Discursos

Salón Rojo del Hotel Tequendama, 5 de agosto de 2015.

Buenas noches a los liberales auténticos, a la izquierda liberal, a la izquierda que no traga entero y a esos liberales, como dice el himno, “que están a favor del pueblo irredento”. Muchas gracias por este multitudinario ofrecimiento de afecto y de respaldo que ustedes saben me encomiendan en buenas manos, porque como lo ha dicho Juan Manuel López “si de algo me precio y algo me reconocen, es de la coherencia, del compromiso con los principios de mis mayores, que son los principios del liberalismo”.

Compañeras y compañeros, he sabido que para esta multitudinaria reunión no se contrató un bus, no se hizo esfuerzo alguno que el llamado al liberalismo auténtico a decir ‘presente’ en favor de un modelo social de ciudad que tenemos que proteger, porque para nadie es un secreto que vienen por todo, que aquí hay pasos de animal grande que quieren echar para atrás las conquistas sociales de una ciudad que en el año 2003 tenía a más de una tercera parte de sus familias sumidas en la pobreza.

Hoy, esa izquierda tan vilipendiada en los medios de comunicación, lee con orgullo y satisfacción, pero todavía con el convencimiento que falta el camino por recorrer, de cumplir la tarea completa. Hoy, el DANE informa que ese 32% se ha convertido en apenas un 7%, dos millones de bogotanos han salido de la pobreza gracias a un modelos social que está en pleno auge, en construcción y que es nuestra intención, con esa alianza, con ese acuerdo programático que hemos suscrito en la noche de hoy, llegar a feliz puerto.

Yo quiero comprometerme ante este auditorio, porque tengo el apoyo del verdadero liberalismo y de toda la izquierda colombiana. Tengo el apoyo de la Unión Patriótica, del Movimiento Indígena MAIS y de todos los sectores consientes de la gente independiente de esta ciudad. Quiero comprometerme, porque lo vamos a hacer en equipo, con la fuerza de todas y de todos, vamos a eliminar la pobreza extrema en la capital de la República en los próximos cuatro años.

Y que nos digan que no es posible, porque claro, no es fácil, pero es que este proceso de reducción de la pobreza, se ha hecho dándole un viraje profundo, firme y serio al presupuesto de la ciudad. Del 30 al 75% del presupuesto en 10 años, ese viraje ha pasado a generar la inversión social que se ha convertido en el salario social que está sacando a la gente de la pobreza. Hemos conquistado, por ejemplo, la educación gratuita del grado cero al grado once, para casi 1 millón de niñas, niños, adolescentes que estudian en los planteles públicos del Distrito, regentados por un magisterio también vilipendiado, pero que ha logrado unos avances extraordinarios.

Cuando llegamos a Bogotá en el 2004, apenas el 18% de los colegios se encontraban en el nivel superior o más de las pruebas de Estado. Hoy, también podemos decir con reconocimiento y orgullo que vamos en el 70% y nos falta el 30% más, pero es un logro extraordinario de nuestro magisterio haber dado ese salto tan impresionante en calidad, al mismo tiempo que se garantizaba la duplicación de la cobertura de la educación pública en el Distrito.

Claro que les estoy haciendo demasiado honor a las maestras y a los maestros, porque hay otro factor que ha incidido en el mejoramiento de la calidad en la educación de nuestra ciudad, ese es el famoso restaurante escolar de Gaitán, pero con voluntad política de llevarlo a cada niña y a cada niño que estudian en el Distrito.

Un estudio de la Universidad de Harvard con la UNESCO, pudo demostrar en el año 2010 que el millón de muchachos que estudian en Bogotá en los colegios públicos, gracias a la alimentación escolar, habían aumentado una talla completa, es decir, eran más altos, eran más gruesos y desde luego, tenían mayor capacidad de aprendizaje. Eso es lo que hace una política social, preocuparse por la gente, como decía uno de los oradores que me antecedió en el uso de la palabra.

Cuando llegamos a Bogotá, hay que concederlo, uno no puede pensar que todo se inició cuando uno llegó, pero había una alimentación escolar en algunos de los colegios, una alimentación escolar que marca emblemáticamente la diferencia entre una política social fundamentada en los principios constitucionales de la realización del Estado Social de Derecho y la demagogia populista para sacar créditos. ¿Saben lo que repartían en esos días en los colegios que tenían el privilegio del refrigerio escolar? Palitos con olor a queso. No tenía la proteína, ni tenía la capacidad de alimentación de un verdadero refrigerio, y esa es la diferencia entre el palito con olor a queso y la alimentación completa que permite que el muchacho se desarrolle, crezca y pueda desarrollar al máximo su potencial y su capacidad.

Al igual que en la educación, nos esmeramos en extender la cobertura de la salud pública y no gracias a, sino a pesar de la Ley 100, se mantuvieron abiertos 22 hospitales, cuando en el resto del país estaban cerrando, y se prestó atención primaria que las EPS faltonas, jamás le han entregado a sus usuarios. Pues vamos a continuar ampliando el tema de la salud, el tema de la alimentación y el tema de la educación.

Pero quiero decirles, con toda franqueza, que como Nairo Quintana cuando está subiendo la loma y mira para atrás, y ve lo que ha recorrido con satisfacción, seguramente piensa en lo que le pasa y en lo que le falta por terminar de la carrera. Así estamos nosotros, tenemos una deuda muy grande en la política social de la capital de la República, y esa deuda, no se debe a omisión del gobierno de la ciudad, se debe a un modelo económico importado al Consenso de Washington, a ese neoliberalismo de otro sector del Partido Liberal, que es el que tiene a esta ciudad sumida en la informalidad, en el rebusque, en la desindustrialización que está significando un grave perjuicio a todos los trabajadores y trabajadoras de la capital de la República.

Pues bien, nosotros en Bogotá nos hemos constituido en una especie de isla social, en un mar neoliberal, un muro de contención a las privatizaciones y ahora, vamos con el apoyo y la magnífica asesoría de Eduardo Sarmiento, para mostrar que una ciudad sí puede tener una política de reindustrialización, de fomento para generar trabajo, para generar empleo, para generar oportunidades de emprendimiento que nos lleven a esa Cuarta Generación de política social que reclaman los bogotanos y las bogotanas.

En Bogotá, hay hoy, 370 jóvenes que ni estudian ni trabajan, no porque sean perezosos, sino porque no hay las oportunidades y por ello, este nuevo programa que es el eje central de la Ciudad de las Oportunidades, busca en primer lugar darle la mano a esa generación que se nos está perdiendo, esa generación que requiere oportunidades, esa generación a quien ese modelo neoliberal la está pasando de lado.

Porque nos hemos acostumbrado también, compañeros y compañeras liberales, a algo que yo le he escuchado al expresidente Ernesto Samper, a tratar duro a los débiles y con gran debilidad a los duros, por eso es que estos jóvenes son víctimas de una política de seguridad a lo largo y ancho del país, que criminaliza la conflictividad y la problemática social, y yo quiero decirles aquí, con pleno convencimiento como mujer de izquierda, que si en algo hemos avanzado en Bogotá, es en la lección de que la política de seguridad ciudadana tiene que tratar con mano dura al delincuente pero con mano tendida, con mano inteligente a esa conflictividad social, para que esos jóvenes se reintegren a la vida con la posibilidad de cumplir sus sueños de poder levantar familias y esa va a ser la prioridad número uno de la próxima administración en Bogotá.

Y por ello, nosotros en el otro eje, en el eje de una Ciudad Libre, queremos ver florecer una política de seguridad ciudadana integral, que sea capaz de dar ese vuelco que se mostró de manera hermosa y emblemática cuando fuera yo alcaldesa de Bogotá en el segundo semestre del año 2011. No sé si ustedes recuerdan esas magníficas manifestaciones de la MANE de los estudiantes, que como en las viejas épocas se tomaron las calles de Bogotá y llenaron una y otra vez la Plaza de Bolívar, buscando una reforma educativa; pues aquí veo de lejos a mi antiguo secretario de Desarrollo Económico, el compañero Hernando, quien está allí a la entrada, con él y con Mariela, exsecretaria de Gobierno, empezamos a mostrar que sí es posible que los estudiantes se manifiesten y multitudinariamente, sin que todo termine en grescas, sin que todo termine en desorden. ¿Quieren saber cuál es la fórmula? Convencer al Consejo de Seguridad de la ciudad y a la Policía Nacional, de que la presencia policial tenía que estar a tres cuadras de las manifestaciones, para no provocar enfrentamientos indeseados.

Y los jóvenes estudiantes tomaron el ejemplo de la guardia indígena y auto-protegieron de la infiltración sus bellísimas marchas, que culminaron como todo el mundo tiene que recordar, con esa hermosa ‘abrazatón’ entre los jóvenes de la policía y los jóvenes estudiantes. Ese es el ejemplo de la sociedad que tenemos que construir, ya lo dijo Miguel Samper: “libre de miedo, en confianza, buscando tender los puentes de la unidad y no de los antagonismos, no de la polarización que tanto daño le hace a la sociedad”.

Por eso, este reflejo del liberalismo en el legendario Salón Rojo del Hotel Tequendama, completamente colmado de gente dispuesta a meterle el hombro a una campaña que garantice el modelo social de Bogotá, es una buena noticia para toda la ciudad. Vamos a construir esa ciudad donde las mujeres estén libres de la violencia, donde los niños estén libres del acoso, donde podamos también decir que tenemos una administración libre de la corrupción. Esos son todos nuestros principios que compartimos y que vamos a sacar adelante con política pública seria y bien diseñada.

Y desde luego, cuando hablamos de la Ciudad del Buen Vivir, no solamente hablamos de la salud de la gente, también hablamos de la necesidad, de darle carta de ciudadanía a los animales en nuestra ciudad. Vamos a tener protección animal en la capital de la República. Ya tengo visto ese hospital veterinario público, para darle servicio también a las clases populares que quieren a sus mascotas.

Y vamos a hacer el tránsito de los combustibles fósiles. Hace poco, el presidente de la República anunciaba que se había desvanecido, como tenía que desvanecerse, la meta del millón de barriles diarios, pues es que nosotros no somos una potencia petrolera y no podemos fincar nuestro desarrollo en ese combustible que se nos aleja. Pues bien, una ciudad de ocho millones de habitantes tiene que prepararse para cuando en Colombia no alcance el combustible, y vamos a hacer el tránsito a las energías limpias, impulsadas por el aire, impulsadas por el sol y desde luego, por el agua, que es la fuente principal de la energía eléctrica que va a impulsar el metro, el sistema de transporte público, el Transmilenio y los buses azules.

Ese es el camino del futuro, lo que nos va a implicar defender el agua como principal tesoro. El agua de nuestros cerros, al agua de nuestros humedales, el agua de nuestros páramos, el agua que es la fuente de vida y que es el símbolo de ese buen vivir de nuestros indígenas, que nos invitan a proteger la madre tierra.

Compañeros y compañeras, nuestro programa, como lo decía Miguel, tiene muchísimos puntos, pero yo quiero terminar haciendo una convocatoria a todo el liberalismo de Bogotá y de Colombia, estamos construyendo una convergencia democrática, viene organizándose a pasos agigantados, defendiendo la solución política negociada al conflicto armado, que esperamos pronto nos dé la buena noticia de un cese bilateral del fuego, como preámbulo para la firma de los acuerdos de paz. Y cuando llegue la paz a Colombia, aquí, en la capital de la República, que es donde sucede todo lo que se irradia a todo el país, tiene que existir un gobierno comprometido con la definición real de paz, que no es otro, que un gobierno de convergencia democrática de izquierda comprometido con lo social.

Es que el nombre de la paz es la justicia, el nombre de la paz es la salud, la educación, las oportunidades, el nombre de la paz es la transformación de nuestras costumbres, para que podamos generar cultura de convivencia, para que aprendamos a vivir todos con nuestras diferencias, respetándonos mutuamente y colaborando para la construcción de una sociedad próspera e incluyente, donde como dice nuestro Himno Nacional en una estrofa que poco se canta, pero que tiene gran contenido: “Cuando el sol alumbra a todos, justicia es libertad”, eso es lo que estamos construyendo, una convergencia democrática para garantizar la justicia, la paz y la reconciliación entre los colombianos y las colombianas.

Pues bien, esta noche, en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, se amplía esa convergencia, esa convergencia que se está preparando desde Bogotá, para que en el 2018 elijamos presidente de la República. No es una alianza pasajera. Yo los convoco a que nos empecemos a unir, a tejer nuestras coincidencias, a atraer a todo ese pueblo irredento. Llegó la hora, llegó el momento, recuperemos la esperanza, conquistemos la Alcaldía de Bogotá y preparémonos para gobernar a Colombia.

Texto del discurso pronunciado por la presidenta del Polo Democrático Alternativo, Clara López Obregón durante el acto de inscripción de su candidatura a la Alcaldía de Bogotá, el pasado 23 de julio de 2015.

Tomo la palabra con tres toques del bastón de mando que me han entregado las comunidades milenarias de nuestra ciudad. Hoy, 23 de julio de 2015, me inscribo como candidata a la Alcaldía porque creo en Bogotá. Me inscribo acompañada de personas provenientes de los más diversos sectores ciudadanos: “flor de razas, compendio y corona” como reza nuestro himno.

Y me inscribo más convencida que nunca de la idea principal que me ha llevado a hacerlo:

Bogotá no puede volver atrás.

Durante la última década Bogotá ha demostrado que es posible hacer compatible el crecimiento económico y la justicia social, el progreso y la inclusión.

Ha reducido la tasa de desempleo en 10 puntos; la de pobreza en más de 20 puntos; la de homicidio en 7 puntos… Ha crecido un promedio anual del 4,6% y ha multiplicado por dos las empresas con capital extranjero, hasta ser la cuarta parte del PIB del país.

Bogotá, en definitiva, ha demostrado que todas y todos estamos llamados a participar en el desarrollo. Y que solo así es posible generar riqueza y políticas que garanticen los derechos. Todos los derechos.

Por eso, porque Bogotá ha sido esta última década una isla social en medio del mar neoliberal que ha empobrecido al mundo, no solo somos un ejemplo de inclusión social, sino también de éxito económico y hemos resistido mejor que otros lugares del país los embates de la crisis.

Pero Bogotá está en una etapa difícil, y es en estos momentos que tenemos que dar lo mejor de cada uno, para luchar por nuestra ciudad y por nosotros mismos. Como ciudadana siento una responsabilidad y obligación de ser parte de este esfuerzo, y como Alcaldesa tengo la certeza de que puedo ayudar a encontrar ese camino deseado.

Debemos corregir los errores; mitigar las injusticias; solventar las insuficiencias. Bogotá ha tenido un proceso de modernización muy fructífero que debe ser consolidado, desarrollado y proyectado hacia el futuro.

Vivimos una época de cambios intensos que nos obliga a afrontar retos muy complejos: la generación de empleo estable; la inclusión con equidad en la sociedad del conocimiento; el desarrollo de la economía colaborativa; la articulación con la región; la protección de nuestro patrimonio público y ambiental…

Pero sobre todo, y como reto principal de esta generación: la paz y la unidad. Deténganse un momento a pensar en estas dos palabras; paz y unidad. No tanto a pensar qué significan o lo bonito que suenan… Les pido que se detengan a pensar qué nos reclaman; qué exigen de nosotros como individuos, como ciudad, como pueblo.

Porque la paz no es solo una cuestión del Gobierno nacional y de la guerrilla allá en La Habana. No. La paz es una cuestión de todos y cada uno de los colombianos y las colombianas; de sus ciudades; de sus veredas y de sus departamentos, porque es a todos ellos a quienes la paz exige cambios.

Y por eso todos nosotros debemos pararnos a pensar en esos cambios; en las acciones que nos reclama el tiempo que estamos viviendo. Solo después de hacerlo podemos realmente decir “yo me comprometo con la paz y con la unidad de Colombia”.

Eso es precisamente lo que llevamos haciendo durante meses en la candidatura que hoy hemos inscrito: Pensar los cambios que demanda el reto de la paz y la unidad. Y proponer las acciones que permitirán a la Capital de la República ser el modelo de las transformaciones sociales, económicas y democráticas que la consolidación de la paz exige. Y esas transformaciones están recogidas en el programa de gobierno que acabamos de inscribir y que ejecutaré a cabalidad durante mi gobierno.

De ahí el llamado a la unidad que he venido realizando y que quiero reiterar aquí. Para retomar el camino en Bogotá es necesario que todos y todas encontremos una conversación común, un terreno compartido. Debemos aportar cada cual nuestro grano de arena para superar la polarización, la estigmatización y el pesimismo. Llegó la hora de unirnos con un propósito común o de hundirnos dispersos en propósitos mezquinos.

Cuando dentro de unos años nuestras hijas o nuestros nietos nos pregunten: oiga ¿y usted qué hizo en el tiempo de transformaciones que le tocó vivir? Todos nosotros podremos decir: yo estuve por allá en Corferías un 23 de julio, apoyando la inscripción de un Plan de Gobierno comprometido con el progreso; con la modernización de Bogotá y con la autonomía de las personas.

Un Plan de Gobierno consciente de que la paz y la unidad exigen la construcción de una sociedad incluyente con oportunidades reales de empleo, de educación, de ocio; con seguridad efectiva para todos y todas.

Una candidatura y un programa de gobierno plenamente conscientes de que la democracia y la educación para la democracia, son la mejor garantía para la paz, como nos enseñó el maestro Carlos Gaviria que también hoy, como tantas veces antes, nos sigue acompañando con su enseñanza y su ejemplo.

Podremos decir, en definitiva: yo estuve en la inscripción de una candidatura y de un plan de gobierno que ofrece la mano a todos y todas y que mira directamente a los ojos del futuro. Porque no hay un segundo que perder. Porque Bogotá ya está en marcha hacia el progreso y no puede permitirse ningún freno. Porque BOGOTÁ NO PUEDE VOLVER ATRÁS.

Conozco íntimamente Bogotá y sé que podemos aprender de los errores del pasado, podemos construir sobre los aciertos y podemos gobernar con una visión de futuro. Los meses que fui Alcaldesa me dejaron esa lección. Asumí las riendas de la Alcaldía en uno de sus peores momentos. Prometí transparencia, eficiencia y una comunicación honesta y abierta. Cumplí y Bogotá respondió. Ahora, con cuatro años por delante, lo vamos a volver a lograr con creces.

En un encuentro iberoamericano de ciudades realizado en Lisboa hace cinco años expresé lo que muchos bogotanos y bogotanas reconocemos como una de las principales fortalezas de Bogotá. Con pocas excepciones, desde hace muchos años hemos aprendido a construir sobre lo construido. La emblemática ciclovía dominical se ideó en el gobierno Luis Prieto Ocampo a mediados de los setenta, la institucionalizó ese gran demócrata y forjador de paz Augusto Ramírez Ocampo y hoy es imitada en el mundo entero. La estructura fiscal para las finanzas sanas corresponde a la arquitectura de Jaime Castro y a la modernización de la hacienda a cargo de Juan Ricardo Ortega en la administración de Samuel Moreno cuando el Distrito ingresó a las ligas de la competitividad y de la capacidad financiar grandes emprendimientos con la calificación triple AAA y grado de inversión en sus finanzas (2011) que también comparten sus grandes empresas de servicios públicos.

A Antanas Mockus lo recordamos por el aporte de la cultura ciudadana que, sin embargo hoy debe avanzar para convertirse en cultura democrática. Y a nadie le cabe duda del gran aporte a la movilidad que significó Transmilenio en la administración de Peñaloza. Aunque somos muchos los que pensamos que la oportunidad perdida de un metro para Bogotá fue un coste mayor. Mayor incluso que el de las losas que aún hoy seguimos teniendo que reparar.

A los gobiernos del Polo debemos el viraje social y democrático: la atención primaria en salud a su hogar, la educación gratuita hasta el grado once y el refrigerio escolar que permitió que el casi millón de alumnos de los colegios públicos distritales aumentara una talla completa según estudio de la Universidad de Harvard y que pasáramos de una brecha en calidad de 40 puntos a una de apenas 7 frente a los colegios privados medida por las pruebas de Estado. A Petro, sin lugar a dudas, la concientización de la ciudad sobre la necesaria adaptación al cambio climático.

Respecto a mí: ustedes me conocen. Yo soy Clara, así, transparente. Los siete meses que fui Alcaldesa devolví a esta ciudad la confianza que había perdido. Lo hice imprimiendo un nuevo estilo de gobierno: el Gobierno del diálogo, de la concertación, de la igual consideración a todos y todas, del respeto por el otro y de los acuerdos. Moderación y prudencia en el lenguaje y la acción, escucha abierta a los intereses afectados y firmeza en las decisiones construidas sin atropellar a nadie.

