Padre Javier de Nicoló

Padre Javier de Nicoló

Por Clara López Obregón / El Tiempo

Desarrolló un método para empoderar y transformar la vida de niños y jóvenes caídos en desgracia.

El padre Darío Echeverry dedicó la misa del Jueves Santo a los enfermos de su parroquia del Voto Nacional. En primer lugar, “a los enfermitos del ‘Bronx’ ”, cuya mención me evocó la imagen del espléndido coro de las niñas del Idiprón cantando ‘Carmina Burana’, bajo la batuta del Padre Javier de Nicoló. Ellas simbolizan, en su talento y alegría, la labor de amor liberador con la que este hombre contribuyó a recuperar a decenas de miles de jóvenes excluidos de nuestra sociedad.

Su filosofía era la del amor con disciplina, pero con libertad. Dando la mano y exigiendo, fue capaz de desarrollar un método eficaz para empoderar y transformar la vida de niños, niñas y jóvenes caídos en la desgracia de la calle, el vicio y la violencia. Los graduados del Idiprón son artistas, profesionales, trabajadores sociales, personas de bien que dan testimonio de lo que la sociedad les debe a los excluidos.

Con el equipo de la Secretaría de Gobierno habíamos acudido al padre Javier de Nicoló para abordar la zona crítica en inseguridad e inhumanidad del ‘Bronx’. Ese lugar de Bogotá es como un pulmón del que respiran más de diez mil habitantes de la calle. Salen al reciclaje, al narcomenudeo, a sus imposibles estrategias de supervivencia, y regresan al abrigo de una comunidad delincuencial que los usa pero que los alimenta.

Cerrar el ‘Bronx’ representaría para ellos una condena si no se afronta con humanidad. Además de ser un serio problema delincuencial, constituye un mecanismo de supervivencia que debe ser reemplazado con una política pública eficaz. Ese fue el objetivo del programa diseñado bajo la batuta del Padre Javier de Nicoló y que obtuvo la aprobación del presidente del BID, Luis Alberto Moreno; pero que se malogró cuando el secretario de Hacienda se negó a tramitar el préstamo para financiarlo, con el argumento de salvaguardar el cupo de endeudamiento del metro.

El programa era de largo aliento, con tratamiento diferencial e inversión en la recuperación del entorno. Para quienes estuviesen más allá de toda recuperación médica, el Distrito adelantaría los procedimientos jurídicos para hacerse cargo de su bienestar en una granja en Sumapaz, donde se les trataría dignamente con su dosis personal, cuidado médico y actividades terapéuticas y lúdicas.

El grueso de la población con problemas de consumo superables tendría un acompañamiento diseñado con la filosofía exitosa del padre Javier. Para la noche, posada en hostales administrados por la propia población. De día, se habilitarían clubes o centros de atención integral donde encontrarían formación, proyectos productivos, alimentación y atención especializada para superar la drogodependencia.

Finalmente, para quienes estaban recién cayendo en situación de calle, apoyo urgente de subsidio de alquiler y vinculación a la red social del Distrito. Todo el programa estaría articulado con la acción integral de seguridad humana en zonas críticas con un robusto componente de renovación urbana, acompañado de una severa intervención policial y judicial para el desmantelamiento de los ‘ganchos’ de todos colores que han evadido por años la acción de la autoridad.

El préstamo de 25 millones de dólares, en gran parte condonable, financiaría la intervención integral y la sostenibilidad del programa por un periodo de 10 años. Una gran frustración, pero un gran aprendizaje. Cuando se intervenga seriamente el ‘Bronx’, que no se evada la solución de fondo, trasladando el problema a otra parte o diseminándolo por la ciudad. El enfoque integral con el método de Nicoló está todavía a la orden del día. Apropiarse de él para afrontar el ‘Bronx’ sería el mejor homenaje a la memoria del Padre Javier de Nicoló.

El Tiempo, Bogotá.