“Lo que está en juego es el país, no los personalismos”: Clara López

“Lo que está en juego es el país, no los personalismos”: Clara López

Por Jessica Villamil Muñoz / El País

Clara López, exministra de Trabajo, sostiene que desde que salió del Polo Democrático se siente libre de toda atadura partidista. Asegura que no se arrepiente de haber hecho parte del Gobierno Santos y que, además, “la izquierda se acostumbró a señalar y a criticar, pero nunca a asumir una responsabilidad”.

El pasado martes 11 de julio estuvo de visita en el Valle del Cauca para recoger firmas por el movimiento Todos Somos Colombia, con el que aspira a ser candidata presidencial en 2018. Sin embargo, dice que está dispuesta a hacer alianzas porque esto “no puede ser de personalismos ni de vanidades”.

Usted está recogiendo firmas para inscribirse por el movimiento Todos Somos Colombia. ¿Qué pasó con la inscripción ciudadana que le hicieron en el Polo Democrático?

Con más de mil firmas de afiliados se presentó mi postulación en el Polo, pero no tuvo ningún desarrollo. Ahora que salí del Ministerio de Trabajo —conversando con amigos— tomamos la determinación de estructurar un movimiento ciudadano de otro tipo, fuera de los esquemas partidistas, para buscar otra forma de hacer política, una política propositiva, que en vez de decirle ‘no’ a todo, busque salidas y soluciones. Que sea fresca, conectada con la ciudadanía, por eso hemos lanzado Todos Somos Colombia, a la que se han unido muchas vertientes. Los representantes del grupo son una dirigente conservadora (Alba Luz González); un exconcejal liberal (Carlos Alberto Saavedra) y una dirigente sindical que viene del Polo (Berta Rey).

¿Los tentáculos de Jorge Robledo y el MOIR fueron más fuertes que el deseo de los militantes del Polo?

Allá tomaron la decisión de no convocar al Congreso del Polo Democrático. Pero ya pasé la página, no es productivo sentarse a saldar cuentas.

¿Pero se sentía cómoda en el Polo?

No. Hacía mucho tiempo me habían armado una campaña muy dura, muy agresiva. Creo que fue muy importante haber tomado la decisión de irme porque ahora, libre de toda atadura partidista, tengo la libertad de expresión, de contacto, de elección, que se necesita para hacer una propuesta nueva de país a una población ávida de conexión con la política.

La última encuesta de Gallup la pone como el personaje político con mayor favorabilidad en el país…

Imagínese cómo puede sentirse uno de reconocido con la gente que me ha traído a donde estoy, uno nunca llega solo a ninguna parte. Eso es el reflejo de un trabajo en equipo y de una conexión con la ciudadanía, especialmente con las mujeres, a las que aprecio mucho, porque lo que está a la orden del día es responder a esos anhelos y angustias que llevamos en el alma.

Estamos pensando en cómo sacar adelante nuestros hijos, en cómo garantizar una educación y nuestra propuesta es un Estado eficiente que responda con bienes ciudadanos que necesita la gente.

¿Qué le responde a quienes dicen en redes sociales que usted está donde está la ‘mermelada’?

A falta de argumentos, eslóganes y epítetos. La estigmatización es mala, ganarse uno un buen salario, como el que me gané como ministra con mucha responsabilidad en función de responder por temas esenciales de país, cada cual le pondrá su nombre.

Pienso que fue una labor patriótica que hice con mucho compromiso y responsabilidad. Ya no podemos lavarnos las manos y señalar a todo el que trata de hacer algo con palabras de grueso calibre. Yo convoco a la gente a aceptar que tenemos diferencias, ese no es el problema; el problema es identificar lo que nos une. Hay mucho en lo que coincidimos, por qué no trabajar en eso primero y luego limar asperezas.

Siempre se habla de una profunda crisis en el Polo. ¿Con su salida del partido, jalonará una parte de él?

Yo diría que ya ocurrió. Ha habido un apoyo extraordinario, nosotros ya tenemos una estructura que está creciendo en todo el país.

Pero mucha gente la criticó por haber llegado al Gobierno Santos…

Sí, las decisiones que toma uno nunca son unánimes. Hay mucha polémica y la entiendo.

La izquierda se acostumbró a señalar y a criticar, pero nunca a asumir una responsabilidad. En segunda vuelta de las presidenciales (2014) tomé la decisión de apoyar a Santos, a pesar de la incomprensión de Jorge Robledo, para apoyar la paz. Uno tiene que tomar decisiones y vivir con ellas.

Entonces, ¿no se arrepiente de haber hecho parte del Gobierno cuando siempre estuvo en la oposición?

Me siento muy contenta de haber tomado esa determinación porque no solo he podido contribuir a apoyar la paz, sino a ayudar efectivamente a proyectar el tema de la reincorporación. También pude asumir responsabilidad de Gobierno en un área muy crítica para el ser humano, que es la cartera del Trabajo. Mal que bien, en un corto año pudimos lograr avances que quedan para la gente.