Eso es lo que me propongo hacer de nuevo: construir sobre los aciertos de las anteriores administraciones, sin importar su color político ni su ideología. Vamos a nombrar los mejores profesionales y gerentes en cada Secretaría sin barreras de partido, ni de clase social, ni de origen étnico o color político. El gabinete reflejara cual espejo la formidable variedad de quienes componen la ciudad. La mitad de los cargos directivos serán para mujeres. Vamos a recuperar el civismo que alguna vez ejercimos, vamos a demostrar que somos capaces de metas y propósitos comunes de largo aliento. Para lograrlo, voy a gobernar rigiéndome bajo tres pilares fundamentales: la libertad, la oportunidad y la felicidad.

La libertad. Sin libertad no hay vida. La libertad es la expresión de los deseos y las diferencias. Es proteger los derechos de los ciudadanos y fomentar su participación activa en la construcción de una ciudad diferente. Vamos a aumentar la participación de las mujeres en las decisiones políticas de la ciudad. La Secretaría y el Consejo Distrital de la Mujer se fortalecerán con presupuesto propio y con incidencia política en cada una de las secretarías de la Administración. No habrá más discriminación contra los grupos minoritarios. La lucha contra el racismo será una prioridad. Se profundizarán las políticas públicas de reconocimiento de las identidades sexuales, de las víctimas de la violencia, de la población con discapacidad y de las comunidades étnicas. Los animales y la naturaleza tendrán carta de ciudadanía. Y vamos a atacar al crimen desde sus orígenes. Nadie nace delincuente, entonces combatiremos el crimen de forma democrática fortaleciendo medidas policivas y a la vez creando programas de cultura, empleo y oportunidades para los jóvenes. Tenemos la obligación de arrancarle la base social a la criminalidad.

La oportunidad. Sin oportunidad no hay libertad. La oportunidad permite que la ciudadanía realice sus sueños. Es el motor para el desarrollo de la ciudad y una tarea fundamental de cualquier administración. La generación de oportunidades es la que permite una vida plena. Se creará un banco de empleo público-privado para incluir a los ciudadanos en la construcción de la infraestructura de la ciudad. Un banco de oportunidades entre el Distrito y la empresa privada que ofrezca empleos formales en condiciones dignas para tantos de nuestros ciudadanos que lo necesitan. Ampliaremos la cobertura educativa para acabar con la deserción estudiantil, nuestros jóvenes y nuestras familias necesitadas no necesitan cargar con el peso de cubrir los costos de alimentación, uniformes, de útiles y de transporte.

Junto con la empresa privada y la Universidad Distrital crearemos un programa de emprendimiento en cada localidad fortaleciendo a nuestros futuros pequeños empresarios. Quitaremos las trabas económicas, fiscales, y urbanas para fomentar la creación de empresa dándole vía libre al emprendimiento. Los jóvenes de las clases populares podrán estudiar medicina en la Universidad Distrital. Abrigamos el sueño de poder hacerlo, junto con los estudiantes de La Universidad Nacional en el San Juan Dios que fuera el hospital universitario de excelencia. Y haremos de la ciencia y la tecnología una prioridad para crear una ciudadanía visionaria, una ciudadanía que mira hacia futuro, una ciudad del conocimiento al servicio de la calidad de vida de sus ciudadanos.

La felicidad. Sin felicidad no hay oportunidad. La felicidad permite que la oportunidad y la libertad se den en condiciones dignas del ser humano. Crea comunidades solidarias y permite una relación de apoyo y corresponsabilidad donde toda la ciudad progresa. Genera un ambiente de confianza y satisfacción que permite el desarrollo de sentimientos y propósitos comunes. Vamos a aprovechar y reutilizar nuestros recursos para generar ejemplos prácticos y útiles para la ciudadanía. Las llantas desechadas que invaden las aceras y esquinas de la ciudad se convertirán en viviendas, muros de contención y terrazas que transformarán nuestros barrios. Concretaremos los grandes proyectos de movilidad para acabar con el martirio diario de los bogotanos. Un sistema de transporte realmente integrado tanto en visión como en su funcionamiento, desde el metro al Transmilenio, al metrocable, a los buses azules y la malla vial local. Sanearemos el sistema de salud de la ciudad. Los hospitales públicos recuerarán solvencia financiera, no tendrán que cerrar secciones, ni servicios, y sus trabajadores serán dignificados. Realizaremos un proceso de mejoramiento y renovación de los barrios bogotanos sin desplazar a sus habitantes tradicionales. Los Cerros Orientales y los humedales serán protegidos y potenciados. Al barrio llegarán la cultura y las políticas ambientales. El ciudadano será consciente de sus activos ambientales y se convertirá en su mayor defensor.

Libertad, oportunidad y felicidad. Voy a gobernar con estos tres pilares como guía y con un objetivo preciso: construir entre todos y todas, una BOGOTÁ PARA VIVIRLA, un espacio en el que la libre elección de las oportunidades haga ciudadanos conscientes, felices y orgullosos del espacio que habitan. Los invito a ser parte de este nuevo comienzo.

Inscribir una candidatura y un programa es uno de los actos políticos más importantes. Damos a conocer a la ciudad aquello en lo que llevamos meses trabajando y toda una vida elaborando. Es como coronar un repecho de uno de esos puertos durísimos que Nairo Quintana está subiendo en Los Alpes. Uno mira hacia abajo y ve todo el camino recorrido; pero apenas tiene tiempo de felicitarse, porque mira hacia arriba y aprecia todo lo que le queda aún por recorrer para llegar a la meta.

Es este el momento en que, al poner a disposición de Bogotá nuestras propuestas, todos los integrantes de la candidatura nos reafirmamos en nuestro compromiso, tomamos aire y seguimos dando pedales.

Quiero dar las gracias de todo corazón a todas las personas que han puesto en común su trabajo, su conocimiento, su ilusión y su compromiso para sacar adelante este proyecto. Los veo trabajar cada día con una generosidad infinita y no me cabe duda de que ellos y ellas encarnan los valores de esa Bogotá que hoy les invito a construir.

Ellos y ellas son las personas que me rodean. Nuestra sede está abierta: vayan y véanlos trabajar; pregúnteles; conózcanlos.

Otra vez les digo: ustedes me conocen. Yo soy Clara, así, transparente. Hace cuatro años pude devolver a esta ciudad la confianza que había perdido. Lo hice con esfuerzo, con tesón, con humildad, escuchando a todos los que se acercaron a hablar conmigo; pero también con firmeza, con honradez y con dignidad. Acepté el reto de trabajar día y noche por mi ciudad y ustedes conocen los resultados.

Hoy les pido su apoyo para hacerlo de nuevo.

Muchas Gracias.

Palabras de aceptación de Clara López
Mayo 30 de 2015

Acabamos de celebrar el IV Congreso del Polo Democrático Alternativo. Con justa satisfacción los delegados y delegadas de esta Coordinadora Distrital podemos dar parte del deber cumplido. Hasta la víspera de ese certamen partidario, muchos medios de comunicación y un número no despreciable de sus columnistas y comentaristas vaticinaban que el Polo se dividiría, truncando así el proceso de recuperación y renovado auge de los últimos años. Hoy tenemos que decir con alegría, entusiasmo y satisfacción que los agoreros de siempre se quedaron nuevamente con los crespos hechos. Nuestro Congreso fue un éxito total y así lo reconocen propios y extraños. Incluso el editorialista del diario El Espectador llegó a afirmar que “lo que ha sucedido en el PDA este año —con una muy alta participación para la elección de los delegados a este Congreso y, ahora, con la apertura a los debates políticos e ideológicos con la meta puesta en el fortalecimiento institucional antes que en tratar de imponer voluntades— representa un ejemplo —y una envidia, hay que decirlo— para el camino que recorren hoy los centenarios partidos tradicionales.” Sin lugar a dudas, hoy podemos decir que el Polo Democrático es el partido más democrático que tiene Colombia.

Fíjense ustedes que en jornadas extensas con polémica interna vibrante fuimos capaces de elegir 766 delegados y delegadas, escogidos entre más de 5.000 candidatos, obteniendo 420 mil votos en unas elecciones prácticamente clandestinas debido a la falta de publicidad e información de su celebración por parte de la autoridad electoral. Esos 766 delegados y delegadas deliberaron largas horas para acordar las directrices del partido para esta coyuntura, logrando centrar la atención sobre nuestras enormes coincidencias al punto de que fue primero de los cuatro congresos realizados en que las decisiones centrales y la elección de Presidenta, Secretario General, Comité Ejecutivo Nacional, Comisión de Ética y Veeduría del partido fueron votadas por unanimidad. Hoy podemos todos corear con orgullo, el Polo está unido y preparado para gobernar.

Unidos y preparados para gobernar

Nuestro evento no se ocupó solamente de elaborar directrices, sino que puso mucho énfasis en la necesidad de conquistar Alcaldía Mayor de Bogotá para convertirla en herramienta y vitrina del cambio que necesita nuestro país. Por eso esta reunión y esta decisión que acaba de tomar la Coordinadora Distrital forma parte de la aplicación de las conclusiones de nuestro IV Congreso pues las orientaciones que no transformamos en acción se convierten en letra muerta que traiciona el mandato de las urnas. De ahí que también desde ahora asumamos la responsabilidad de manera colectiva de pasar de la teoría a la práctica de la política de alianzas que diseñamos para “buscar acuerdos con sectores sociales y políticos afines alrededor de puntos programáticos orientados a defender lo público, el ambiente, el agua y el territorio y a garantizar los derechos a la salud, la educación, la alimentación y el trabajo digno, la producción nacional, la seguridad social y ciudadana y la construcción de paz y reconciliación,” como reza la resolución aprobada.

Compañeras y compañeros: Quiero exhortarlos a dedicar el mejor de nuestros esfuerzos durante el tiempo que nos queda hasta el 25 de octubre a la tarea sagrada que no solo interesa al partido y nuestros aliados en la política sino al pueblo colombiano en su conjunto: La gran tarea de conquistar el gobierno de la ciudad para golpear la pretensiones privatistas que se ciernen y amenazan a nuestra ciudad y al continuado ascenso de sus gentes hacia la clase media. Queremos ganar la Alcaldía de Bogotá no como un objetivo de carácter personal o de grupo sino como una herramienta capaz de profundizar los cambios sociales y políticos. Queremos convertir a Bogotá en el centro viviente de la democracia y la construcción de paz y reconciliación. Vamos a profundizar la inversión social. Vamos a encarar con todas las dificultades que sabemos que existen, el tema del transporte, dándole un fuerte impulso a la construcción del Metro y al arreglo de las vías para facilitar el flujo vehicular. Vamos a ponerle especial atención a un tema que preocupa a todos los que viven el Bogotá, la seguridad. Vamos a coordinar en forma eficaz la colaboración de las autoridades policiales con la ciudadanía porque el problema de la seguridad no es solo asunto de la policía sino de todos los ciudadanos y desde luego de políticas públicas inteligentes e integrales. Y vamos, compañeras y compañeros, a defender lo público, las empresas de servicios públicos, los hospitales, los colegios, todo el patrimonio social sobre el que tienen puestos sus ojos nuestros contendores en esta faena electoral.

No permitiremos la privatización de un solo servicio, infraestructura o empresa de propiedad del Distrito. Enterramos la privatización de la ETB con el apoyo del Concejo de Bogotá en 2011 y en esta nueva administración fortaleceremos y haremos eficientes todos los emprendimientos distritales. Esa no tan santa alianza de todos contra la izquierda, de todos contra Clara que los candidatos de las élites buscan consolidar tiene en sus planes, aunque no lo diga, privatizar desde colegios y hospitales hasta nuestra Empresa de Acueduto y Alcantarillado de Bogotá y desmantelar las bases públicas del modelo de inclusión social progresiva en marcha. Bogotá ha sido una isla social en un proceloso mar neoliberal. El cambio con ellos no sería para avanzar sino para retroceder en democracia, convivencia e inclusión social.

Sobre todo esto ya tenemos todos mucha experiencia acumulada que sirve de sustento buscar mayores estadios de logro en todas las áreas, con el criterio de construir sobre lo construido, corrigiendo los errores y las omisiones, pero proyectando los aciertos y aplicando la creatividad para la generación de soluciones a viejos y nuevos problemas. Para ello, quiero invitar a los presentes, delegados, dirigentes y activistas del Polo, a nuestros amigos y amigas de la legitimidad liberal a quienes el Consejo de Estado viene de reconocerles la razón al ordenar la restitución de los estatutos arbitrariamente derogados; a los compañeros y compañeras de la UP con quienes hicimos una extraordinaria campaña presidencial, a los progresistas y a las demás organizaciones políticas y sociales alternativas a que se unan a la construcción colectiva de nuestro programa para ir tejiendo la alianza programática que nos llevará a la victoria en octubre.

Tenemos una posición Clara

Sobre las bases programáticas, valga la redundancia decirlo, tenemos una posición muy Clara. Tenemos posiciones compartidas. Estamos en contra de la corrupción. Estamos en favor de disminuir la desigualdad social. Estamos a favor de políticas públicas de empleo decente. Defendemos lo público. Estamos por la salud como derecho fundamental. Estamos en favor de las oportunidades de los jóvenes. Estamos en contra del desorden y la falta de planeación de la ciudad. Tenemos las mejores propuestas y los mejores equipos humanos para afrontar estos y los demás problemas que mortifican a la gente y sobre los cuales quisiera hacer algunas consideraciones.

Los medios de comunicaciones vienen ambientando un sentimiento colectivo catastrófico de la ciudad en materia de seguridad y movilidad. Nuestra respuesta es NO a la visión apocalíptica sobre Bogotá. Desprestigia la ciudad, reduce la autoestima ciudadana y la hace perder competitividad frente al mundo. La fuente viene de las encuestas de percepción de Bogotá Como Vamos, una alianza de la Casa Editorial El Tiempo, la Cámara de Comercio y la Fundación Corona que reflejan una profunda insatisfacción ciudadana sobre estos temas. Lo que pasa es que la misma encuesta nos muestra que en esta materia, todo tiempo pasado fue peor y no mejor. Durante el gobierno de Enrique Peñaloza, la percepción de inseguridad que hoy asciende al 43% llegaba al 58% y el índice de victimización a 41%, cuando hoy se ubica en 38%. La estadística de homicidios de Medicina Legal así lo constata: en el año 2000 se producían 32 homicidios por cada 100 mil habitantes y hoy 17, casi la mitad. Falta un largo camino por recorrer, pero quienes se rasgan las vestiduras tienen peores resultados porque su fórmula inefectiva es siempre la misma: duros con débiles y débiles con los duros.

Seguridad integral e inteligente

Para afrontar integralmente la inseguridad proponemos un Pacto ciudadano por la paz, la democracia, la seguridad y justicia social basada en un compendio de políticas para afrontar la inseguridad desde todas las perspectivas: inseguridad por miedo a sufrir daño físico, por acción de la delincuencia pero también de la naturaleza; la inseguridad de no saber si mañana se tendrá el trabajo de hoy, por la precarización laboral que ha traído el modelo económico neoliberal importado en boga que inició con la eliminación casi generalizada del contrato de trabajo indefinido. Hoy se puede alguien sentir afortunado por tener un contrato a tres meses cuando los hay por apenas unos días.

La inseguridad se combate entonces desde muchos frentes: La represión del delito mediante la desarticulación de las grandes bandas delincuenciales dedicadas a verdaderas empresas de delito con el lema que acreditamos en el Gobierno de la Ciudad: Mano fuerte con delito y mano tendida e inteligente con la conflictividad y la problemática social.

La prevención para garantizar que en Bogotá no suceda un Salgar, por la imprevisión de la autoridad que debe velar por las alertas tempranas de deslizamientos, inundaciones y preparación para afrontar casos como los terremotos que pueden sobrevenir en cualquier momento. En Bogotá estamos en lo que se denomina “silencio sísmico,” es decir, que por promedio histórico, la falla geológica que nos afecta está demorada en manifestarse. Desde el Gobierno de la Ciudad iniciamos el alistamiento de Bogotá con los simulacros y la cualificación del personal de emergencias que nos mereció en su momento premios nacionales e internacionales. Esa capacidad de respuesta debe seguir su proceso ascendente para salvar vidas a través de la prevención y adecuada respuesta a las calamidades.

Ambicioso programa de inclusión juvenil

Pero hay otra perspectiva de la inseguridad en la que nuestros jóvenes aparecen como protagonistas por la falta de oportunidades y respuestas del mercado laboral y de la política pública de la ciudad. La generación de los Ni-ni, jóvenes que ni estudian ni trabajan que en Bogotá pasan de 370 mil, requieren una política pública de inclusión que será un eje central de nuestro gobierno a partir del próximo 1º de enero: Inclusión social, inclusión laboral, inclusión educativa, deportiva, recreativa y cultural.

En Bogotá vamos a regresar a la idea de la política pública de desarrollo económico orientada a la generación de empleo y trabajo con la participación del sector privado, la academia y las distintas agencias gubernamentales para garantizar la inclusión laboral de los jóvenes y también de los adultos considerados viejos a los 30 y 40 años que no encuentran oportunidades en el mercado laboral. Con programas de crédito accesible y oportunidades de capitalización mediante la adquisición de locales comerciales y fomentar empresa vamos a desatar la capacidad empresarial de vendedores informales, jóvenes emprendedores y mujeres cabeza de familia.

Transporte público digno y accesible

En materia de Transporte, me declaro partidaria de la construcción del Metro acordada entre el gobierno nacional y distrital presentada por estos días en El Consejo de Ministros. Esa solución no da espera y por ahí anda el enemigo de esta solución tantas veces aplazada proponiendo nuevos estudios disque para hacer un metro elevado que contamine, desvalorice y niegue a los bogotanos la solución estructurante de un sistema integrado de transporte público eficiente y digno a precios accesibles. Como alcaldesa designada logré el acuerdo con el Banco Mundial y el Gobierno Nacional que dio libre a la firma contrato de ingeniería de detalle el cual dejé listo para ser ejecutado y acordé dos avances sociales en materia tarifaria, la tarifa diferencial para los adultos mayores y la población con discapacidad que en el próximo gobierno extenderemos a los estudiantes matriculados en centros de educación superior.

Al señor Francisco Santos le pareció un exabrupto esta propuesta cuando la planteé en un foro en que se discutía el problema de los colados en Transmilenio. Claro que para ellos lo social no es un factor relevante, solo la represión. Para nosotros la tarifa estudiantil es una expresión más de una política general que asume la problemática social para resolverla integralmente: Disciplina y cultura ciudadana, claro que sí. Pero atención al bolsillo de los estudiantes es una respuesta democrática a la prestación de los servicios públicos de la ciudad, como lo fue el mínimo vital gratuito de agua potable a los sectores más vulnerables que se estableció en mi Alcaldía.

Qué ningún niño o niña crezca en pobreza

En la parte introductoria al programa de gobierno en la campaña presidencial afirmaba: “Como Gobierno Alternativo, nos proponemos crear las condiciones culturales, materiales, sociales y políticas para construir una sociedad incluyente, solidaria y equitativa en la que ningún niño y ninguna niña crezcan en la pobreza, ninguna persona en condición de discapacidad carezca de la atención debida y en la cual todas las personas vivan de forma independiente, con paz, dignidad y seguridad social. Es decir, una Patria para todos y todas las colombianas.” Lo decía como expresión de la labor emprendida en Bogotá que debe profundizarse hasta lograr esa meta que es alcanzable. Hace unos días, los concejales de Bogotá me contaron cómo el Director de Planeación Nacional, Simón Gaviria, en la presentación que hizo del Plan Nacional de Desarrollo frente al cual nuestro Congreso se pronunció con fuerte crítica por ir en contravía del proceso de paz y de las necesidades del pueblo colombiano, afirmó que la reducción de la pobreza a nivel nacional se debía principalmente a los logros de Bogotá. Y bien que lo reconozca. Según los datos del DANE, la pobreza en Bogotá se ha reducido drásticamente a partir de la llegada de los gobiernos sociales a Bogotá.

En el año 2003, se realizó la primera encuesta para medir la pobreza multidimensional en Bogotá con lo cual se estableció una línea de base para medir los resultados de la política social de los gobiernos de Bogotá. En ese año, según esta medición que contempla cinco aspectos de la calidad de vida: educación, salud, condiciones de la vivienda y los servicios públicos, trabajo y condiciones de la niñez y la juventud, el 29% hogares en Bogotá vivían en la pobreza.

