Ojo con los flujos libres de capitales

Por Clara López Obregón   

La tranquilidad manifestada por el mercado del dólar después del más reciente embate especulativo ha sido atribuida al ambiente de confianza fincada en el nuevo gobierno. Con las políticas económicas anunciadas que promete un drástico recorte del déficit fiscal y un continuado apretón monetario, el lobby conformado por los economistas aperturistas se muestra satisfecho. “Cesó la horrible noche”, llegó a titular un comentaristas su artículo después de elecciones y no fueron pocos los miembros de la comunidad empresarial que se identificaron con ese diagnóstico económico post electoral.

La aceptación acrítica de esas precipitadas conclusiones puede hacer incurrir en error al equipo económico del nuevo gobierno y al sector privado que lo alienta en sus posturas de política fiscal, monetaria, cambiaria y particularmente financiera. El vicepresidente de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Banco Mundial. Shafid Javed Burki, hizo una afirmación en la Cuarta Conferencia Anual de ese organismo sobre el desarrollo en nuestra región, que ha pasado desapercibida pero que merece una serio análisis por sus profundas implicaciones para el modelo económico: “la globalización va a producir mayor volatilidad a los países en vías de desarrollo”.

¿Será entonces posible que las presiones recurrentes contra la tasa de cambio no se deban tanto a fenómenos políticos pasajeros como a algunos de los elementos estructurantes del nuevo modelo de desarrollo aperturista elevados a categoría de dogma en nuestro país?

Uno de tales elementos es la eliminación del control de cambios llevada a cabo durante el gobierno Gaviria. Para acceder al ahorro externo era menester abrirle las puertas de entrada y salida a la inversión extranjera, eliminando las trabas regulatorias, los requisitos de localización, transferencia tecnológica y generación de empleo así como los límites al reintegro de utilidades a sus países de origen. De la mano de la apertura comercial, esta inyección de capital externo que generaría la nueva libertad cambiaria, estimularía el empleo, el crecimiento económico y el bienestar general.

Uno de los defectos de este razonamiento viene de no hacer la distinción pertinente entre los flujos de capital de riesgo por definición de largo plazo, hacia la inversión en nuevas empresas que amplian la capacidad productiva, y los flujos especulativos de corto plazo. Los primeros tienen un interés en la estabilidad económica durante el periodo de recuperación de su inversión y después a lo largo del tiempo de su vida productiva y generadora de utilidades. Los últimos, de cotro plazo y horizonte, buscan solamente altos rendimientos y bajos riesgos, léase altas tasas de interés que desetimulan a los primeros, y son igualmente propensos a los pánicos y pérdidas de confianza basados en rumores, predicciones interesadas o simples problemas coyunturales. La naturaleza asustadiza y no comprometida de estos capitales de corto plazo, en su estampida por salir, generan crisis económicas críticas, quiebras de bancos y empresas incluidas las financiadas por la inversión extranjera sana de largo plazo, con pérdidas incalculables en términos económicos, sociales y de independencia para el manejo de la política por parte del país afectado.

Normalmente terminan en un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que exige más de la misma política, con sacrificios internos más fuertes, mientras se salva el P y G de los inversionistas extranjeros que contribuyen a la propagación de la crisis. El caso más reciente está en el sureste asiático, pero no es el único, ni será mucho menos el último.

Como afirma el profesor Jagdish Bhagwati, las bondades del libre flujo de capitales no están demostradas. Todo lo contrario. Lo indicado apunta hacia la restricción de dichos flujos. “Ya es hora -afirma- para invertir la carga de la prueba de aquellos que se opnen a los libres flujos del capital hacia quienes los propugnan”. (Foreign Affairs, Vol. 77 No.3). Es un consejo muy serio que debe ser considerado por el nuevo gobierno y por la menos nueva junta directiva del Banco de la República.

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