Pero el ciudadano de a pie también mide la labor de un Ministro de Trabajo cada fin de año con la pelea por el aumento salarial, y en diciembre pasado muchos dijeron ‘dónde estuvo Clara López’…

El aumento del salario mínimo ha demostrado ser muy robusto (del 7 %) ya la inflación está en el 4. Si usted mira la estadística hacia atrás, el incremento que se logró el año pasado no fue el que aspirábamos porque habíamos discutido con las centrales obreras. Si salía por decreto, era del 7 %, pero buscábamos un acuerdo superior.
Las centrales obreras no quisieron acordar y se desaparecieron a último momento, por lo que no se lograron los votos necesarios para sacar adelante esa iniciativa.

¿Cuál será su bandera de campaña?

La bandera nuestra es un poco más integral y compleja: Pensamos que Colombia necesita una paz comprensiva y ya tenemos unos logros extraordinarios con la firma del acuerdo del Teatro Colón, pero hay que consolidarlos.

Tenemos que desarmar los corazones, pagar la deuda social, los 50 años del conflicto sirvieron para todo: para reducir las garantías laborales, para no satisfacer las necesidades de las familias que tiene que garantizar el Estado en materia de una salud con derecho, educación y oportunidades para los jóvenes.

También, hacer la paz con la naturaleza, el cambio climático y la capacidad de producción del país se ve afectada por una falta de superación y de ilegalidad en todo lo relacionado con la explotación minera y energética. Lo otro tiene que ver con la tan aplazada reforma a la justicia, que es el fundamento de la seguridad ciudadana. En la base de la lucha contra la corrupción tenemos que generar una nueva forma de hacer justicia en nuestro país.

¿Usted cree que se va a lograr un consenso entre los precandidatos que se la juegan por la paz o los egos son demasiado grandes para hacer elegir a alguien más?

Es un desafío de grandes proporciones. Un desafío al que tenemos que responder todos con un criterio patriótico y de responsabilidad. Esto no puede ser de personalismos ni de vanidades. Está en juego, sin lugar a dudas, el futuro de nuestro país y hoy ningún país se puede construir si no se conquista el bien preciado de la paz y de la convivencia.

Por eso, no solamente el tema central para nosotros es el de la implementación de los acuerdos, sino recomponer las relaciones sociales y políticas. Vencimos el conflicto armado, ¿no vamos a vencer el enfrentamiento político y generar las condiciones para unificar criterios en la diferencia para poder construir colectivamente una visión compartida de nación?

¿Entonces usted no tendría problema en trabajarle a otra campaña?

No. Estoy en disposición de aceptar el mecanismo que reúna el mayor consenso para garantizar el proyecto si estamos de acuerdo, como tenemos que estarlo, en los lineamientos fundamentales, que desde luego admiten complemento y mejora, sobre la base de un programa serio. Lo que está en juego es el proyecto de país, no los personalismos.

¿Con quién ha buscado acercamientos políticos?

He hablado con Sergio Fajardo en temas programáticos que son esenciales y en esto tenemos una profunda coincidencia con Claudia López y Antonio Navarro. He hablado con todos los otros sectores de la Alianza Verde. He conversado con Roy Barreras, con Humberto De la Calle, con Juan Manuel Galán, con Juan Fernando Cristo y con los dirigentes de la izquierda. Uno tiene que conversar, auscultar qué es eso que nos une y en eso estoy. Me parece que la convergencia tiene que darse.

¿Y con las Farc, que están proponiendo un presidente de transición?

He hablado con Voces de Paz. Me parece que hay que tener mucho cuidado en esta etapa de no elegir una barrera o apartheid político y social, porque el proceso de paz ha implicado la dejación de armas para unirse a la sociedad bajo sus leyes, la Constitución y las instituciones. Ellos (las Farc) deben tener los mismos derechos que el resto de los ciudadanos para poder construir su nuevo proyecto de vida.

Usted, que ya trabajó en el Gobierno y sabe cómo funciona el Estado, ¿cree que se va a poder implementar todo el Acuerdo de Paz?

El Gobierno tiene que cumplir. La palabra empeñada no se puede devolver alegremente. Sin lugar a dudas, un acuerdo que ha sido firmado por el Gobierno, ratificado por el Congreso y que cuenta con la bendición de la Corte Constitucional, es un acuerdo en firme. Creo que la seguridad jurídica es uno de los valores para hacer negocios, pero también es uno de los valores para la convivencia ciudadana. El Gobierno tiene que hacer lo propio con el movimiento guerrillero que se ha desarmado y que hoy busca convertirse en un partido político civil.

Pero al lado suyo, arriba en las encuestas, está Álvaro Uribe, dirigiendo un partido que dice que ‘hará trizas’ los acuerdos…

Estamos empatados y uno no sabe con los empates técnicos qué va a suceder. Nosotros estamos empeñados en generar las condiciones para que se entienda que si bien es una bandera, hay maneras de hacer política señalando a alguien como un enemigo.

Yo prefiero hacer la política señalando el horizonte de construcción de una nueva sociedad de derechos, que es la que tenemos que construir y en esa sociedad es la que hay que cumplir los acuerdos.