Para el año 2007, después del primer gobierno en que se inició el viraje en el modelo de ciudad hacia la inclusión e inversión social, la pobreza multidimensional se había reducido al 21,8% de los hogares y después de dos periodos en 2011 al 12,8%, para una disminución de 16,2 puntos porcentuales en ocho años. Es decir, tuvimos una reducción de 259.416 hogares pobres mientras ingresaban a la ciudad más 550 mil personas en condición de desplazamiento forzado, una población equivalente a la ciudad de Bucaramanga. Sin lugar a duda, las nuevas cifras que están por salir deben registrar nuevos avances en estos cuatro últimos años. El grueso de la reducción se puede atribuir a lo que podemos denominar el salario social, es decir, el impacto en los hogares de las políticas de materialización de los derechos sociales a la salud, a la educación, a los servicios públicos domiciliarios, a la alimentación básica y al cuidado de la niñez.

¡Que ningún niño o niña crezca en pobreza es nuestra meta!

Educación para la paz, la democracia y la inclusión social

En materia de educación, por ejemplo, en 2010 se llegó a gratuidad total hasta el grado 11 en el sistema educativo público del Distrito que atiende a 948 mil estudiantes. Y cuando hablamos de gratuidad no nos limitamos a matrícula cero. En Bogotá la política pública con enfoque de derechos contempla también salud al colegio, útiles escolares, transporte cuando el colegio está distanciado del hogar y un ambicioso programa de alimentación escolar que según un estudio de la Universidad de Harvard, logró el aumento de una talla completa en promedio, de todos los niños y niñas del sistema escolar público. Desde 2004, se han construido 60 megacolegios y se han reconstruido 148 y reforzado antisísmicamente los que lo requerían. En materia de calidad pasamos del 17% en al 70% en los niveles superior y más de los exámenes de Estado, con una tendencia convergente frente a los colegios privados al reducirse la diferencia entre unos y otros de 40 puntos en 2003 a 8,7 en 2014.

El reto es seguir avanzando. La educación pública, como el agua, debe llegar de la misma calidad a todos los hogares. Estamos atrasados en un tema central que ha sido exigencia del magisterio. La educación preescolar, que debe ser implementada progresivamente en Bogotá, resolviendo el cruce de responsabilidades entre Integración Social y Educación. Esa es nuestra meta y ampliar al máximo el acceso a la educación superior. El programa “Ser Pilo Paga” fue inicialmente ideado en Bogotá, mediante un acuerdo que debemos reconocerle autoría a nuestra bancada de concejales bajo cuya vigencia ya han cursado estudios de educación superior más de 30, 000 jóvenes de los estratos populares. En 2011 dejamos financiada la ampliación de la Universidad Distrital en Bosa. Hoy reitero el compromiso hecho hace un tiempo en Kennedy de abrir la facultad de Ciencias de la Salud, con las carreras de medicina, enfermería, bacteriología, y demás, con el mejor hospital universitario posible, la red pública hospitalaria de Bogotá con sus 22 hospitales y más de 300 puntos de atención, incluido el San Juan de Dios, que vamos a fortalecer y garantizar que no corra el destino de privatización que la Santa Alianza Neoliberal le tiene preparada.

Salud como derecho

El Gobierno de la Ciudad va a garantizar el saneamiento financiero de todos sus hospitales mediante sistemas gerenciales y garantizar la continuidad del servicio y la ampliación del programa de atención primaria en salud que inició como salud a su Hogar y que hoy se denomina Territorios saludables. Desde aquí me comprometo a reabrir las UPAS cerradas por el incumplimiento de los pagos de las EPS que adeudan crecientes y millonarias sumas a nuestros hospitales. Pero no es cerrando los servicios a los habitantes de Santa Rosa de Lima y otros barrios de Bogotá como se solventa el problema. A abrir las instalaciones cerradas, entre ellas los comedores comunitarios que son una necesidad urgente en toda la ciudad. Anunciemos la buena nueva: los comedores regresan, fortalecidos y en mayor número y cobertura hacia los adultos mayores y las personas con discapacidad para quienes debemos fortalecer la atención integral y el cuidado.

Trabajo y empleo: cuarta generación de la política de inclusión social

Con todo, las cifras muestran que donde menos hemos avanzado ha sido en la dimensión de trabajo que continúa siendo deficiente por el excesivo grado de informalidad y de bajos salarios. Es aquí donde vamos a concentrar los esfuerzos del próximo gobierno. Podríamos denominar el empleo y el trabajo como la cuarta generación de la inclusión social en Bogotá. Es necesaria una concertación con todos los sectores, los empresarios, los trabajadores, las universidades, las organizaciones sociales y comunitarias, las redes de mujeres, para convertir a Bogotá en una ciudad productiva, capaz de asumir los grandes retos de llevar a la fuerza laboral a estadios de empleo y trabajo decente, productivo y de alto valor agregado. Para el 2032, si empezamos desde ya, Bogotá puede convertirse, a partir del acumulado en innovación, ciencia y tecnología que hoy tenemos con el anillo de innovación de la Universidad Nacional y su parque industrial, Innovo, la Feria Internacional, el laboratorio de tejidos de la Secretaría de salud, entre otras iniciativas, en una ciudad del conocimiento donde el nuevo conocimiento y la actividad económica que genera esté al servicio de la calidad de vida de sus habitantes.

Construcción de paz

En materia de construcción de paz y reconciliación, el Polo Democrático en sus recientes elecciones internas evidencio está preparado para enfrentar los cuatro escenarios o fases que se vislumbran en este momento en el proceso de paz: asistir a la etapa más difícil de la negociación; asumir la coyuntura del cese bilateral y definitivo del conflicto armado; ser partícipe de la refrendación de los acuerdos, e implementar el posacuerdo y la consolidación de la paz.

En relación con el primer escenario —asistir a la etapa más difícil—, el POLO insistirá en el cese bilateral del fuego y apertura de negocia con formal con el ELN.

Como bien lo afirma Vicenç Fisas, Director de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona: “El cese bilateral no es un error táctico, sino un acierto político. Ambas partes podrán vigilarse, pero sin enfrentarse. Evitar muertos, de parte y parte, es fundamental para generar confianza.

Nuestra propuesta, al asumir la Alcaldía de Bogotá, está preparada para poner reemplazar la cultura de la guerra imperante por una cultura de paz que habilite a sociedad para reaccionar de manera positiva en la coyuntura del cese bilateral y definitivo, participar de manera decidida en la refrendación de los acuerdos y habilitar los recursos financieros para adoptar políticas públicas de reconciliación y atención integral a las víctimas del conflicto. Independientemente de la modalidad que se defina como mecanismo de refrendación de los acuerdos: consulta, referendo o constituyente, esta será la primera tarea operativa del posacuerdo que encabezará Bogotá, con el propósito de garantizar la sostenibilidad de la paz que es un compromiso de todos: trabajadores, jóvenes, mujeres y empresarios de todos los niveles.

Lucha en contra de la corrupción

Cómo lo hice cuando asumí como alcaldesa designada, hace cuatro años, cuando la alcaldía atravesaba tal vez la peor crisis política, ética y administrativa de la reciente historia, me propongo hacer lo que mejor hacemos las mujeres que nos estamos empoderando para llegar a los sitios donde se toman las decisiones: Poner la casa en orden, recuperar confianza y consolidar el modelo social de Bogotá.

Al lado de la corrupción, la ineficiencia e improvisación en el manejo de lo público generan el mayor desperdicio inexcusable de dineros públicos destinados a satisfacer las necesidades sociales. Estableceremos una frontal lucha contra la corrupción, la ineficiencia y la falta de planeación. Para ello me propongo organizar un Bloque de Búsqueda integrado por personas de intachable conducta y excelsas condiciones éticas y profesionales para detectar, prevenir y denunciar las conductas reprochables que atenten contra el erario público y la confianza ciudadana. La totalidad del sistema de control interno, cuyos jefes deben ser escogidos por concurso por periodos de cuatro años para garantizar su independencia, estará a su servicio para que tenga ojos, facultades de investigación y sanción.

Vamos a gobernar con los y las mejores. Nuestro gabinete, incluidas las alcaldías locales será el espejo de la ciudad: la mitad serán mujeres. Los jóvenes, indígenas, afrodescendientes, población con discapacidad, las personas LGBTI, en fin, nuestro arco iris de diversidad creadora estará representado. Mostraremos una vez más como lo hicimos en el último semestre de 2011 que con los equipos del Polo, con los equipos de nuestros aliados, con nuestro programa compartido y el concurso de todos quienes quieran construir una Bogotá mejor, no solamente sabemos gobernar, sino que sabemos gobernar bien.

A trabajar por la unidad y la acción de todos los que soñamos por la paz y el cambio social. Unidad de todos los ciudadanos para conquistar un futuro mejor.

Aprovecho para convocar a las mujeres y a los jóvenes. Fueron factor esencial en los dos millones de votos de la campaña presidencial. En Bogotá serán el factor crucial de la victoria.

¡Arriba la esperanza que el futuro nos pertenece!

 

Palabras de la Presidenta del PDA
Clara López Obregón
Acto de instalación del IV Congreso Nacional
Salón Rojo del Hotel Tequendama
15 de mayo de 2015

Durante el corto espacio de tiempo transcurrido entre el III Congreso Nacional del Polo Democrático y el que hoy instalamos, escasos dos años y medio, hemos visto la consolidación de fenómenos políticos y sociales que abren perspectivas positivas para el cambio alternativo, tanto en lo internacional como en los nacional. El péndulo de las luchas por la igualdad social y la democracia ampliada parece estar de regreso y el mundo unipolar de la globalización neoliberal, de salida. Nuestro reto en la actualidad consiste en prepararnos para asumir con éxito la responsabilidad que como partido del cambio nos corresponde en la presente coyuntura.

La crisis de los países desarrollados, iniciada a partir de 2008 y que todavía perdura, tuvo su origen en una de las columnas vertebrales de la ideología neoliberal, la desregulación de los mercados y dejó al descubierto las contradicciones propias del fundamentalismo de mercado con que los gobiernos europeos y de los Estados Unidos desmontaron el Estado de bienestar después de la caída del Muro de Berlín. En efecto, confrontados los gobiernos de los países desarrollados con el inminente colapso de las entidades financieras que cabalgaron sobre la especulación que desató la desregulación financiera, escogieron el camino ya recorrido por Colombia y otros países del Tercer Mundo, consistente en gastar los presupuestos públicos en el rescate de las grandes corporaciones, al costo humano de millones de desempleados, la pérdida de sus ahorros acumulados y del desalojo de sus viviendas.

Igual conducta siguieron los gobiernos de corte neoliberal y los de corte socialdemócrata, generando una reacción popular que dio nacimiento a una especie de sublevación global con el advenimiento de Indignados en todas las latitudes acompañada de una creciente consciencia ciudadana de la injusticia reinante, que el modelo neoliberal agudiza por promover la creciente concentración de los beneficios del producto social en pocas manos y con saldo de sufrimiento extremo de parte de las clases sociales más vulnerables pero también de las clases medias acostumbradas ya a una estabilidad económica que ven esfumarse.

Ese ha sido el éxito del denso texto de Thomas Picketty, un impensable bestseller mundial de más de 800 páginas de extensión, de no ser porque describe el fenómeno sobresaliente de la contradicción insoluble del modelo económico neoliberal. La investigación histórica de la desigualdad manifestada en las tendencias de la distribución del ingreso en país tras país, le lleva a concluir que en aquella sociedades donde la acumulación del capital crece a tasas mayores que el producto social en su conjunto, se produce una concentración del ingreso y del capital tal, que se llega a una concentración tal del poder político que reemplaza la regla de oro de la democracia de una persona, un voto, por el de tantos millones de pesos, dólares o euros con capacidad decisoria por encima de los votos. Concentración de poder económico y concentración de poder político se refuerzan mutuamente hasta dar al traste con el principio democrático.

Esta incompatibilidad del modelo económico con un modelo de democracia real ya había sido diagnosticado y puesto a prueba por los electores de la mayoría de los países de América Latina, donde la década que siguió a las crisis económicas de los años 80 y 90, experimentó el cambió en el signo político en una docena de países que eligieron gobiernos progresistas, alternativos o de izquierda: Venezuela (1999, 2007, 2013), Brasil (2003, 2014), Argentina (2003, 2007, 2011), Panamá (2004), Uruguay (2004, 2010, 2014), Chile (2006, 2014), Bolivia (2006, 2010, 2014), Honduras (2006), Ecuador (2006, 2009, 2013), Nicaragua (2007), Paraguay (2008), El Salvador (2009, 2014). En Europa el triunfo de Siryza en Grecia y el auge de Podemos en España son muestra de que allí también se puede reproducir el fenómeno.

Colombia no figura en la lista de la ola de cambio en América Latina. Una de las explicaciones más plausibles de esta situación tiene que ver con la existencia de un conflicto armado interno que ha producido 7 millones de víctimas directas, la eliminación física de una generación casi completa de luchadores sociales, dirigentes de izquierda y personalidades democráticas, entre quienes se encuentran tres candidatos en la sola contienda presidencial de 1990: Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Luis Carlos Galán.

La ferocidad de las dictaduras del Cono Sur produjeron en su conjunto menos víctimas entre la izquierda democrática de sus países, que las que padeció Colombia bajo gobiernos civiles. La matriz de opinión que se ha generado en Colombia suele explicar, cuando no justificar, la violencia política por parte de paramilitares, narcotraficantes y sectores de la fuerza pública en la lucha antisubversiva, sin parar mientes en que miles de los caídos fueron civiles desarmados y no guerrilleros.

Durante esta misma etapa, Colombia experimentó una fuerte concentración de la tierra, del ingreso y de la propiedad accionaria que la coloca hoy como uno de los países más desiguales sobre la tierra. El conflicto armado, el modelo económico y la violencia política dirigida parecieran ser todos elementos de una muralla erigida para impedir el cambio del modelo económico y social imperante en Colombia. En la actualidad hay un evidente desgaste de los partidos políticos tradicionales y del Gobierno Nacional que encabeza el Presidente Juan Manuel Santos acompañado de un evidente deterioro de la situación económica nacional, con repercusión en las finanzas públicas y en el aparato productivo nacional. Al lado de la crisis económica que avanza, hay que señalar la crisis moral del Estado que se profundiza ejemplificada en el hecho gravísimo de la contaminación por corrupción en la más alta corte del país que se pretende soslayar con una nueva reforma constitucional, completando 36 en la vía de desmontar el Estado social y democrático de derecho y de recentralizar el poder público en manos del Ejecutivo.

De otra parte, durante el periodo entre nuestros dos últimos congresos, se ha consolidado, no sin dificultades, un proceso de negociación y diálogo entre el gobierno y la insurgencia que, de tener éxito, abriría las compuertas para ensanchar la democracia colombiana y despejar el camino a las reformas. Liquidar la guerra, construir la paz y la reconciliación nacional se inscribe en la lucha por desarrollar una verdadera democracia en medio de la cual se pueda forjar la más amplia unidad de los sectores democráticos para concretar los cambios que necesita Colombia. Cambios en el modelo de desarrollo, cambios en el régimen político y relevo de una clase gobernante que es la responsable directa del deterioro social y moral que vive la sociedad colombiana.

En las mesas de diálogo, las fuerzas del continuismo buscan lo que se ha denominado una paz negativa que se limite al desarme, la desmovilización y la reintegración a la vida civil de los insurgentes. Una paz sin reformas sería insostenible o por lo menos inestable. Por el camino de profundizar el modelo económico neoliberal, por el camino de sacarle el cuerpo a las reformas sociales, por el camino de acumular riquezas sin tener en cuenta las necesidades del pueblo colombiano, no será posible construir una democracia y una paz estable y duradera.

A ese modelo debemos oponer la paz positiva, que implica la culminación exitosa del proceso de negociación y la firma de acuerdos con las FARC; el inicio de las negociaciones y culminación exitosa del proceso y firma de acuerdos con el ELN; la refrendación popular de los acuerdos con la más amplia legitimidad posible; la implementación de los acuerdos con una perspectiva de desarrollo e integración de las regiones, prevalencia de los derechos, profundización y consolidación de la democracia y superación de la desigualdad.

Si bien es cierto que las clases gobernantes no la tienen fácil para imponer una paz negativa, también es cierto que el movimiento insurgente no podrá lograr esas transformaciones en la mesa de negociaciones. Esto quiere decir que solo con una participación activa a través de la movilización social y política será posible conquistar la paz y los cambios que siempre ha soñado el pueblo colombiano.

La tarea de las fuerzas comprometidas con el cambio, como es el caso del Polo Democrático Alternativo, es enorme. De eso se trata el IV Congreso Nacional del partido que nos congrega después de un proceso de elección popular de los 722 delegadas y delegados que hoy iniciamos nuestras deliberaciones. No hay duda alguna que el Polo ha recuperado la senda de crecimiento y desarrollo, después de dificultades que amenazaron con destruirlo. A comienzos del año pasado en la prensa se vaticinaba que el Polo no superaría el umbral necesario para elegir una bancada parlamentaria ni para presentar su candidatura presidencial. Hoy podemos responder con orgullo que salimos fortalecidos de ese reto y que hoy en la consulta del partido participaron dos y media veces más militantes y simpatizantes que en la del Congreso anterior.

Para el Polo Democrático Alternativo, la crisis generalizada que toca el andamiaje de la justicia, el equilibrio de las ramas del poder público, el empleo y la capacidad adquisitiva de los colombianos nos obliga a actuar organizada y efectivamente en función de los cambios en lo político, lo económico y lo social. Surge la pregunta, ¿pueden quienes hoy detentan el poder y el gobierno impulsar o garantizar los cambios requeridos? ¿Alguien puede pensar que el gobierno del Presidente Santos o quienes se oponen a dicho gobierno desde la ultraderecha uribista pueden impulsar y concretar los cambios que resuelvan los graves problemas que afectan a los colombianos? La respuesta es clara: No es posible. Esas estructuras de poder están agotadas y, además, son corresponsables de los problemas que nos aquejan.

El Polo Democrático Alternativo le notifica a la sociedad colombiana: estamos unidos y en capacidad de asumir las riendas del país en la etapa posterior a la firma de los acuerdos entre el Gobierno y la insurgencia; estamos en capacidad de garantizar la construcción de un modelo de paz positiva, con la concreción de las reformas que el país necesita para avanzar en democracia y consolidar una paz estable y duradera. Sin lugar a dudas, para asumir este reto debemos crecer hasta convertirnos en un partido fuerte y numeroso capaz de proyectar y participar en el proceso de la unidad de las fuerzas democráticas, conectado con la realidad y los corazones de las clases trabajadoras, de los empresarios del campo y de la ciudad, de los campesinos, las poblaciones vulneradas y vulnerables, los jóvenes, las mujeres y las capas medias, hoy en riesgo de incorporarse al precariado, esa nueva categoría de inestabilidad laboral, informalidad y rebusque que se ha convertido en la regla general del trabajo remunerado en un mercado laboral donde se considera afortunado a quien logra conseguir un contrato de tres meses de duración.

No debemos cejar sino avanzar en la movilización social y política que ha mostrado una y otra vez su efectividad. Los paros campesinos, la suspensión de la venta de ISAGEN por parte del Consejo de Estado y la decisión de prohibir las aspersiones aéreas con glifosato cancerígeno, así lo demuestran.

En las elecciones presidenciales del año pasado donde en alianza con la Unión Patriótica obtuvimos dos millones de votos y en las internas del pasado 19 de abril con 418.000 votos de militantes y simpatizantes ligados al trabajo partidario, logramos votación en prácticamente todos los municipios de Colombia. Debemos convertir esa votación en actividad y presencia partidaria organizada. Propongámonos en los próximos dos años, triplicar nuestra presencia nacional, entendiendo que en cada municipio donde hay votación existe el potencial para forjar partido, convergencia y unidad. Debemos superar la espontaneidad en nuestra actividad comunicacional y organizativa, debemos crear las condiciones financieras que nos permitan regularizar un periódico, hacer una realidad las escuelas de formación y desarrollar los lineamientos organizativos que nos permitan convertir la simpatía electoral en acción y movilización.

