda de una atender las lecciones de la Economía para la Depresión, so pena de vernos obligados a reaprenderlas a la brava”.

Los vaticinios para 1999 podrían ser muy otros, si se dejara atrás el dogma neoliberal y procediéramos a implantar un nuevo modelo económico.

La República, Bogotá.

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