El dogma de la internacional neoliberal

Por Clara López Obregón   

Ante la creciente evidencia de una crisis económica generalizada a nivel mundial, los representantes más caracterizados del modelo económico de la globalización, han salido defensivamente a exculpar de toda responsabilidad a las políticas de liberalización a ultranza por ellos preconizada.

Formando una verdadera “Internacional Neoliberal”, desde el director de la Reserva Federal estadounidense, Alan Greenspan, pasando por la revista Economist hasta los gerentes de la banca central de nuchos países en desarrollo se han adelantado a explicar que reversar la tendencia hacia el libre flujo de capitales, bienes y servicios, es decir de todo menos de la mano de obra no calificada, sería un error monstruoso para los países de las ahora denominadas economías sumergidas.

Contrario al ideario liberal que pregonan, los mercados libres se han convertido para ellos en un verdadero dogma, que no permite la más mínima desviación so pena de verse sometido al ridículo intelectual y a la estigmatización económica por parte de los poderosos y anónimos “brokers” de los mercados financieros internacionales y sus áulicos nacionales. Tal es el caso de Mahathir Mohamed, primer ministro de Malasia, ahora considerado retrógrado y mercurial por haberse atrevido a imponer controles al flujo de capitales hacia y fuera de su país (Economist Sept 12-18/98).

Al inicio de la crisis asiática, se culpaba a la versión amiguista de su práctica capitalista. Cuando se contagiaron las economías de otros países emergentes, se culpó de ello al mal manejo macroeconómico de sus gobiernos, especialmente a los déficit fiscales a los cuales se responsabilizó de los déficit cambiarios fruto de la apertura de los mercados. Ahora que la crisis no distingue las economías sanas para dejarlas a salvo, se culpa al “efecto vecindario”, y todos esperan con terror el día que comience en serio el retiro de los capitales de Brasil, Argentina, Hong Kong o Sudáfrica.

Las escalofriantes cifras de desempleo, reducción de niveles de vida, aumento de la pobreza y acentuación de las desigualdades se repiten con variantes en todos los continentes. Las proyecciones de crecimiento económico en todas partes están siendo revisadas hacia abajo, incluso las de los bastiones de estabilidad de Estados Unidos y la Unión Europea.

Lejos de analizar la teoría que pregona la autoregulación eficiente de los mercados libres a la luz de los hechos, sus guardianes la defienden con artículos de fe que los gobiernos deben aplicar sin beneficio de inventario. Hasta cocinan detrás de bambalinas un tratado internacional, el Acuerdo Multilateral de Inversión (AMI), para sustraer el manejo de los gobiernos, las restricciones al libre flujo de capitales y bienes con su corte internacional para perseguir a los infractores.
Ha llegado el momento de abrirle paso a propuestas alternativas que ayuden a frenar la crisis. Un regreso a los controles de cambios está al orden del día. Mientras subsista la volatilidad de los mercados internacionales, no hay camino distinto para introducirle capacidad de manejo a los instrumentos de política monetaria, cambiaria y fiscal. De lo contrario, el círculo vicioso de presiones cambiarias, seguidas de estrangulamiento del crédito, tasas prohibitivas de interés, recesión, desempleo, pobreza y nueva presión cambiaria ante el deterioro de los fundamentales de la economía, transformará la recesión mundial en una verdadera deflación de grandes proporciones.

La respuesta de los apologistas del libre mercado s una sola: la imposición de controles podría disimular la inversión extranjera requerida para el desarrollo. ¿Cuál desarrollo? Ojalá el dogma ceda ante la tozudez de los hechos.

Bogotá.

Deja un comentario