No es suficiente tener la razón. Es imperativo convencer que tenemos la razón. Para ello necesitamos un partido fuerte con vocación de poder fincado en la organización disciplinada, la formación de cientos, ojalá miles, de militantes, cuadros y dirigentes en todos los territorios, sectores sociales y poblacionales. En los debates previos, los jóvenes levantaron con fuerza la exigencia de que el partido organice un centro de investigación y las escuelas de formación política, tanto a nivel nacional como en las regiones. Esa tarea no se debe seguir aplazando. Las luchas sociales y políticas también nos reafirman en el camino de la movilización. Las proposiciones que se han venido construyendo con amplia participación de muchos delegados y delegadas dan cuenta del entusiasmo con que se ha abordado este Congreso: la formulación de una política de paz del PDA, las proyección de la unidad y la convergencia alternativa, la convocatoria a una Cumbre para debatir el modelo propio y alternativo de desarrollo, los lineamientos de desarrollo rural, política minero-energética, política medioambiental, desarrollo e integración regional, entre tantas otras que analizaremos en las comisiones, deben arrojar mandatos claros que nos permitan fundamentar nuestra opción para ser gobierno dado que el péndulo del cambio está a la orden del día por las contradicciones insalvables del modelo del fundamentalismo de mercado del Consenso de Washington que coincide con la finalización del conflicto armado en Colombia.

Este será el Congreso de las definiciones políticas y de la proyección del partido acorde con la vocación de poder que hemos moldeado en el trasegar de la tormentosa crisis que recién hemos superado; en la capacidad que nos demanda la actual coyuntura para colocar por encima de nuestras diferencias la vocación unitaria; en la reafirmación de nuestro compromiso con el cambio y la transformación de Colombia.

¡Estamos listos para gobernar! El próximo 25 de octubre ¡seremos gobierno en Bogotá! En el 2018, aspiramos disputar con éxito la presidencia de la República.

Este partido que fundamos hace diez años con Carlos Gaviria siente un profundo dolor por reciente partida que nos deja un inmenso vacío. El mejor homenaje que podemos hacer a su memoria es recordar sus lecciones e incorporarlas a la práctica diaria. El Comité Ejecutivo Nacional ha querido dedicar este Congreso a honrar su memoria. Como lo he reiterado en muchas ocasiones a Carlos Gaviria no solo tenemos que alabarlo sino principalmente imitarlo. La unidad fue siempre una de sus obsesiones y la admonición que no debemos jamás olvidar, una de sus tantas lecciones: Actuar y hablar “sin sectarismo, pero sin ambigüedades.” Levantemos un aplauso a Carlos Gaviria y a su legado.

Hasta siempre Maestro Carlos Gaviria, ¡su ejemplo ilumina nuestras acciones!

¡Vive el Polo Democrático Alternativo!

¡Arriba la esperanza que el futuro nos pertenece!

Polo Democrático Alternativo, ¡listos para gobernar!

 

PonenciaEcuador2

Esta ponencia sistematiza las formas que está adoptando la derecha radical no institucional para desestabilizar los gobiernos de corte progresista en el continente y para impedir su ascenso en países dónde los proyectos alternativos no ha accedido al gobierno. Plantea que la integración latinoamericana es la única forma para proteger y preservar  la soberanía popular en todas sus dimensiones: política, económica, social y cultural, frente a esta amenaza.

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Discurso de la candidata presidencial del Polo Democrático Alternativo,  Clara López

Obregón en el Congreso Minero, Cartagena de Indias, 20 de febrero  de 2014.

Primero quiero decir algo que mi partido, el Polo Democrático Alternativo, ha repetido insistentemente: no estamos en contra de la minería, ni tampoco de la inversión extranjera. Es una posición de principios sustentada en argumentos serios. Oponerse a la minería tajantemente, sería tanto como desconocer la inteligencia humana, porque es la principal forma en que hemos aprovechado la naturaleza para procurarnos una mejor vida. Pensemos en las telecomunicaciones, las carreteras, la medicina, la tecnología. Todo esto depende de la minería.

Y oponerse a la inversión extranjera, si ésta le aporta al desarrollo, hace transferencia tecnológica, reinvierte en el país, crea empleos de calidad, tampoco es sensato.

El debate, entonces, no está en estos dos puntos. La discusión central es si la forma en que se está haciendo la minería y la inversión extranjera, que llega a esta actividad extractiva, es a favor de los intereses de la nación o no. Va mucho más allá de un debate ideológico: la Constitución Política de Colombia obliga a quienes administran el país y sus recursos, que actúen bajo principios de protección de los intereses nacionales. Es de eso de lo que estamos hablando.

Así que en la importancia de la minería no tenemos contradicción, pero ustedes conocen muy bien nuestra posición crítica frente a la actual política minera de Colombia.

La “locomotora minero-energética” de Juan Manuel Santos, es una enseñanza valiosa de lo que no debe repetirse. Es un cúmulo de cosas mal hechas, desconociendo por completo la experiencia de otros países que lograron desarrollarse aprovechando sus recursos naturales, como Noruega, o del manejo que países como Australia, Estados Unidos y otros, hacen de los mismos.

El resultado de esta política, impulsada por Uribe y profundizada por Santos, es lamentable para nuestra nación, porque, durante el ‘boom’ minero de la última década, desaprovechamos una oportunidad única de sacar a nuestra nación de la pobreza y el atraso.

Voy a referirme rápidamente a cinco de los aspectos actuales de la política minero-energética:

1. En lo ambiental, el manejo ha sido irresponsable. No estoy hablando solo de casos particulares, como el de Drummond, el cual rechazamos, sino en general, de la falta de control del Estado hacia la exploración y explotación de sus recursos: títulos mineros en zonas excluidas de la minería, operaciones mineras sin licencia ambiental, como lo denunció la Contraloría para el caso de Cerromatoso, compensaciones ambientales insuficientes.Es decir, lo que prevalece hoy en el país es la extracción desmesurada, sin considerar el agotamiento del recurso, la degradación vegetal y la contaminación del aire y las fuentes hídricas. Es tan grave, que el entonces ministro de Agricultura de Santos, Juan Camilo Restrepo, sobrevolando el departamento del Cesar lo comparó con un paisaje lunar donde ya no puede haber agricultura.

2. En el ámbito social la situación no es más reconfortante. Procesos de reubicación que parecen más desplazamientos que otra cosa. Proyectos de exploración y explotación que se hacen desconociendo a las poblaciones, a sus formas de vida tradicional, destruyendo sus medios de sustento. Intentando pasar por encima de las decisiones comunitarias, como en el caso de Piedras, Tolima.

3. En cuanto a lo laboral, es bien sabido del alto grado de tercerización y las dificultades que existen para garantizar el derecho a la sindicalización. Además, la minería y los hidrocarburos, a pesar de su creciente importancia, tienen una bajísima tasa de participación en el empleo. En los últimos años este sector ha logrado superar los 7 puntos del PIB, el 50% de la inversión extranjera directa, el 56% de las exportaciones y, aun así, solo representa el 1.2% del empleo total, además con empleos que –objetivamente-son de mala calidad.

4. El conflicto entre la gran minería y la pequeña y mediana minería nacional también es muy grave. Estos colombianos, que no son pocos, tienen un derecho de preferencia para hacer minería. Han construido una tradición y una cultura alrededor de esta actividad. La posición del Estado en este tema no puede ser simplemente perseguirlos y acabar con su trabajo para despejarle el camino a la gran minería. Es inconcebible la forma como el gobierno de Santos ha actuado contra estos compatriotas.Causa vergüenza ese Decreto 2235, que permite la destrucción de herramientas violando los derechos: no hay presunción de inocencia, debido proceso, derecho a la propiedad privada.Y ahora sabemos de la corrupción que desde el Ejército y la Agencia Nacional de Minería se estaba haciendo con los títulos mineros. Reconozco también, que estos mineros tienen que avanzar hacia mejores prácticas mineras, pero esto tiene que hacerse de la mano del Estado, con programas de asistencia técnica.El próximo gobierno debe y puede encontrar fórmulas para que la gran minería y la pequeña y mediana minería puedan convivir.

5. Y finalmente, el aspecto económico. En los últimos años el país ha avanzado positivamente en la discusión de este punto. Por fortuna existe un interés creciente de instituciones, de académicos destacados, por estudiar más a fondo el tema económico. A nivel internacional también existe más evidencia empírica y teorías, que dan luces sobre la renta minera y la importancia para el desarrollo.

Los datos y los análisis más rigurosos, muestran que Colombia no se ha beneficiado económicamente de la gran minería. Peor que esto, es que el país desaprovechó la oportunidad de producir desarrollo en el agro y la industria, con los recursos que pudo haber generado la minería, pero que por cuenta de la Confianza Inversionista se quedaron solo en las arcas de los especuladores financieros y los grandes capitales extranjeros.

Es equivocado –entonces- desconocer que en este punto se presenta un “conflicto de intereses”, tal como lo dice Stiglitz, “entre las empresas que explotan los recursos naturales (que por lo general son extranjeras) y los países de acogida: las primeras desean reducir al mínimo lo que pagan, mientras que los segundos necesitan maximizar lo que reciben”.

El propio director de la DIAN confesó que “los minerales de Colombia se venden a través de paraísos fiscales”, utilizando mecanismos de precios de transferencia, para pagar menos impuestos en nuestro país. Creo que todos quienes estamos aquí coincidimos en que este comportamiento no es responsable con la nación. Así mismo, la presidenta de la Agencia Nacional de Minería, María Constanza García, reconoció que “no tenemos forma de saber exactamente cuánto se extrae”. Entonces ¿cómo sabe el Estado colombiano si la minería es un motor de crecimiento o no, cuando ni siquiera tiene certeza de cuánto se extrae?

No nos oponemos a las ganancias del capital, pero la gran minería obtiene tantos beneficios tributarios, que Jorge Enrique Robledo, senador de mi partido, acuñó la frase de que “estamos pagando para que se lleven nuestros recursos”. Y resultó–tristemente- que no era una exageración. El libro sobre minería de la Contraloría General de la Repúblicademostró que por cada 100 pesos que recibe el Estado en beneficios de la gran minería, éste le devuelve a las empresas 120 pesos en exenciones de impuestos. Es decir, la gran minería se lleva del país sus utilidades más las del Estado.

Recientemente la Contraloría publicó la segunda parte, con resultados aún más preocupantes, relacionadoscon el aporte que la gran minería hace al desarrollo de las regiones y municipios en donde operan. Según la entidad, mientras el índice de Necesidades Básicas Insatisfechas para el promedio del país era de 28%, en Cesar y Guajira eran de 45 y 61 por ciento respectivamente ¡y para los municipios mineros del 75%!

La pobreza multidimensional de estos municipios es del 90%, mientras en los municipios no mineros con mayor desarrollo relativo es de 43%.Yo me pregunto: ¿cómo hace el gobierno Santos para justificar esto?¿Cuál es la prosperidad y el desarrollo que está produciendo la minería? Ni hablemos de los casos de La Unión Matoso en Córdoba y Uribia en La Guajira, que son escalofriantes. En estos municipios prácticamente los únicos que no son pobres son los ingenieros de la mina. Es vergonzoso.

Esta situación tiene que cambiar. Los gremios de la gran minería son conscientes del rechazo que está produciendo en el país la actividad que realizan. Realidad queno le conviene a nadie. Es tan grave, que se ha empezado a hablar de que además de la licencia ambiental se necesita una licencia social. Me parece sensata esta exigencia. Hay que ganarse el respeto de las comunidades, pero no simplemente con proyectos de Responsabilidad Social Empresarial, usados más para hacerse propaganda que para servir a las comunidades.

En el Polo hemos discutido a profundidad este tema y planteamos algunas propuestas para hacer bien las cosas en materia de política minero-energética. No voy a referirme a todas, pero sí a aquellas que considero oportunas para este Congreso:

  1. Es indispensable que exista una política pública articulada. Hoy, incluso ustedes son víctima de la falta de coordinación del gobierno: ministerio de Minas por un lado, Ambiente por otro camino y Defensa por otro. La minería, por ser una actividad de tanto impacto, requiere una institucionalidad fuerte y coherente con los propósitos de desarrollar al país en materia industrial y garantizar la soberanía alimentaria.
  2. En este sentido, hemos hablado de que el Estado tiene que recuperar el control sobre sus recursos naturales. Es decir, la explotación de estos recursos tiene que responder a las necesidades e intereses del país y -por lo tanto- es el Estado quien debe decidir: en dónde hacer minería y en dónde no. Cuánta minería hacer, cómo hacerla y en qué se van a invertir los recursos, es decir, para qué la hacemos. La minería tiene que ser un medio para conseguir el desarrollo, no un fin en sí mismo. Como afirma Stiglitz, sino reinvertimos la riqueza “proveniente de los recursos naturales en inversiones productivas por encima del suelo, en los hechos”, nos estamos “empobreciendo cada vez más”.
  3. Obviamente, y de esto hay suficiente literatura económica, proponemos llevar una contabilidad completa de la minería. La contabilidad no puede limitarse a registrar lo que ingresa por impuestos y regalías, como una ganancia neta para el país. Debe considerar los impactos ambientales y sociales, como costos a ser compensados.
  4. Para cumplir con lo anterior, la estructura del negocio, con relación a la participación del Estado en la actividad minero-energética, debe repensarse. He leído una propuesta sensata de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia, para aumentar la participación del Estado en este sector, que parte de una consideración obvia: los privados hacen un aporte importante en conocimiento y capital, pero la inversión del Estado es, si se quiere, más valiosa: su aporte es el recurso natural no renovable. Es decir, que en las cuentas del Estado se tiene que considerar el costo del agotamiento del recurso.
  5. Entre otras cosas, la Red propone crear un impuesto a las ganancias extraordinarias. Este impuesto existe en Estados Unidos, Chile, Perú y Australia. Si el Estado participara en un 50% de estas ganancias extraordinarias, haciendo el cálculo solo para Carbón, podría obtener 2 billones de pesos adicionales al año.
  6. Remesas: hasta el año 2006 el Estado cobraba un impuesto a las remesas del 7% para las empresas que quisieran llevarse sus utilidades al extranjero. Uribe, con su ministro Carrasquilla, eliminó este impuesto. Yo estoy proponiendo ponerlo de nuevo, en el mismo nivel que estaba en el año 2006, aunque en 1992 era de 19% y en Chile, a quienes muchos toman como ejemplo, es del 25%. En el año 2012 salieron casi 16.000 millones de dólares en dividendos y utilidades del país. Si cobramos el 7% de impuesto a las remesas tendríamos 1.100 millones de dólares. Unos 2 billones de pesos más al año.
  7. En el año 2005 la ANDI solicitó a la DIAN que autorizara deducir las regalías del pago de impuesto sobre la renta. La oficina jurídica de la DIAN, ojo, no el Congreso, ni el Presidente, sino la oficina jurídica, autorizó este descuento. Entre 2005 y 2012 se recaudaron 41.5 billones de pesos en regalías, de los cuales el 33%, es decir, 13.7 billones de pesos fueron deducidos por compañías mineras y petroleras, gracias a esta decisión. Estamos hablando de casi 2 billones de pesos más por año, que el Estado debe recuperar.
  8. ¿De dónde van a salir los recursos que requiere el país para el post-conflicto? Aquí he planteado unas propuestas, que otros países aplican, y significaríana lanación 6 billones de pesos adicionales, sincomprometer las utilidades de los inversionistas mineros. Simplemente considerando que el Estado, por ser el dueño de los recursos naturales, tiene que participar en un porcentaje justo del negocio.

Si soy electa presidenta de Colombia y la gran minería hace bien las cosas, ahí va a estar mi gobierno para garantizar sus derechos, pero también para garantizar que cumplan con sus deberes. Vamos a hacer las cosas bien para todos: para quienes decidan invertir en el país, vamos a ofrecerles una institucionalidad fuerte. El Estado va a ser un socio serio y responsable. Pero siempre vamos a actuar bajo la lógica de buscar que los negocios que hagamos vayan en el camino de beneficiar al país.

Muchas gracias.

Cartagena de Indias, 20 de febrero de 2014.

Palabras de la candidata presidencial del Polo Democrático Alternativo, Clara López Obregón, en el acto polítivo organizado por las cantidatas al Senado, Olga Forero y Lilia Rodriguez, en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada de Bogotá, el 9 de febrero de 2014

Debo empezar por agradecer a las organizadoras de este maravilloso evento a Olga Forero de Silva, a Lilia Olarte a todas las compañeras artesanas de Bogotá y de fuera de Bogotá por que han venido de todas partes. A mis compañeras de siempre este emotivo y hermoso evento en el cual está representado todo el país en las  manos de estas artesanas en su corazón en la manera como tejen nuestros sueños esta es la identidad nacional en toda su biodiversidad. Las abrazo y las aplaudo y les deseo que sigan adelante porque ustedes son nuestra memoria y nuestro futuro.

Tengo que saludar al maestro Carlos Gaviria nuestro presidente eterno del Polo Democrático Alternativo. El conductor ético de una sociedad que a veces parece sin norte que todavía recibe en cada una de sus palabras, sus escritos y conferencias ese direccionamiento en pro de la construcción de un país mejor gracias por estar aquí maestro Gaviria y por darnos la mano en esta lucha política .

A mi amiga de todas las horas a quien yo esperaba de su bus en el Mary Mount. Porque yo llegaba antes  que ella del colegio, para salir a lo que hacíamos mejor hacer pilatunas mil. Gracias Pilar por esa amistad de toda la vida.

Quiero saludar a mi esposo a mi compañero de luchas Carlos Romero sin nunca estaría aquí hoy ni como candidata del partido estar viva muchas gracias por ese compañerismo. Las mujeres no saben pero es una bendición tener un hombre al lado que no es machista, un hombre capaz de renunciar a una elección ganada renunciar para que su esposa pudiera ocupar el cargo que me abrió el camino para ser alcaldesa de Bogotá darme la elección que me abrió el camino. Un abrazo y un beso en la frente como se lo doy todas las noches.

Quiero saludar a todos los integrantes del senado aquí presentes.  Tenemos una lista de indignados y de indignadas por eso quiero saludar a Rodolfo Arango Magistrado de la Corte Constitucional, Douglas Velázquez  conocí a Douglas Velásquez ex viceministro de minas y uno de mis compañeros de Harvard que nos va ayudar a recomponer el código minero.

Quiero saludar a Germán Fernández medico batas blancas luchador de la salud como derecho y bajo la ley que no lo tienen mercancía. Y quiero saludar a Elizabeth Cortes mi compañera en la Secretaría de Gobierno candidata al senado de la república y a esa mujer que nos ejemplifica a Beatriz Carvallo la organizadora de todas enfermeras de Colombia luchadora de los derecho de la salud .Y no pudo  estar en la lista de senado por muy chiquito pero aquí esta Sergio Fernández el joven de la MANE quien está garantizando el programa que desde el Polo llevaremos a la presidencia cambio en el modelo de la educación, educación superior gratuita pública de calidad para todos los niños y jóvenes de Colombia.

Esta lista de indignadas y de indignados la encabeza quien ha  sido seleccionado por propios senadores por propios y extraños y por los líderes de opinión como el mejor senador de la república Jorge Enrique Robledo cabeza de lista del Polo Democrático Alternativo.

Esta lista al senado de la Republica nuestras listas a la Cámara de representantes en todo el país son un reflejo de esta oleada de indignación que viene recorriendo los campos, la carreteras y las calles de Colombia desde que la MANE empezó a salir cuando estaba en la alcaldía de Bogotá ese grito de rebeldía que no solo se da en Colombia ustedes lo han visto por la televisión en el norte de África se habla de la primavera árabe, los jóvenes  estudiantes en Francia se levantaron para protestar por mejor educación y por el desempleo, en Estados Unidos. En Wall Street se sentaron en los parques  para reclamar el 1% el descuido del 99 %.

En todos los campos se mueve esa ola de inconformidad ya que las peticiones tienen un común denominador. Cuidar ese modelo de sociedad egoísta fincada en el modelo de lucro, en el consumo al extremo como valor superior que tiene en desbanda entre todos los habitantes de esta tierra lo que nos une en nuestra humanidad el principio de la solidaridad que debe regir a todos los seres humanos en su expresión.

Ese modelo económico que le da fundamento a ese consumo excesivo esta echando agua en todas partes la rebeldía no estaría presente si ese modelo económico estuviera entregando trabajo, garantías de derechos pero es lo contrario lo que han pregonado los distintos gobiernos este modelo económico que genera pobreza y concentración excesiva del ingreso que producimos, están profundizando desigualdades, reventando familias y dañando los valores que nos mantienen unidos como sociedad.

A nosotros nos han dicho el doctor Carlos Gaviria los sabe porque él ha sido objeto de estigmatización que somos izquierdistas radicales porque no creemos que un país salga adelante cuando el poder de país está en muy pocas manos. Nos dicen izquierdistas radicales porque nos oponemos a que el salario mínimo sea un salario de miseria sea convertido en el  culto a la pobreza y no le dan a los que devengan el básico para las sustentación de la facial y mucho menos  a la mitad de la  población que ni siquiera devenga el mínimo  legal.

Se quejan de que somos izquierdistas surtos porque defendemos la salud como derecho y creemos que las EPS deben salir del negocio para que fluyan los recursos para la  atención de los ciudadanos y no a los bolsillos de los intermediarios. Nos llaman izquierdistas extremistas porque nos paramos en las carreteras a defender los derechos de los campesinos luchando  de mano a mano y  de codo a codo con ellos cuando les pagan la producción  a precio de huevo pero les ponen precios  a los insumos de oro porque los gobiernos no son capaces de oponerse a la ola de poder monopolistas de unos pocos.

Le quiero decir una cosa que de extremo izquierdista no estamos solos he estado leyendo la exhortación apostólica del evangelio del papa Francisco  y quiero compartir con ustedes la sentencia que  hace al modelo económico que destruye vida y destruirá la humanista si no lo controlamos a tiempo. Dice el santo padre en un aparte, “no a una economía de la exclusión, así como el mudamiento de no matar pone un limite claro para asegurar el valor de la vida humana  hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y de la inequidad. Esa encomia mata. No puede ser que no sea noticia una muerte de  un anciano en situación de calle y que si lo sea una ciada de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión no se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre eso es inequidad hoy todo entra dentro el juego de la acometividad y del más fuerte donde el poderoso se come al más débil por eso grandes masas de la población se ven excluidas, sin horizontes, sin salida,  sin trabajo se considera al ser humano como un bien de consumo. Qué pasa con las intermediación laboral, la cercanía de  la relación entre patrono y trabajador que tratan a la gente como si fuera desechable un ser humano como un bien de consumo que se puede usar y luego tirar inicio a la cultura del descarte que además se promueve  ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y la opresión sino algo nuevo. Con la exclusión queda afectada la pertinencia a la sociedad, sociedad que ya no vive o está bajo la periferia está afuera. Los excluidos no son explotados son sobrantes desechos”

En este contexto entra  nuestra tesis del cambio de modelo económico. Algunos todavía defienden las teorías del derrame que suponen que todo crecimiento económico favorecido por la libertad de mercado logra provocar en si mismo mayor inclusión social en el mundo esta opinión jamás ha sido confirmada por los hechos expresa una confíala burda e ingenua en la abundancia en que detentan el poder económico y en los mecanismo sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto los excluidos siguen esperando para poder sustentar un estilo de vida que excluya a otro para seguir desarrollando una globalización de la indiferencia.

Y a esa globalización de la indiferencia es a la que nos estamos oponiendo y frente a la cual nos estamos revelando todos los inconformes de Colombia y del mundo entero esos que se sentaran 57 días en las carretearas en los paros cafetero y papero indignados por la globalización de la indiferencia. Los jóvenes que marchan  de la MANE son indignados de la globalización de la indiferencia. Esas artesanas que hoy están indignadas por la globalización de la indiferencia lo que planteamos desde el Polo Democrático Alternativo y hace parte del programa que hemos venido construyendo en foros, en reuniones, en cumbres sociales a lo largo  y ancho del país.

Convocando a los colombianos y a las colombianas hacerle frente a este modelo económico que mata  y vamos construir una nueva sociedad con un modelo nuevo un modelo distinto, el modelo de la vida. El modelo que le confieso y me comprometo con las mujeres de Colombia a rescatar a sus hijos del foco de la violencia  y de la guerra, vamos rescatar  a los pobres de la indiferencia que los mata y vamos a reconstruir la red social de relación con un Estado protector que garantice el derecho al trabajo, el derecho a la salud, el derecho la pensión el derecho a tener un lugar en esta patria ese cambio de modelo en el cual estamos las mujeres y los hombres del Polo Democrático Alternativo empieza por colocarle a la paz fundamentos serios de carácter económico y carácter político sin los cuales no hay convivencia pacífica.

El Estado debe tomar como ultimo y principal meta la generación de empleo de todas las personas con capacidad de trabajar en el país todo la sociedad y toda la política pública debe estar en función del trabajo llamase empleo, emprendimiento,  ingreso digno y seguridad y protección del Estado que jamás debió retirarse.

Para lograr ese papel es necesario diseñar una política de la reindustrialización del país. Las artesanas lo saben aquí hubo hace 20 años una política en donde la política industrial era no tener política industrial. No tener políticas agrarias para que el pez grande se coma el pez chico. 500 propietarios son los dueños del 75% de la propiedad accionaria lo que equivale a unos 300 billones de pesos.

Para alcanzar nuestra política de reconducción del estado que nuestra política sea  una política de intervención en la función al aparato productivo nacional está encargada de generar trabajo productivo necesitamos renegociar los tratos de libre comercio TLC para  proteger la industria y  el trabajo nacional, recuperar soberanía sobre los instrumentos de política económica que nos permita sacar nuestros nuevos modelos de sociedad fundamentada en el derecho a la salud y las EPS como mercancía.

Vamos a remodelar el sistema de pensiones ya nos habían alumnado seis años de cotización. Este año aumentaron dos años de la pensión se necesita una reingeniería del sistema pensional. Con el sistema actual nadie se va pensionar pensamos en garantizar todo el que llegue a la edad de pensión que debe ser un sistema que con el apoyo del estado evite lo que sucede. Que la gente cotiza y jamás le dan pensión completa por que no le alcanza porque se han convertido en una parte de sector financiero no en una prestación social.

Como estoy en una reunión específicamente de mujeres yo quería también decir que dentro de nuestra construcción colectiva del programa y dentro de nuestro modelo de sociedad que hemos construido todos de manera participativa hemos contado con las luces de Florence Thomas una mujer batalladora que no solamente cree sino que practica los derechos del mujeres. Ella me dijo usted no puede tener una política de mujeres como debe tener una política de tercera edad por ejemplo. El tema de la mujer debe estar en todos los aspectos y políticas del programa de gobierno. Queremos decir que donde más se necesita la perspectiva de genero es en la política de género es desde la seguridad ciudadana se habla de seguridad pero no se tiene en cuenta la vulnerabilidad de la mujer, la violencia en el hogar, la indiferencia y la falta de tener en cuenta que en Colombia está haciendo carrera algo peligroso que no está en las estadísticas.

Un examen de medicina legal de 2009 encontró que 1319 mujeres fueron asesinadas violentamente por ser mujeres y en su calidad de mujeres. Eso es algo impresionante por que hay aquí una cultura de machismo porque no se respetan los derechos de las mujeres quienes piensan que pueden acabar con la vida. Para acabar con ese problema se debe no discriminar luchar por la igualdad de derechos, debemos tejer desde los más chiquitos hasta los adultos en forma permanente. Una cultura de paz se construye con la no discriminación de género.

Quiero decirles que dentro de nuestro programa que debe ampliarse en todos los detalles tenemos una preocupación muy grande. Hoy quiero compartir porque en las reuniones de trabajo nos preguntamos ¿qué puede pasar si no conquistamos el gobierno en esta oportunidad? ¿Qué puede pasar si en esta coyuntura no logramos llevar a los factores de cambio a un poder que tiene  reformas como la de la salud en beneficio de los intermediarios y el salario mínimo una bandera de los empresarios.

Quiero convocarlos a que hagamos un trabajo muy serio muy concienzudo por que el presidente se siente muy inseguro de ganar la presidencia de la república y está haciendo una seria de cosas para nuevamente llegar al poder. No le importa que ya han escuchado por boca de Olga Forero el tema de la mermelada les quiero decir mermelada ¡paja! corrupción pura.

Tres billones de pesos a los que pudieron pagar 13 años de estudio a jóvenes se los entregaron a los congresistas para la reelección de Juan Manuel Santos  y a pesar de eso nada que sube en las encuestas. En el escándalo de las chuzadas les quiero contar a ustedes que además de chuzar a los negociadores de paz de la Habana están espiando los dirigentes del Polo, el único partido de oposición porque a mí que me esculque que Uribe va cambiar el modelo económico. Nos están chuzando para haber si nos pueden derrotar desde aquí les quiero asegurar que ustedes y nosotros haciendo equipo vamos a derrotar Juan Manuel Santos y vamos a derrotar al Uribismo. El país reclama el cambio y el cambio es ahora. Quiero convidarlos  compañeros a estar en el camino de la voluntad de la esperanza, será difícil se necesita mucho trabajo y mucha disciplina pero somos la esperanza. El futuro nos pertenece.

Bogotá, 9 de febrero de 2014.

Palabras de Clara López Obregón en la presentación de las listas al Senado y Cámara de Representantes por el POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO
Salón Rojo del Hotel Tequendama

Noviembre 27 de 2013.

Compañeros y compañeras:

Nos reunimos hoy para presentar ante el país las listas del Polo Democrático Alternativo para la contienda electoral. Hace un año nos encontrábamos reunidos en nuestro III Congreso. Un Congreso integrado por 750 delegados y delegadas elegidas en una consulta democrática que convocó a 160 mil militantes en 1052 de los 1120 municipios de nuestra Colombia esperanzada en los cambios. No existe otro partido en Colombia que pueda demostrar una legitimidad democrática superior en la toma de sus decisiones. Esas decisiones son las que hoy se expresan en las listas para el Senado y la Cámara de Representantes en 20 departamentos del país y en la manera participativa con que venimos construyendo nuestro programa compartido.

Dicho Congreso, pródigo en discusiones y definiciones, escogió mi nombre para la candidatura presidencial y como cabeza de lista al Senado a Jorge Enrique Robledo, señalado por los sondeos de opinión como el mejor senador de Colombia. De igual forma,  le confirió al Partido tres mandatos estratégicos de cara a las elecciones de 2014 – apoyo a la paz, convergencia democrática y construcción  participativa del programa- que hoy debemos analizar a la luz de las estrategias que adoptan nuestros contendores de cara al debate electoral.

APOYO AL PROCESO DE PAZ

El primero fue el mandato de apoyo al proceso de paz que se inició con los diálogos de La Habana. Desde el Comité Ejecutivo Nacional hemos venido dando forma a dicho mandato, alertando a la ciudadanía y a nuestros potenciales aliados, no sin incomprensiones pero con claridad meridiana, que el apoyo a la paz no pasa por la reelección del Presidente Santos.

Nosotros no defendemos la paz como un episodio efímero o electorero. Tampoco aceptamos plegarnos al miedo y al odio que reclaman los agoreros de la guerra. Nosotros queremos la paz porque nos duele la vida de nuestros soldados, de los guerrilleros y de la población civil, principal víctima de la confrontación armada, al lado de nuestra frágil democracia que sucumbe ante la desigualdad y la exclusión. Nosotros no estamos luchando para participar en una simple escaramuza electoral, estamos luchando para abrirle el camino a una Colombia diferente. Una Colombia donde los campesinos y campesinas tengan tierra, crédito y acceso a la tecnología y a la vida moderna, donde los y las jóvenes encuentren la recompensa de sus estudios en un empleo digno y bien remunerado, donde los empresarios y las empresarias estén rodeados por una política gubernamental de apoyo para ensanchar su producción y su presencia activa en el desarrollo soberano del país.

Precisamente a quienes hemos venido sosteniendo la necesidad de un nuevo modo de desarrollo, nos han venido catalogando como de izquierda radical. A ellos les contestamos con las exhortaciones de Francisco quién ayer divulgó La Alegría y la Evangelización, actualizando las enseñanzas de la Iglesia a los desafíos del mundo actual. Ha dicho el papa latinoamericano, de este continente sacudido por la desigualdad pero también por gobiernos de nuevo tipo, que:

 “hoy tenemos que decir no a una economía de la  exclusión y de la inequidad. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muera de frio un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. (…) Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».
Y continúa el Papa Francisco:

“En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia.”

Cómo me entusiasma ese mensaje revolucionario de nuevo papa que revive el evangelio de Cristo y lo actualiza para que podamos con alegría difundir la palabra de la inclusión, de la igualdad, de la solidaridad y del amor, sin temor a ser falsamente estigmatizados de “extremas”. Nuestra propuesta programática, la del Polo Democrático y sus aliados y aliadas cabe perfectamente dentro del mensaje de Francisco.

CONVERGENCIA DEMOCRÁTICA

El segundo mandato de nuestro III Congreso fue el de propiciar y promover una gran convergencia democrática destinada a construir una nueva mayoría capaz de derrotar en las elecciones los planes continuistas de Juan Manuel Santos y los revanchistas de la ultraderecha. Al interior del Polo hemos avanzado. Nuestras listas al Senado y a la Cámara de Representantes así lo ejemplifican. Son listas de luchadores y luchadoras, como bien las describe La Silla Vacía. En ellas están presentes dirigentes de las grandes movilizaciones agrarias, mineras, estudiantiles, sindicales, de la salud, del transporte, de las mujeres, de los indígenas, de los afrodescendientes y del pueblo raizal de San Andrés y Providencia. También están destacados dirigentes de otras toldas partidistas, unos y otros  atraídos por la fortaleza y justeza de la propuesta de construir un país pluralista e incluyente, con un Gobierno transparente, austero y decoroso.

En cumplimiento del mandato de convergencia del III Congreso, quiero hacer un nuevo llamado a todos los sectores de izquierda, alternativos y democráticos de Colombia. A la Unión Patriótica, una mención especial de bienvenida por su regreso a la política activa que saludamos con solidaridad por tantos males sufridos que todavía no han sido reparados. A todos y todas los compañeros y compañeras del campo alternativo: Sigue vigente la consigna de Gaitán: ¡Unir para cambiar a Colombia! Unámonos para derrotar el continuismo en todas sus manifestaciones. Construyamos la nueva mayoría para derrotar los amagos de la opción guerrerista en la primera vuelta y demos unidos la pelea en la segunda para conquistar la victoria.

CONSTRUCCIÓN PARTICIPATIVA DEL PROGRAMA

El tercer mandato que recibimos de nuestro Congreso fue el de la construcción participativa de nuestro programa. En este sentido queremos señalar que nos diferenciamos sustancialmente de la casi totalidad de los partidos políticos colombianos que acostumbran elegir concejales, diputados y parlamentarios sin compromisos programáticos. Para nosotros, en cambio, el contenido programático forma parte del compromiso que tenemos con nuestro pueblo. Por ello desde el III Congreso resolvimos que el programa no podía ser el resultado de una elucubración personal o de grupos tecnocráticos restringidos sino que tenía que recoger el sentir y las propuestas de la militancia, simpatizantes y luchadores sociales con quienes tenemos abiertos los canales de discusión permanente. He ahí la esencia de la propuesta programática participativo del Polo Democrático Alternativo.

En esa tarea hemos recorrido el país, organizado equipos técnicos temáticos y realizados cumbres con representantes de importantes sectores sociales, poblacionales y gremiales en las que han participado más de 5000 personas. Desde la Vicepresidencia de la Mujer a cargo de la compañera Lilia Avella, hemos realizados 5 cumbres regionales y una nacional, culminando con importantes planteamientos que se suman a la directriz inicial de la conferencia que nos dictó Florence Thomas a todos los equipos programáticos para entender cómo abordar el tema en el conjunto de la propuesta programática que desde luego desborda el capítulo propio de la Mujer. Lo propio se predica de las poblaciones Indígena, Raizal y Afrodescendiente, y la población LGBTI, con quienes a partir del intenso trabajo desplegado por el vicepresidente de poblaciones, Julio Cesar Mancera, hemos avanzado en la discusión programática que culmina con la Cumbre Indígena en las faldas de la Sierra Nevada los días 6, 7 y 8 de diciembre.

Esperamos también las contribuciones de las distintas regiones del país para caracterizar las particularidades de la Costa Caribe, del Eje Cafetero, de la Orinoquía y la Amazonía, de las regiones Central, Nororiental y Sur occidental de Colombia. En el marco de la descentralización es preciso y necesario que las distintas regiones del país elaboren los materiales en los foros que están programados para ser incluidas en el programa que será debatido y aprobado por la Dirección nacional que se reunirá en el mes de enero.

LOS PELIGROS QUE NOS ACECHAN

Creo que debemos ser conscientes de los peligros que nos acechan. Si durante décadas estuvimos expuestos a las balas del atentado personal y al exilio forzado, las armas blandas se dirigen al asesinato moral. ¿Cómo explicará el señor Vicefiscal la vinculación al Carrusel de la Contratación del esposo de la candidata de la oposición cuando el no ostentaba el cargo de concejal durante el cuatrienio aludido? Y se  trata del interrogatorio sobre hechos pasados, ¿por qué el anuncio mediático en medio de once personas más a las que no aludió ni se explayó en calificativos denigrantes como los utilizado para referirse a Carlos Romero quién se apresuró a exigir que lo llamaran con carácter urgente para responder y dar la cara con su talante de hombre de bien? ¿Coincidencia o fatalidad que nuestra página web sufrió un ataque cibernético incontenible y no teníamos cómo comunicarnos con nuestros seguidores? ¿Coincidencia o fatalidad que otra página web pagada publicidad en Google para que las palabras clave “polo democrático” se asociaran a su nombre www.pulzo.com y nuestros seguidores, haciendo click en nuestro nombre, terminaran en otra página que publicitaba al Presidente Santos y a la Fundación Buen Gobierno?

Quiero decirles que estamos preparados. Nada ni nadie, sino la muerte misma nos impedirá cumplir con la tarea encomendada. A ustedes me debo y en ustedes confío para dar las directrices a seguir. Vamos a elegir una bancada que supere la actual en número y contundencia. A los candidatos y candidatas les estamos colocando la vara muy alta. Los senadores y representantes actuales y que repiten unos en Cámara y otros en Senado, han sacado la cara por el Congreso colombiano, sumido en la mermelada, el desprestigio y el oficialismo más vergonzante. Nos dicen que a todo votamos no. Les respondemos, bueno a casi todo, porque fíjense. ¿Qué tal haber votado la fallida reforma de la justicia que consagraba la impunidad para los congresistas o la reforma constitucional de la sostenibilidad fiscal que con sus desarrollos legales está convirtiendo en formalidad la tutela a la usanza del “se acata pero no se cumple”? Y ¿el fuero militar? Y ¿la reforma de la salud? Y ¿la acumulación de baldíos de la reforma agraria? Y si pasamos a los debates del control político. Son la voz cantante de la dignidad, de la defensa de los débiles y de la soberanía nacional.

Compañeras y amigos: Para nadie es un secreto que los vientos soplan en nuestro favor. Tenemos que mencionar con mucha fuerza el triunfo de Michelle Bachelet. Nadie duda que en la segunda vuelta, la candidata de la Unidad Popular chilena derrotará ampliamente a los candidatos de la derecha y a los pinochetistas. Este triunfo de Bachelet reafirma una vez más que si es posible realizar los cambios de manera pacífica.

Compañeros brindémosle un aplauso caluroso la futura Presidenta de Chile que nos está señalando el camino para derrotar las aspiraciones reeleccionistas de Santos y al candidato de la ultraderecha. Saludamos y festejamos los triunfos de la izquierda dentro y fuera del continente, pero aprovechamos para expresar que nosotros estamos, a través de la convergencia, estamos construyendo nuestro propio camino, el camino colombiano para el cambio democrático.

JURAMENTO

Compañeras y compañeros, para finalizar quiero invitar a que tanto los candidatos y candidatas como los asistentes nos pongamos de pié para hacer un juramento solemne expresándole desde aquí a todo el pueblo colombiano que nos comprometemos a desarrollar y cumplir, desde el Congreso y el Gobierno que vamos a conquistar, el programa histórico que garantice la paz, la democracia, la soberanía y l justicia social para todos y todas las colombianas.

Juran ustedes ser consecuentes hasta el final con los intereses del pueblo de Colombia, con la defensa de la soberanía Patria, con la construcción de la reconciliación y de la paz?

¡VIVA COLOMBIA!
LA ALTERNATIVA ES CLARA
LA SOLUCIÓN SOMOS TODOS
¡ARRIBA LA ESPERANZA QUE EL FUTURO NOS PERTENECE!

Bogotá, 27 de noviembre de 2013.

LopezM1

En la Colombia de esta segunda década del siglo XXI el pensamiento político del presidente Alfonso López Michelsen (1913-2007) tiene plena vigencia en cuanto a temas como la relación gobierno-oposición; la persistencia de una estructura económica inequitativa en el país y el monopolio de los medios de comunicación que impide el pluralismo político base de toda democracia.

Por ello, la presidenta del Polo Democrático Alternativo, Clara López Obregón intervino en el acto académico realizado en la Universidad del Rosario el pasado 13 de noviembre para rendirle un homenaje al pensamiento del estadista liberal al cumplirse el primer centenario de su natalicio, con una ponencia que intituló “López: el opositor”.

En su intervención la candidata presidencial del Polo destacó los análisis y advertencias que López Michelsen hizo al país sobre los riesgos y consecuencias de la alternación bipartidista en el poder con el experimento que se conoció con la denominación de Frente Nacional que se prolongó por 16 años (de 1958 a 1974), el cual terminó cerrando los espacios políticos alternativos e impidiendo el pluralismo, esquema además que sigue imperando en la propiedad y manejo de los medios de comunicación que en Colombia constituyen un oligopolio.

López Obregón participó del evento académico que coordinó el director de la revista Semana, Alejandro Santos conjuntamente con los exministros Fernando Cepeda Ulloa y Juan Carlos Esguerra. Asistieron como invitados especiales los hijos del expresidente López Michelsen, Alfonso, Juan Manuel y Felipe López Caballero; el expresidente Ernesto Samper; y el ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez. El acto estuvo presidido por el rector de la Universidad del Rosario, Hans Peter Knudsen.

En Colombia continúa la estigmatización de los sectores de oposición

Al rememorar el protagonismo que como opositor al Frente Nacional cumplió López Michelsen, la candidata presidencial del Polo Democrático sostuvo que casi nada ha cambiado en Colombia desde entonces a hoy en materia de garantías a los sectores de oposición.

Dijo que como hace medio siglo en este país “es prácticamente imposible para el partido de oposición hacer conocer sus puntos de vista de manera autónoma e independiente. No en vano, el acceso a los medios de comunicación sigue siendo uno de los puntos clave en las exigencias de la oposición constitucional y aparece como punto central en las negociaciones de paz en La Habana”.

“Esa mezcla malsana de medios de comunicación y poder económico –agregó López Obregón- se ha continuado desarrollando a tal punto que en la actualidad los principales grupos económicos y financieros son los dueños directos de los principales medios masivos tanto escritos como de la radio y televisión, con concesiones del espectro electromagnético del Estado. No es suspicacia. Si comparamos con Chile, por ejemplo, los nueve candidatos han tenido igualdad de condiciones de acceso a los medios de comunicación”.

La exclusión en los medios llega hasta tal punto en este país, señaló la dirigente política que “la principal programadora privada decide a cuales candidatos invita a los debates, según su “interés noticioso”, como reza la comunicación con que se respondió la queja de la omisión del candidato del partido de oposición en el principal debate, previo a las elecciones atípicas de alcalde de Cartagena, para mencionar sólo un caso”.

Si bien con la caída del Bloque Socialista y la colaboración de Cuba como anfitrión de las negociaciones de paz con la FARC, ya no tiene credibilidad la infiltración comunista extranjera, López Obregón dijo que persiste la estigmatización a toda voz discordante. “Ahora –agregó- se señala la infiltración del Polo Democrático, único partido de oposición, de los guerrilleros y hasta de los estudiantes cuando acompañan a sus mayores en las manifestaciones. Además de la continuada marcartización que señalara López Michelsen, muestra lo poco que ha cambiado el ambiente de estigmatización de la oposición, que desde luego, se ejerce no solamente depositando el voto sino apoyando las luchas sociales que exigen el cambio”.

Igualmente y como a mediados del siglo XX lo denunció López Michelsen también persiste en Colombia “una estructura económica y social desigual que concentra el poder en unas minorías que identifican al Estado con sus propios intereses”

Del Frente Nacional contra el cual López Michelsen abrió baterías por al considerar ese pacto bipartidista como “partido de la burguesía, calculador y frío, que tiene a su servicio el antiguo país político, la gran prensa, la Iglesia y el capitalismo nacional y extranjero” bajo cuya “tenaza” serían proscritos, no solo los comunistas y los socialistas sino los liberales y los conservadores disidentes de los oficialismos bipartidistas, aun quedan secuelas, dijo López Obregón.

En efecto, señaló, de ese pacto entre liberales y conservadores “quedó abierto el camino para los gobiernos hegemónicos que se convirtieron en una cultura nacional que todavía sobrevive, aún después de expedida una nueva Constitución para ensayar establecer, entre otros el binomio democrático de Gobierno-Oposición y los derechos sociales y económicos de las clases excluidas a título de derechos universales”.

El hecho contundente de esa herencia precisó la dirigente del Polo es que “después de más de 30 reformas constitucionales a las que el acuerdo Constituyente de 1991 ha sido sometido, se aprecia una reducida distancia entre la distribución milimétrica del botín presupuestal y de puestos del Frente Nacional que López denunciara y la novedosa denominación de “mermelada” con que describen sin pudor republicano la repartición de canonjías entre los integrantes de la coalición gobernante de la Unidad Nacional con las que el presidente Santos mantiene aceitadas a las mayorías parlamentarias de los partidos coaligados ya sin fronteras entre sí,  que votan en el Congreso todo lo que les plantea el Ejecutivo. La deliberación pública en la que la voz de la oposición debe jugar el papel de crítica, control y alternativa considera un mal necesario en los debates congresionales. Tan se confunde en la actualidad la mayoría parlamentaria oficialista con el Congreso mismo que el periódico El Tiempo trocó en titular de primera plana un acuerdo entre la Mesa de Unidad Nacional y el Gobierno para sacar avante la fallida reforma de la Justicia con un entendimiento entre el Congreso en pleno y el Ejecutivo. Pienso que López estaría de acuerdo de que tan dañino para el principio democrático perseguir a la oposición como ignorarla y avasallar su crítica con el silencio”.

“Como trasfondo de esa democracia restringida impermeable a las instituciones de la Constitución de 1991 que se ha demostrado incapaz siquiera de expedir el Estatuto de la Oposición que ordena el artículo 112, Colombia todavía padece el conflicto armado que se gestó a la par con el Frente Nacional y bajo los dogmas que instauró”.

PONENCIA DE CLARA LÓPEZ

El texto de la intervención de la presidenta del Polo Democrático Alternativo es el siguiente:

VIGENCIA DEL PENSAMIENTO POLÍTICO DE ALFONSO LÓPEZ MICHELSEN

LÓPEZ: EL OPOSITOR

Desde sus primeros escritos a comienzos de los años 40, Alfonso López Michelsen se caracterizó por una pluma crítica que le granjeó incomprensiones y no pocos detractores. Setenta años después muchas de sus apreciaciones siguen teniendo una vigencia extraña debido a dos factores interrelacionados: (i) su capacidad para tomarle el pulso a las profundas corrientes sociales y atisbar con premonición los eventos futuros y (ii) la persistencia en Colombia de una estructura económica y social desigual que concentra el poder en unas minorías que identifican al Estado con sus propios intereses. Él mismo trae a colación, por ejemplo, cómo desde 1943 en su artículo “Ocaso de la Constitución” llegó a contemplar la ocurrencia de hechos divisorios como los del 9 de abril sobre los cuales todavía gravitan las causas del conflicto armado colombiano (López 1955, p. 20-21).

LopezM2

De sus agudos análisis he seleccionado la vertiente del López opositor, para resaltar la vigencia de  las ideas y de los principios liberales que profesaba con entereza y que en la actualidad todavía no se han consolidado en su ejercicio efectivo, a pesar de que en ellos se debe y se puede fincar la paz social en sociedades pluralistas convulsionadas como la colombiana, con sus divisiones de clases, enfrentamientos de intereses y diversidad de credos, ideologías y razas. López Michelsen no se cansaba de repetir que el liberalismo, entendido como filosofía y no como bandera partidista, “no fue fruto de la civilización sino que, por el contrario, la civilización fue hija de estos principios abstractos de tolerancia y respeto con la oposición” (López 1963, p. 240).  Se refería a la genialidad de Enrique IV que se convirtió al catolicismo para poder gobernar a Francia y que con la expedición del Edicto de Nantes que concedió la libertad de conciencia a Hugonotes y Católicos, por igual, dio por terminada la lucha religiosa fratricida que diezmaba al pueblo francés, en la cual la Corona había terciado a favor de uno de los bandos. Esta prédica de tolerancia y respeto por las ideas de los demás, antecedió a la primera Violencia, con V mayúscula, como se conoce la guerra civil no declarada entre los dos partidos históricos y no cejó en ella hasta el fin de sus días.

Inicia su carrera política activa en los albores del Frente Nacional del cual fuera inspirador su padre, Alfonso López Pumarejo (Tirado 1977), con dos ideas centrales, complementarias entre sí: “la necesidad de restablecer sobre nuevas bases el binomio Gobierno-Oposición como base del Estado” (López 1963, p.197) y la de afrontar el fenómeno de la violencia atendiendo a sus orígenes como “protesta contra el desajuste económico y social imperantes” que obliga a una reconsideración de los fundamentos de la organización económica colombiana (p. 191). López Michelsen se debatirá en ese ciclo inicial como contradictor del círculo cerrado o “club del Frente Nacional” (p. 226) y como dirigente del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) con su programa SETT, de salud, educación, techo y tierra para el pueblo colombiano (p. 270).

Binomio Gobierno Oposición

Como integrante de la Comisión Paritaria de Reajuste Institucional que elaboró el Plebiscito de 1957, López votó la reforma que establecía la repartición paritaria entre los dos partidos tradicionales de la totalidad de los cargos de las tres ramas del poder público, incluidos los de elección popular. El Frente Nacional se presentaba por todos los partidos y sectores de opinión como la única tabla de salvación para dar por terminada la confrontación liberal conservadora que había cobrado más de 300.000 muertos entre 1948 y 1958 (Borda, Guzmán y Luna 1962), como secuela del desbordamiento social ocurrido con ocasión del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y la imposición del Estado de sitio que desde entonces decretó el gobierno y que consolidó la dictadura, con la prohibición de las reuniones públicas, la censura de la prensa hablada y escrita, la  proscripción de todo derecho de opinión y la utilización de la fuerza pública en contra de la población, principalmente liberal.

Durante el periodo proyectado de rehabilitación democrática López aceptó la paridad por considerar que representaba una conquista para la oposición ya que con esa figura se sentarían las bases para “rescatar para los inconformes el derecho a disentir de las orientaciones oficiales, sin verse atropellados en sus personas, honra y bienes, y, tratándose de los partidos políticos, sin que la pérdida del control del gobierno acarreara el despido en masa de los vencidos” (p. 197). A lo largo de sus escritos sobre la materia resalta una y otra vez la necesidad de crear un estatuto de constitucionalidad y legalidad para la oposición con el objeto de que esta se reincorpore a la vida pública “dispensándola de la necesidad de recurrir a los golpes de estado o a la insurrección multitudinaria como únicos medios eficaces para propiciar el cambio de los hombres y de los sistemas” (p. 189). Aceptaba la opinión general en el sentido de que la convalecencia de la democracia exigía medidas excepcionales pero estas las equiparaba como necesaria terapéutica para afianzar la oposición.

Con todo, el propio López Michelsen señala en sus escritos una de las más graves contradicciones comprendida en esta justificación de recorte de la democracia: la exclusión de los socialistas y de los comunistas y de cualquier nuevo partido que llegara a conformarse con la explicación que no convence del todo de que la prohibición de terceros partidos “no respondía a nada distinto que a una necesidad aritmética que nada tiene que ver con el anhelo de establecer un monopolio del poder público,” (202).  Sin embargo, pronto llegó el desengaño. Cuando tomaba posesión de la Presidencia de la República el primer presidente del Frente Nacional, Alberto Lleras Camargo, en 1958, ya se tenía proyectada una reforma constitucional que establecería la alternación del cargo de primer mandatario entre el partido conservador y el liberal por tres periodos más, hasta 1974 y se preparaba la nueva doctrina de seguridad nacional para acallar el descontento social y político.

En una carta enviada desde México en 1958, López Michelsen abre baterías contra la metamorfosis del Frente Nacional en “partido de la burguesía, calculador y frío, que tiene a su servicio el antiguo país político, la gran prensa, la Iglesia y el capitalismo nacional y extranjero” (209) bajo cuya “tenaza” serían proscritos, no solo los comunistas y los socialistas sino los liberales y los conservadores disidentes de los oficialismos bipartidistas. Denuncia cómo la institución de la paridad originalmente ideada para establecer “un vínculo de respeto y coparticipación entre el gobierno y la oposición” estaba en vía de convertirse en “un vínculo de codicia entre liberales y conservadores,” sin relación alguna con el conflicto que se buscaba solucionar consistente en “no hacer insoportable la derrota a los vencidos y convertir la defensa de las instituciones en una bandera común a toda la ciudadanía” (214). Desde ese entonces,López el opositor veía los riesgos del sistema cerrado que estaba convirtiendo al Frente Nacional en un dique para impedir el cambio político y social mediante la restricción consentida del libre juego democrático.

Desaparecida la competencia electoral, incluso en la elección de Presidente de la República en la cual se fraguaría el partido de Gobierno y el partido de Oposición, quedaba abierto el camino para los gobiernos hegemónicos que se convirtieron en una cultura nacional que todavía sobrevive, aún después de expedida una nueva Constitución para ensayar establecer, entre otros el binomio democrático de Gobierno-Oposición y los derechos sociales y económicos de las clases excluidas a título de derechos universales. Sin embargo, después de más de 30 reformas constitucionales a las que el acuerdo Constituyente de 1991 ha sido sometido, se aprecia una reducida distancia entre la distribución milimétrica del botín presupuestal y de puestos del Frente Nacional que López denunciara y la novedosa denominación de “mermelada” con que describen sin pudor republicano la repartición de canonjías entre los integrantes de la coalición gobernante de la Unidad Nacional con las que el Presidente Santos mantiene aceitadas a las mayorías parlamentarias de los partidos coaligados ya sin fronteras entre sí,  que votan en el Congreso todo lo que les plantea el Ejecutivo. La deliberación pública en la que la voz de la oposición debe jugar el papel de crítica, control y alternativa considera un mal necesario en los debates congresionales. Tan se confunde en la actualidad la mayoría parlamentaria oficialista con el Congreso mismo que el periódico El Tiempo trocó en titular de primera plana un acuerdo entre la Mesa de Unidad Nacional y el Gobierno para sacar avante la fallida reforma de la Justicia con un entendimiento entre el Congreso en pleno y el Ejecutivo. Pienso que López estaría de acuerdo de que tan dañino para el principio democrático perseguir a la oposición como ignorarla y avasallar su crítica con el silencio.

Como trasfondo de esa democracia restringida impermeable a las instituciones de la Constitución de 1991 que se ha demostrado incapaz siquiera de expedir el Estatuto de la Oposición que ordena el artículo 112, Colombia todavía padece el conflicto armado que se gestó a la par con el Frente Nacional y bajo los dogmas que instauró. A falta de voluntad bipartidista para ampliar la democracia política y económica frente a las crecientes demandas de una población en proceso de urbanización acelerada, afloró nuevamente la violencia, en particular la que se puede atribuir a la exclusión política del Frente Nacional en el contexto de la Revolución cubana que le envió un frío a las clases dominantes del continente latinoamericano, entonces y todavía, el más desigual sobre la tierra. Desde comienzos de los años sesenta, llegaron y se instalaron en Colombia las misiones militares de los Estados Unidos y se adoptó como dogma la teoría de la seguridad nacional según la cual la inconformidad social y política que se manifiesta cuando los sectores sociales se movilizan para exigir mayores beneficios, no corresponde a las condiciones objetivas del país sino a la infiltración del comunismo internacional.

En febrero de 1961 se reunió en Bogotá, la Convención Liberal a la que acudieron los parlamentarios elegidos por el MRL ante la cual López, el Opositor expresó una de sus más contundentes críticas que reflejan las corrientes subterráneas que nuevamente afloran en los paros agrario, estudiantil, indígena o minero de la actualidad. Ya había intervenido el Presidente de la Dirección Liberal invitando al Partido a luchar contra el comunismo cuando López interpeló a los convencionistas. “¿Será acaso factor real de poder en la vida colombiana el comunismo?”¿Podrá ser el objeto del partido liberal colombiano luchar contra el comunismo? (…) ¿Qué es lo que amenaza en Colombia a las pequeñas empresas? ¿Qué es lo que amenaza a las pequeñas cervecerías que aún quedan en el territorio colombiano? ¿El comunismo? ¿Fidel Castro? ¿O no será acaso un monopolio gigantesco, que hace desaparecer sociedad tras sociedad (…) acreedor a toda la protección del Estado en la opinión de sus accionistas? (…) ¿Desaparecieron en razón de doctrinas extranjeras o sucumbieron por ese proceso gradual de absorción sucesiva que ha hecho que la vida colombiana se asfixie poco a poco en manos de cinco o seis monopolios? (…) ¿El comunismo? No. Esta organización monopolística de la sociedad colombiana, que está haciendo intolerable para los más el dominio de los menos” (47).

Con la caída del Bloque Socialista y la colaboración de Cuba como anfitrión de las negociaciones de paz con la FARC, ya no tiene credibilidad la infiltración comunista extranjera, pero ahora se señala la infiltración del Polo Democrático, único partido de oposición, de los guerrilleros y hasta de los estudiantes cuando acompañan a sus mayores en las manifestaciones. Además de la continuada marcartización que señalara López Michelsen, muestra lo poco que ha cambiado el ambiente de estigmatización de la oposición, que desde luego, se ejerce no solamente depositando el voto sino apoyando las luchas sociales que exigen el cambio.

Ni la oposición, ni los sectores sociales que abogan por transformaciones políticas, sociales y económicas han recibido el tratamiento de igual respeto y consideración dentro del juego político colombiano, que no ofrece de un campo nivelado de juego. Ello tiene que ver con otra de las grandes y valerosas actitudes del López opositor, cuando en plena Convención Liberal de agosto de 1961 señaló, con nombres propios, las motivaciones y finalidades ocultas detrás de la formación de una organización sin ánimo de lucro financiada con los fondos de las sociedades anónimas que denominó La Mano Negra ¿Qué tal –interrogaba a sus copartidarios en plena Convención- haber luchado contra la censura de prensa bajo la dictadura para tener que humillarse en la actualidad ante la Mano Negra e ir a solicitar anuncios para los cuales la condición es que unos técnicos extranjeros examinen si contienen ideas sanas o ideas subversivas?” (49).

Esa mezcla malsana de medios de comunicación y poder económico se ha continuado desarrollando a tal punto que en la actualidad los principales grupos económicos y financieros son los dueños directos de los principales medios masivos tanto escritos como de la radio y televisión, con concesiones del espectro electromagnético del Estado. No es suspicacia. Si comparamos con Chile, por ejemplo, los nueve candidatos han tenido igualdad de condiciones de acceso a los medios de comunicación. En Colombia, la principal programadora privada decide a cuales candidatos invita a los debates, según su “interés noticioso”, como reza la comunicación con que se respondió la queja de la omisión del candidato del partido de oposición en el principal debate, previo a las elecciones atípicas de alcalde de Cartagena, para mencionar sólo un caso.

Hemos avanzado desde cuando Alfonso López Michelsen se enfrentó al Frente Nacional al presentarse como candidato del MRL a la presidencia de la República en el año 1962 cuando le tocaba el turno a Guillermo León Valencia, el candidato conservador. Relataba cómo logró salir en una sola ocasión en la televisión. Para ello fue menester hacer toda clase de compromisos para limitarse a hablar con su interlocutora, Gloria Valencia de Castaño,  sobre las orquídeas de La Sabana. Con todo, es prácticamente imposible para el partido de oposición hacer conocer sus puntos de vista de manera autónoma e independiente. No en vano, el acceso a los medios de comunicación sigue siendo uno de los puntos clave en las exigencias de la oposición constitucional y aparece como punto central en las negociaciones de La Habana. El foro público por excelencia son hoy los medios de comunicación y los que se emiten por el espectro propiedad del Estado, incluidos los canales oficiales, deben hacer partícipes de esas ondas, en igualdad de condiciones, a todas las ideas, así no las compartan.

En resumen, López Michelsen no fue solamente un dirigente político sino un agudo estudioso de la realidad nacional que diagnosticó en forma certera la situación política del momento que le correspondió vivir y moldear. Su autocrítica con los principios que informaron el Frente Nacional tienen que ver con la ambivalencia que lo condujo a cálculos electorales con sus consecuencias. Con todo, su pensamiento irradia todavía las expectativas del desarrollo política colombiano porque en efecto siguen vigentes sus inquietudes y anhelos alrededor de la paz y la democracia que se encuentra desde entonces en un Statu quo de signo negativo. El estudio de la obra política del López opositor debería servirnos en este memento para profundizar en la necesidad de una verdadera democracia pluralista que sirva de fundamento para una paz sostenible en donde, sin ninguna clase de autoritarismo y estigmatización se respete la presencia de la oposición como fuerza alternativa.

BIBLIOGRAFÍA

 

Borda, O., Guzmán, G. y Umaña, E. (1962). La Violencia en Colombia, Vol. I. Bogotá, Colombia: Universidad Nacional – Editorial Iqueima.

López Michelsen, A. (1955). Cuestiones Colombianas. Impresiones Modernas S.A. México, D.F.

López Michelsen, A. (1963). Colombia en la Hora Cero. Volúmenes I y II, Ediciones Tercer Mundo. Bogotá, Colombia.

López Michelsen, A. (1970). Posdata a la Alternación. Populibro. Bogotá, Colombia.

Tirado, T., (1977) Alfonso López Pumarejo: His contributions to reconciliation in Colombian politics, Filadelfia, EEUU. Temple University.

Clara López Obregón
Noviembre 13 de 2013
Universidad el Rosario.

DISCURSO INSTALACIÓN EQUIPOS PROGRAMÁTICOS
CAMPAÑA PRESIDENCIAL

Nos hemos convocado hoy para emprender una de las tareas más significativas de la participación política: la de contribuir a construir de manera participativa e incluyente el programa de Gobierno que llevaremos como opción política alternativa a consideración de la sociedad colombiana en el próximo debate electoral. En función de ello en este salón se encuentran personas de las más diversas características y orígenes: Hombres y mujeres con reconocidos títulos académicos y profesionales, jóvenes universitarias abriéndose paso en la vida, experimentados sindicalistas, mujeres trabajadoras y hombres con callos en las manos, todos y todas con el compromiso . Aquí estamos personas de todos los pueblos que componen el gran crisol de razas que integran el alma y la cultura de nuestro gran país.

Nos reunimos en momentos en que amplios sectores de la población dejan de lado la sumisión engendrada por la violencia y el miedo y salen a los caminos, carreteras y calles de Colombia a expresar su inconformidad, su indignación y su rebeldía con la desigualdad, la injusticia y la ausencia de un futuro cierto para sus hijos e hijas y para ellos mismos en la vejez.

Un programa de Gobierno alternativo debe dar respuestas a las demandas sociales que no han estado en el centro del interés de los gobiernos tradicionales acostumbrados a hacer campaña con las necesidades de la gente para seguir gobernando en función de la defensa del estado de cosas existente, del llamado status quo, identificado con privilegios que la democracia apenas ha tocado en la epidermis.

El programa que hoy nos convoca debe surgir de la interpretación de la realidad, de las falencias del Estado y de sus políticas para encontrar el camino más efectivo para transitar la distancia entre lo que tenemos y lo que deseamos, sin caer en el simplismo y mucho menos en la demagogia. Conocemos muy bien los derechos y sabemos que su realización tiene costos. De eso se trata. De establecer la prioridades y redireccionar los recursos con la consciencia de la gobernante, de la profesora de hacienda pública y de la ciudadana honesta que ha aprendido en el trasegar de la academia y de la política que una sociedad que no esté dispuesta a pagar impuestos, no tiene garantizados sus derechos, porque todos, absolutamente todos los derechos, cuestan.

Aunque son muchos los temas que debe abordar un programa alternativo de lo cual da fe en cuadernillo de metodología que se ha distribuido, quisiera centrarme en estas palabras introductorias en cuarto ejes fundamentales que los comprenden en la perspectiva un programa de cambio. Me refiero a la Paz, la Democracia, la Soberanía y la Justicia, particularmente en su acepción social.

Paz

Hoy, finalmente, después de que por décadas desde la izquierda democrática reclamábamos una solución política y negociada al conflicto armado, Gobierno e insurgencia se encuentran en medio de complejos diálogos. Reiteramos que esos diálogos tienen todo nuestro respaldo y que ojalá lleguen a feliz término durante el mandato del Presidente Santos, que acuerden un mecanismo de refrendación al cual podamos dedicar el mejor de nuestros esfuerzos para su aceptación por parte del pueblo colombiano. De otra parte, si se dilaten las negociaciones, también queremos dejar en claro que las continuaremos en caso de salir nuestra propuesta favorecida por el pueblo colombiano.

Cualquier Gobierno que aspire a ser alternativo e innovador debe dedicarle mucho esfuerzo y tiempo a construir una cultura de paz. Es una vieja deuda que tenemos con el pueblo colombiano que ha vivido al vaivén de la violencia estimulada por los sectarismos, los intereses económicos mezquinos de las clases gobernantes y de los partidos tradicionales. En efecto, compañeras y amigos: Me propongo estatuir como objetivo principal del próximo gobierno alternativo ayudar a cimentar una cultura de paz que es tanto como una cultura de la tolerancia y el respeto capaz de transformar radicalmente la concepción intemperante que hemos tenido en las relaciones con nuestros semejantes. Relaciones que no pueden ser de violencia y de fuerza sino de comprensión y respeto por la diferencia, por las creencias y sentimientos de nuestros vecinos y de nuestros contradictores.

Una cultura de la paz no puede ser el resultado del dictamen de un sabio o de una pitonisa ni mucho menos de la imposición autoritaria de una clase dominante. El principal esfuerzo se debe comprometer en las aulas, en la televisión y en el seno de la familia, con la protección del Estado y el ejemplo de los gobernantes. Crear cultura de paz es una tarea titánica que involucra la disposición de respetar las opiniones distintas y las contrarias a las nuestras. Tiene un profundo contenido humano porque involucra el respeto a la vida, a la dignidad y la integridad física, cultural y sicológica de todos y todas. Significa darle vigencia plena al principio que siempre hemos repetido pero que no hemos aplicado: “los derechos propios terminan dónde empiezan los derechos de los demás” y comprende la lección cristiana que está en la base del imperativo categórico kantiano: “Haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti” (Mt 7, 12).

Cuando surgen contradicciones entre derechos opuestos es la Ley y no la violencia ni la influencia la encargada de resolverlas, por lo que la cultura de paz exige un sistema judicial impoluto y valga la redundancia, justo, ciego al poder y al dinero, estricto pero misericordioso, que solamente una democracia auténtica puede construir y esa reforma de la Justicia será una de nuestras prioridades.

La construcción de paz y la reconciliación serán las directrices del posconflicto que deberá asumir, no solamente la reparación de las víctimas, la restitución de sus tierras y el compromiso ineludible con la verdad y la garantía de no repetición, sino que deberá afrontar una crisis humanitaria de enormes proporciones de la población que ha recibido en su territorio las peores manifestaciones del conflicto. Haciendo eco de las conclusiones de la Comisión de Memoria Histórica, elaboraremos un plan de urgencia humanitario para los doscientos municipios más afectados por la guerra.

Democracia

Como es fácil de comprender, solo será posible construir una paz que se prolongue en la mente y en la vida de las futuras generaciones si el nuevo ambiente de tolerancia, si la cultura de paz se construye al amparo de una democracia pluralista e integral.

Con el proceso Constituyente 1991, muchos nos hicimos la ilusión de la nueva Constitución que se anunciaba como el pacto de paz entre los colombianos y colombianas, crearía además las condiciones para una democracia ampliada, pluralista, donde la participación del pueblo fuera decisiva en la conducción de los destinos del país. Pero tenemos que afirmar que nos equivocamos porque mientras los sectores de avanzada que participaron en la redacción de la Constitución perfeccionaban la Carta de derechos y los enunciados generales favorables a la democracia y el pluralismo, los representantes del neoliberalismo se sentaron a diseñar una nueva Constitución económica. Fue así como la nueva forma de Estado social de derecho con su garantía de realización de derechos humanos sociales, económicos y colectivos entendidos como derechos judiciables y exigibles, se estrelló con el contenido del capítulo económico que erigió en derechos, igual de fundamentales, la libre competencia, la privatización de los servicios públicos y sociales y la renuncia del Gobierno al manejo integral de la política económica, pieza angular del modelo neoliberal importado, sin beneficio de inventario, en proceso de implantación.

La mayor ingenuidad de los Constituyentes progresistas se revela en la facilidad con que consagraron la reforma de la Constitución. Basta una mayoría calificada de la mitad más uno de una y otra cámara en un procedimiento igual de expedito que el de una ley cualquiera para reformar el consenso originario. Ya van 35 modificaciones, orientadas la inmensa mayoría a arrinconar el Estado social, limitar el pluralismo político y reconcentrar el poder omnímodo de la institución presidencial. Es una Constitución que ha sido desvertebrada en su esencia y que se alejó de los postulados esenciales del Estado social y democrático de derecho que pregona.

Al amparo de esta Constitución desnaturalizada hizo carrera la interpretación contraria del principio de igualdad, tan esencial para la vigencia de una democracia plena. En vez de acción afirmativa a favor de los débiles, se aplicaron las herramientas de política más robustas en beneficio de los más aventajados con el establecimiento de privilegios tributarios y subsidios multimillonarios para las grandes empresas y se abrió paso el fortalecimiento de los monopolios y sus precios de ganancias exageradas que dejan en la imposibilidad de sobrevivir a pequeños y medianos campesinos e industriales para que puedan jugar un papel positivo en el proceso económico nacional. Sin lugar a dudas, la concentración de poder económico se ha traducido en concentración de poder político, lo que afecta seriamente la calidad de la democracia y del sistema de representación que parece responder más al criterio plutocrático de “un dólar un voto” al democrático formal de “una persona un voto”. Este déficit de democracia reproduce la desigualdad. Por eso no reviste sorpresa alguna que ostentemos los indicadores de concentración de la riqueza y de los ingresos más acentuados de la tierra. Medidos por el coeficiente de Gini donde lo más cercano a uno es más desigual tenemos un coeficiente de 0,55 en materia de ingresos, de 0,88 en materia de tenencia de la tierra y del 0,80 en propiedad accionaria, que se han desmejorado a partir de la Constitución de 1991.

De manera simultánea, se le notificó por conducta concluyente al aparato productivo nacional que la mejor política industrial o agraria es ninguna política, echando a la basura la experiencia acumulada del Estado en su promoción de de la diversificación productiva, el desarrollo rural integrado, la reforma agraria y la institucionalidad del fomento del trabajo y la empresa nacional; experiencia propia, nuestra, criolla, la que mi maestro Albert Hirschman alguna vez denominó el “manifiesto latinoamericano” que enseñó lecciones al mundo y que en nuestro programa tendremos que recuperar para analizarlas y actualizarlas al tiempo actual y sus problemas.

Con la nueva Constitución económica se consolidó el atraso, el estancamiento y la desigualdad en el campo y las ciudades. La parálisis y el retroceso en el sector industrial se refleja en el significativo aumento de la informalidad y del desempleo alrededor de lo cual se han desarrollado nuevas modalidades de violencia como el secuestro, la extorsión, la violencia contra los niños y las mujeres y el desamparo de quienes viven en la tercera edad. Por eso, lo que planteamos desde el Polo Democrático Alternativo es construcción del Estado social de derecho en toda su dimensión democrática, pero haciendo énfasis en la cuestión social que es donde flaquea el ordenamiento jurídico actual del país.

Queremos democracia para que haya pluralismo en el desarrollo económico del país. Para que la oposición pueda sobrevivir sin estigmatizaciones y sin agresiones verbales y físicas como las que hemos experimentado en esta última etapa. Queremos una verdadera democracia con presencia de la oposición en los órganos rectores electorales, en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, en la Junta Directiva del Banco de la República, porque sin la vigilancia de la oposición no puede hablarse de elecciones libres, porque en ausencia de una deliberación sobre las distintas alternativas de política de cara al país, no se puede acertar en la toma de decisiones.

Queremos democracia e igualdad para todas las poblaciones discriminadas. Es tanta la discriminación que estando en la Alcaldía ideamos una campaña pedagógica que sólo alcanzó su primera fase. Se denominaba “Me llevas en tu sangre, no me discrimines” y la ilustramos con indígenas, gente pobre, afrodescendientes, Rrom, Raizales, LBBTI y desde luego mujeres, muchas mujeres. No puede ser que todavía estemos luchando por el control de nuestro cuerpo, por la igualdad con el sexo complementario, por no ser golpeadas por escoger una opción sexual diferente. Piensen por un momento si una sociedad democrática puede tolerar por más tiempo discriminación sobre discriminación.

Ha llegado el momento de decirle otro “¡Basta ya!” a la falta de democracia pluralista en Colombia. La política económica es la savia de la democracia y no puede seguir siendo el monopolio de una tecnocracia que no le rinde cuentas al pueblo. El fundamentalismo de mercado está echando agua aquí y en todas partes. Por eso salen a las calles los indignados de todas las naciones a protestar por la desigualdad, por la falta de consideración, por no recibir un trato igual y digno de parte de las autoridades, en fin, claman y reclaman, clamamos y reclamamos democracia.

Soberanía

El tercer eje de nuestra propuesta programática es el de la soberanía, nuestra casa común, con todas sus acepciones y derivaciones. En efecto, necesitamos soberanía en primer término para defender nuestra integridad territorial, recientemente cercenada con el fallo de la Haya que contó con la observancia y mirada contemplativa de distintos gobiernos que no fueron capaces de vigilar y de participar en los debates del Tribunal Internacional mostrando los derechos de Colombia y de su pueblo raizal que nos han sido cercenados. Soberanía para defender nuestro territorio. Soberanía para que Colombia no pueda ser usada como base militar para agredir a ningún país del mundo y desde luego, soberanía para poder abordar con evidente interés nacional la exploración y explotación de nuestros recursos naturales.

No negamos la posibilidad de la presencia de la tecnología y de los capitales extranjeros sino que consideramos que cualquier clase de inversión y de asistencia técnica debe ir en función de los intereses nacionales. No puede seguir ocurriendo que la mayor parte de las utilidades obtenidas en materia de explotación minera termine como una exportación de capital en detrimento de su utilización para saldar la deuda social con la población. No pueden desconocerse los derechos de posesión de comunidades indígenas, negras y campesinas a los yacimientos que han explotado ancestralmente. En vez de criminalizarlos y despojarlos, el Estado debe proceder a formalizarlos e incluirlos en la necesaria protección ambiental que haga de sus explotaciones modelo de sostenibilidad ambiental.

Requerimos también la soberanía alimentaria cuyo contenido y objetivo principal debe ser el de garantizar, con el apoyo del Estado, que la producción agrícola y también la industrial para satisfacer las necesidades de todo el pueblo colombiano en el presente y en futuro cuando la tierra cultivable empiece a escasear.

Necesitamos ejercer la soberanía en nuestras relaciones exteriores que deben adelantarse con todos los países del mundo, sin importar su ideología, pero basados en el respeto mutuo, el principio de no injerencia en los asuntos internos y la solidaridad de todos los pueblos que habitamos un mundo amenazado por el cambio climático y serias amenazas bélicas. Este principio de soberanía que defendemos con tanto ahínco debe tocar también la necesidad de establecer una nueva modalidad que tiene que ver con el comercio exterior de nuestro país y la autonomía de nuestras autoridades para adoptar las decisiones económicas que más convengan. El ejemplo más claro que tenemos de la falta de soberanía tiene que ver con la suscripción del TLC con los Estados Unidos, cuya aparente inmodificabilidad que sería contraria al derecho internacional de los tratados, hemos conocido por boca de un embajador. ¿Cómo puede ocurrir que el pueblo permanezca ignorante del contenido de los tratados que suscribe el Gobierno cuando tienen tanta trascendencia sobre la vida, la soberanía alimentaria y demás derechos del pueblo colombiano? ¿Es aceptable acaso que Colombia suscriba un Tratado de Libre Comercio que no puede ser modificado ni reajustado? ¿Un tratado de carácter eterno que nos pone en condiciones de desigualdad permanente para el ejercicio de nuestra soberanía económica? ¿Es aceptable que un Tratado de esa naturaleza sea negociado en secreto y se ponga en vigencia a espaldas del propio pueblo colombiano en cuyo nombre se suscribió?

Y ¿qué tal los tratados de seguridad inversionista que colocan al capital nacional en condiciones de desigualdad con la inversión extranjera?

Nuestra propuesta de soberanía no es una propuesta chauvinista. Por el contrario es una propuesta que respeta todas las vertientes del pensamiento político, social, económico y religioso universal. Desde luego, nuestra propuesta alrededor de la soberanía debe incluir una política seria y constructiva en materia fronteriza. Vamos a defender nuestras fronteras y territorios y a respetar las fronteras y territorios de nuestros vecinos. La colombianidad no debe ir de la Capital a la frontera sino de la frontera a la Capital, con una ocupación democrática del territorio que garantice a todos los habitantes la presencia integral del Estado en todas sus dimensiones y no como hoy que se limita, si acaso, a la presencia militar.

Justicia social

El cuarto eje de nuestra propuesta es la justicia social que atraviesa los tres ejes anteriores. Si no hay justicia social se resienten los propósitos de paz y su ausencia es la mejor medida del déficit de democracia. Para nadie es un secreto que sin justicia social es muy difícil edificar una paz duradera y la democracia es una caricatura política cuando no está cimentada en la justicia social. Tampoco puede hablarse exitosamente de soberanía en un país cercado por la desigualdad y la pobreza.

Por más que los distintos gobiernos se interesen en darle un maquillaje a la problemática social es prácticamente imposible negar lo que está sucediendo en Colombia. En lugar de diseñar con sostenibilidad fiscal las políticas sociales de realización de derechos que ordena la Constitución, el Gobierno se limita a entregar subsidios de aproximadamente un 10% de un salario mínimo legal a unas 2.5 millones de familias pobres que a su vez cumple una función electoral, como le refleja un estudio del CEDE de la Universidad de los Andes que encontró una mayor correlación entre el número de familias receptoras del beneficio y los votos por un candidato presidencial que con los niveles objetivos de pobreza en el mismo municipio.

Si bien es cierto que esta política asistencialista por lo menos algo da a los más pobres, lo cierto es que un programa democrático y alternativo no debe limitarse a tan limitado objetivo. Nuestra obligación es la de diseñar políticas públicas a partir de la garantía de derechos, única salida real de la pobreza y la desigualdad.

Una de las manifestaciones más duras de la injusticia social se refleja claramente en la aguda problemática del desempleo. Una ocupación digna, es a la postre, la única garantía para vencer la pobreza de manera sostenible. En la actualidad según los datos suministrados oficialmente por el DANE el índice de desempleo se ubica en guarismos cercanos al 10%. Es una cifra que oculta la realidad de la precariedad del pueblo colombiano. Realmente nos quieren hacer creer que una persona que trabaja unas pocas horas al mes se encuentra ocupada. Lo cierto es que de los 10 millones de ocupados, 5 millones pertenecen al denominado sector informal que no es otra cosa que el rebusque o el trabajo familiar sin remuneración. Por eso, una propuesta alternativa tiene que contemplar la necesidad de un desarrollo industrial sostenido y sostenible que rompa las compuertas de las importaciones de todo lo que producimos y somos capaces de producir eficientemente en Colombia cuando no somos obligados a competir con subsidios extranjeros, precios exagerados por el abuso de posición dominante en el mercado o regulados por una política económica que confunde los intereses colombianos con los foráneos. Me refiero a los precios en que somos campeones en el vecindario por superar con creces los que pagan los otros países de América latina y que restan competitividad a la producción nacional. La lista es larga y significativa: precio de la divisa, margen de intermediación, cemento, kw de energía eléctrica, gasolina, ACPM, gas, fertilizantes, herbicidas, medicamentos, llamadas de celular.

El propósito de reducir a su mínima expresión el desempleo comienza por diseñar verdaderas políticas de desarrollo agropecuario e industrial, articularlas debidamente con la política macroeconómica y ponerle coto a los monopolios y al abuso de posición dominante mediante una intervención certera para la cual existen los instrumento pero falta la voluntad política por eso de que el poder económico termina por concentrar el poder político. Hay que dar apoyo a los pequeños y medianos productores, a los campesinos ricos para que puedan intensificar la producción agrícola sobre la base precios justos y un inteligente apoyo estatal.

El salario mínimo tiene que servir de instrumento de doble función como lo hizo Lula en el Brasil con reconocido éxito. Su aumento sustancial mejoró la calidad de vida de millones a la vez que profundizó el mercado interno para absorber la producción de los empresarios nacionales del campo y la ciudad. Esa capacidad de pago genera también capacidad de ahorro para que con apoyo del Estado se contemplen inversiones sustanciales en materia de vivienda y se desarrollen mecanismos financieros como créditos con intereses subsidiados o sin intereses como vías de acceso al derecho de vivienda.

Nosotros tenemos autoridad moral y política para hablar de la educación y de la salud como derechos porque en Bogotá, a pesar de y no gracias las limitaciones nacionales, nos pusimos a la tarea de construir Estado social desde el Gobierno. Nuestros planes de desarrollo, los del Polo, se diseñaron con una perspectiva de derechos universales. Es un hecho comprobado de economía política: los derechos garantizados a todos tienen mayor posibilidad de sobrevivir, incluso al fundamentalismo de mercado, que las políticas asistencialistas focalizadas solamente hacia los pobres. Es el caso de la pensión mínima garantizada a todo norteamericano cuando cumple 65 años de edad. Sobrevivió a Regan y a los dos Bush, porque es un derecho igual para todos.

Así se diseño la gratuidad escolar en Bogotá. Este año se gradúa la primera generación de jóvenes que han cursado hasta el grado once en gratuidad. En Bogotá todo niña y niña tiene derecho a un cupo gratuito en los planteles públicos, y hasta cuando abandonamos la Alcaldía la gratuidad se acompañaba del refrigerio, de salud al colegio, del transporte a los que viven alejados y hasta el morral de sueños, útiles escolares para quienes no tienen en su hogar cómo obtenerlos.

Lo propio se contempló en salud, no gracias a sino a pesar de la Ley 100 que convirtió ese derecho en una mercancía. Con el programa de “Salud a su Hogar” equipos interdisciplinarios visitaban casa por casa prestando atención primaria en salud. Llegamos en 2011 a más de 2.5 millones de hogares y creciendo. Fuimos los primeros en ofrecer como derecho la vacunación gratuita contra el rotavirus y el neumococo, responsables del mayor número de muertes infantiles y de la tercera edad por enfermedades respiratorias y gastrointestinales e iniciamos la labor de vacunar a las niñas preadolescentes contra el papiloma humanos. Con mis manos vacuné a la primera niña contra el riesgo de cáncer cervical en su edad adulta en Engativá.

Nuestro programa tiene que ampliar esos derechos a todos y todas las colombianas y no quedarse ahí. Tenemos que recuperar el manejo de la salud como derecho de las manos de la intermediación financiera y extender, como corresponde, a un país de nivel de desarrollo de Colombia, la educación de calidad y gratuita al nivel universitario y técnico. Nuestro deber está en la democratización de la enseñanza técnica y universitaria, porque en el mundo de hoy se constituye en la herramienta esencial para superar y vencer la desigualdad social.

Un programa alternativo tiene que contemplar el derecho al mínimo vital en el consumo de agua potable como el que introdujimos en Bogotá para las familias más pobres y el derecho a no pasar hambre que tanto ahínco ha defendido nuestra única mujer parlamentaria, Alba Luz Pinilla en el Congreso de la República. De la misma manera tenemos que pensar en un programa en grande para que todos los colombianos tengan acceso al libro, a la cultura, al deporte y a la práctica de la música y la investigación de nuestro folclor, nuestras lenguas perdidas, nuestras raíces.

Por un programa alternativo que sacuda los cimientos de la desigualdad, que sea a la vez, realista y realizable. Para ello tenemos que seguir insistiendo en la convergencia más amplia de todas las expresiones democráticas y alternativas de Colombia. Necesitamos una nueva mayoría no una tercería pues quién ha dicho que nosotros somos una amenaza cuando nuestro programa es la Constitución. Amenaza la derecha que busca polarizar entre dos derechas, dos maneras de hacer lo mismo que vienen haciendo desde hace años. Convoquemos pues todos los demócratas a construir un programa alternativo dentro de estos lineamientos generales que todos tenemos que enriquecer, profundizar y corregir cuando concluyamos que hay otra alternativa mejor.

¡Por la Paz en democracia y soberanía!
¡Por la Justicia!
¡Arriba la esperanza que el futuro nos pertenece!

Bogotá, 3 de septiembre de 2013.

Palabras de Clara López Obregón al asumir la Presidencia del Polo Democrático Alternativo
Bogotá, Hotel Tequendama, enero 25 de 2012.

Quisiera empezar por agradecerle a la dirección del Polo Democrático Alternativo, la reanudación de su confianza al entregarme nuevamente la responsabilidad de la Presidencia del Partido en estos momentos cruciales para el proyecto político contenido en nuestro ideario de unidad.

Según nuestros detractores, en las palabras de Hector Lavoe, somos ya un periódico de ayer. Según ellos, el Polo está en las últimas, traicionado por sus otrora líderes, vilipendiado por las acusaciones de corrupción a dos de sus integrantes, un barco que se hunde y que ni un chaman que impide la lluvia o una ampolleta de sangre del Papa lo pueden salvar.

¡Lástima! dicen de un senador como Robledo que con la tercera votación más alta del Congreso y sus intensos debates, serios y documentados, se pierda en ese partido. ¡Lástima! dicen de Carlos Gaviria, que con sus 2 millones 600 mil votos en algún momento representó una ola de cambio que prometía un futuro para el país. ¡Lástima! dicen de gente tan valiosa como Iván Cepeda o Alexander López o Carlina Sánchez, y podría seguir enumerando a todos y cada uno de los dirigentes y militantes hoy presentes en este recinto, porque dicen que en el Polo nunca llegarán a nada.

Con humildad me agrego a la lista. Más de uno me decían al final de mi periodo como Alcaldesa Designada que mi futuro en la política nacional estaba asegurado si hacía lo que tantos han hecho antes, salirme de ese partido condenado.

Compañeros y compañeras, nunca me verán claudicando nuestras banderas.
El Polo es necesario

El Polo encarna las luchas del pueblo colombiano. Donde hay una movilización, una protesta, siempre encontrarán a un o una polista. Por eso nos pueden atacar, nos pueden calumniar, nos pueden traicionar. Pero nunca nos podrán acabar.

¿Porque somos un instrumento necesario? Porque en el mundo esta echando agua ese modelo económico fundado exclusivamente en el mercado y que quiso enviar al olvido la intervención necesaria del Estado para amoldarlo a las necesidades sociales. Hoy en Europa, en Estados Unidos, en Japón se asoma la crisis que ya se acerca a nuestras fronteras. El Polo dice que otro mundo si es posible.

Porque Colombia es un horizonte de aspiraciones, utopías inspiradoras y sueños alcanzables, pero hoy no tenemos un gobierno que los pueda volver realidad. El Polo representa una manera diferente de ver la realidad, un cambio de lente, un espacio, una alternativa. Si bien no nos consideramos portadores de una única verdad, somos una parte importante de esa posibilidad de llegar a ser una nación que todos llevamos por dentro. De mostrar que un mundo diferente si es posible.

Confluencia alternativa

Por ello, de cara al Tercer Congreso de este año debemos reconstruir y ampliar al Partido, apoyarnos en las luchas sociales, hermanarnos con sus expresiones y organizaciones, dialogar con las fuerzas que disienten del Pacto de Unidad Nacional que actúa como partido único, para construir una confluencia alternativa viable de poder. No para dentro de cien años porque como decía John Maynard Keynes, en el largo plazo estamos todos muertos, sino para el próximo debate electoral.

Solución política al conflicto armado

No es aceptable que después de décadas de conflicto armado, la paz siga siendo la provincia de los guerreros y no el territorio de los sensatos. Como ha dicho el Presidente de la República, “la verdadera victoria es la paz”. Ese aforismo aplica para la guerrilla, para las fuerzas armadas y sobre todo, para la sociedad civil que sufre las consecuencias más adversas del conflicto sin que hasta ahora haya podido incidir positivamente en la concreción de una solución negociada. Y para lograrla tendremos que vencer nuestras propias debilidades, sentarnos en una mesa, vencer los obstáculos y encontrar el camino para que lo que desterremos sea la guerra y no a millones de colombianos y colombianas que necesitan de nuestra protección. Y por sobre todo, señor Presidente. Hay que actuar y no permitir la intimidación de los urabeños o que se impongan los criterios guerreristas de la ultraderecha anacrónica que ellos representan. Tampoco es de recibo que precisamente ahora cuando el país empieza a conocer los horrores de la guerra en que también incurrieron un número no despreciable de integrantes de nuestras Fuerzas Armadas que busque reformar el fuero militar y que en estos casos como en tantos otros se extienda un inconveniente velo de impunidad.

Quiero expresar que considero que la paz es un punto de convergencia nacional. De un lado estamos todos los que consideramos la necesidad de una solución negociada, que consideramos que es la hora de deponer las armas y los odios y del otro, están quienes enamorados de la guerra, podrían gritar con general falangista Millán Astray esa sentencia de ¡Viva la muerte! que rebatió Miguel de Unamuno en Salamanca durante la Guerra Civil Española.

Preciso es recordar a otro General, el general Uribe Uribe, el mismo que aseveraba que el liberalismo tenía que beber de las canteras del socialismo, cuando en el fragor de la Guerra de los Mil Días, después de explicar que la función de la guerra es la obtención de fines políticos y no la exterminación física del enemigo, procedió a negociar y a pactar la paz.

Ya está bueno. El pueblo colombiano está harto de la guerra y de la violencia. El conflicto debe llegar a la negociación para que los colombianos y las colombianas podamos aplicar toda nuestra energía, todos nuestros recursos a la tarea humanista de construir una patria donde todos tengamos un lugar digno y justo bajo el sol.

La ley de víctimas

No es aceptable que más de cuatro millones de colombianos y colombianas sigan sufriendo las consecuencias directas del conflicto armado. De esa rapiña de tierras, de ese abuso de sus derechos, de esa desesperanza para un futuro mejor. En este país todos y todas somos iguales. Esos abusos pasaron no solamente por la imposición de los violentos sino también porque como sociedad dejamos que pasaran. En cuanto a la Ley de Víctimas, la sola apertura del debate es importante pero a los planes de restitución y a la Ley le hacen falta dientes y voluntad política integral para su aplicación. Es un paso en la dirección correcta, pero el eterno dilema de Colombia, la tierra, la fuente de todos nuestros conflictos, sigue sin resolverse. Con todo, debemos impulsar nuestra presencia y la exigencia de la mano de los campesinos despojados para convertir en realidad el anhelo de recuperación de la tierra.

La minería

No es aceptable que después de cinco siglos de abuso, de despojo violento y de desplazamiento de la tierra ahora repitamos los mismos errores con nuestro subsuelo, donde nuevamente como antaño se protege con la fuerza pública el título inscrito en contra de la posesión real. Nosotros no estamos en contra de aprovechar los recursos de nuestro país para nuestro desarrollo. Pero no a costa de los derechos de esos mineros que como en Marmato, llevan siglos construyendo una vida digna. No a costa de nuestros páramos como el de Santurbán o los bosques de niebla atravesados por los senderos sagrados de los indígenas que destruyen carreteras como la de Mocoa -San Francisco, iniciada este lunes sin la consulta previa a los pueblos Ingá y Camchá, para abrir, entre otros fines, el paso a las góndolas de la minería en el Putumayo o desertificando las tierras cultivables de Cajamarca porque cuando el ambiente sufre con las minas a cielo abierto, no se puede recuperar jamás.

No comulgamos con la gran minería que con el pago de regalías irrisorias, no alcanzan siquiera a mitigar los daños causados por la explotación del recurso no renovable. Las del oro no pasan del 3% y así sucesivamente con cuanta riqueza se lleva por delante la locomotora de la minería. No es una cuestión de izquierdismo trasnochado ideologizado como lo califican algunos, sino una cuestión de simple lógica. En la minería como en tantos otros asuntos, tenemos que plantear la alternativa del bien común por encima del interés particular.

El TLC

Tampoco es aceptable que un país se ofrezca ante el altar de la globalización sin estar preparado. El TLC ya es una realidad, pero como vamos a dejar que se ponga en marcha antes de completar la agenda interna que le asegure un grado de seguridad a los empresarios nacionales, a los campesinos, a los productores agrícolas. Nosotros somos conscientes de las reglas del juego impuestas por la economía mundial, pero también somos conscientes del papel que debe jugar el Estado para proteger los intereses nacionales.

Le pediremos formalmente al Presidente Santos que no inicie la aplicación del TLC con los Estados Unidos hasta que la implementación de una agenda interna bien concebida con participación de los industriales y representantes del agro nacional. Y respecto del TLC con Corea, todavía estamos a tiempo para impedir el marchitamiento del sector automotriz y el empleo que genera. Hagámoslo con sentimiento de defensa nacional. Comercio sí, pero en igualdad de condiciones.

Desigualdad, tributación y pensiones

No es aceptable que en los últimos 4 lustros hayamos retrocedido en la escala de la desigualdad convirtiéndonos en el tercer país más desigual del mundo. Y es peor cuando el gobierno anuncia una reforma tributaria orientada a aumentar el recaudo a costa de la clase media y de los trabajadores, como se desprende del memorando de 5 alternativas para modificar el IVA dado a conocer el día de ayer. Todas las fórmulas le pegan a los más débiles y algunas reducen las cargas sobre los sectores de mayores ingresos. Esa reforma, no solamente es inconveniente por regresiva sino contraria a la Constitución que exige progresividad en el sistema tributario nacional. Y qué decir de la anunciada reforma al régimen pensional que propone exprimir al máximo la productividad humana con el aumento de la edad de pensión ya recientemente aumentada. Un dirigente sindical me comentaba al entrar al salón. ¿Cuál dignidad en la vejez? ¡Si la pensión ya es un auxilio mortuorio!

Crecimiento vs. desarrollo integral

El crecimiento económico no puede seguir siendo un fin en sí mismo. No podemos seguir alimentando el mito de las utilidades infinitas y del lucro desmedido como única medida de valor. Como en el tradicional bambuco del inolvidable Villamil, “amigo cuanto tienes cuanto vales, principio de la actual filosofía”, que no ha hecho más que empobrecer nuestras vidas. Medir todo por la vara del dinero nos empobrece como sociedad. Tenemos que recuperar el concepto de lo público y del desarrollo integral en lo económico, social, cultural y ambientalmente sostenible que solo se logra con un liderazgo político que nos permita construir una sociedad más justa, con más oportunidades, menos desigual. Repito, eso no es el izquierdismo ideologizante y trasnochado que nos imputan. Es simple sentido común y de supervivencia.

¿Qué pasó, camaradas?

Entonces, compañeros y compañeras, ¿si somos el partido que representa una alternativa, el partido que se rige por los principios del bien común, el partido que piensa diferente en un país donde campa el unanimísmo y donde la gente indignada marcha, grita y reclama un cambio, entonces me pregunto cómo Nicolás Buenaventura ¿Qué pasó, camaradas?

¿Cómo es posible que en reuniones con nuestros militantes, algunos me digan que sentían pena al hacer campaña por el Polo? Porque reina la confusión, la incertidumbre y el temor entre nosotros?

Nuestros errores

Sí. Nos atacaron. Sí, nos calumniaron y sí, nos traicionaron. Y lo siguen haciendo conscientemente. Pero no podemos culpar solamente a los demás. Cometimos errores. Y grandes. Entre tantas luchas que tenemos que dar para ofrecerle al país un mejor futuro hay una que tenemos que recuperar como práctica diaria y cotidiana. La lucha contra nuestras propias debilidades. Un partido se forma desde la base. Un partido no se forma a base de apetitos personales. De curules y protagonismos personalistas y de actitudes corruptas y corruptoras. No podemos ser solo un partido que sirve para ser elegido. Tenemos que ser un partido que represente los valores y los principios de una transformación real. No es suficiente gobernar para la gente, hay que gobernar con la gente. Y eso nos obliga no solamente a ser mejores, sino a ser los mejores. Por ello desde ahora estableceremos desde el Comité Ejecutivo Nacional los mecanismos de control partidario necesarios frente al desempeño de los concejales, diputados, parlamentarios y alcaldes elegidos, como también sobre secretarios de despacho que nos representan.

Escuchar al pueblo

Para ser la alternativa que creemos que Colombia necesita tenemos que escuchar la voz del pueblo y declarar que el territorio del Polo es allí donde sufre y lucha, el débil, el humilde y también el empresario esforzado que no encuentra autoridad que escuche su voz de alarma frente a las fuerzas desiguales que amenazan con llevarse por delante años de esfuerzo. En cada calle, cada vereda, cada barrio y cada región de Colombia ya existen ideas y soluciones. Vamos a escucharlas. No vamos a esconder nada, nuestra moneda será la verdad, las dificultades las enfrentamos, no vamos a pretender que hay soluciones mágicas pero sí vamos a buscar soluciones reales.

Ya avanza en el país la preparación de nuestro foro ideológico donde vamos a escuchar a la voz de la militancia y dirigencia en todos los niveles. Hoy mismo se están llevando a cabo reuniones preparatorias, encuentros para la elaboración de tesis, reflexión activa y autocrítica medida. Vamos a oírnos con escucha generosa, pero vamos a mirarnos en el espejo para desterrar cualquier asomo de ser parte del “todo vale” y del “cómo voy yo” que tanto daño le ha hecho al país.

Después vamos a llevar a cabo seis foros regionales, para convocar no solo a nuestros militantes sino a todas las organizaciones sociales, a todas las minorías y a todo el que tenga algo que aportar. Vamos a abrir canales de comunicación y vamos a recuperar la confianza del país en nuestro partido. Y por sobre todo, en nuestro proyecto político transformador.

Preparar y organizar al Partido

También nos vamos a preparar como partido. Nos vamos a formar y a organizar. Gobernar no es improvisar. Es saber qué se puede hacer, cómo y con quien. No es hablar de teorías y deseos. Es entender el Estado y cómo funciona, es comprender a las autoridades en todos sus niveles, es ofrecer soluciones concretas y no demagogia y populismo. Es entender que todos los derechos cuestan. En seis meses tendremos un congreso nacional donde reformaremos nuestros estatutos y sentaremos las bases de un partido moderno que refleje las necesidades y los deseos del país.

Nos vamos a dedicar a hacer una oposición que construye. Si estamos en desacuerdo vamos a ofrecer alternativas. Alternativas que construyan un Estado que ayude a liberar y no a explotar. Alternativas que promuevan un mercado justo y no uno basado en la ley de la selva. Alternativas que no solo promuevan un consumo más equitativo, sino que también promuevan una producción más equitativa.

Que queremos eliminar la pobreza, la desigualdad y garantizar la salud y la educación como derechos y de calidad, es apenas obvio. Pero tenemos que ofrecer una manera de darle organización a la transformación de nuestra sociedad. Eso se hace proponiendo. No podemos dejarnos llevar por los sectarismos, las diferencias y la dispersión. Ningún país puede avanzar sin pluralidad y respeto. Después del Congreso Nacional del partido nos vamos a sentar con los mejores intelectuales, profesionales, académicos y líderes sociales. 40 de ellos ya se están vinculando a la comisión programática, para que podamos ofrecer y presentarle al país un plan de gobierno realista y para que el país siempre pueda contar con opiniones diferentes y constructivas sobre su presente y su futuro.

Y lo más importante. Vamos a aprender. Vamos a demostrar que somos un partido que sabe evolucionar. Las luchas sociales son más importantes que nunca. Miren lo que está pasando en el mundo entero. Las crisis económicas y sociales dejan cada vez más indignados con hambre y con la certidumbre de un futuro incierto. Pero se organizan a pesar de sus diferencias, y obtienen resultados. Aprendamos de los estudiantes que con un propósito común dejaron a un lado sus diferencias y dieron un paso enorme con su movilización enérgica pero pacífica hacia la conquista del derecho a la educación superior, gratuita y de calidad.

¿Qué experiencia les vamos a dejar a las nuevas generaciones de nuestro partido? ¿Que sus líderes no fueron capaces de trabajar por el cambio que necesita el país? ¿Que nos quedamos en nuestras diferencias y no en nuestras luchas comunes? ¿Que fue más grande nuestra ambición que nuestro propósito? Por favor. Tenemos que corregir ese camino.

Visiones catastróficas

Pero también tenemos que visibilizar los logros obtenidos. Ahora que están tan de moda las visiones catastróficas de Bogotá, quisiera preguntarles si les parece un desastre que en los ocho años del modelo de ciudad de derechos que implementamos la pobreza en la ciudad se haya disminuido a menos de la mitad, del 29% de los hogares en 2003 al 12,7 en 2011. No fue por arte de magia o por virtud de la seguridad democrática sino por el salto en la inversión social en educación, salud, alimentación y cuidado de la infancia, niñez y adolescencia. El logro histórico de la gratuidad en la educación del grado 0 al grado 11 que ahora comienza a ser imitado a nivel nacional lleva dos años en pleno funcionamiento en Bogotá, con el complemento de la alimentación escolar y salud al colegio y lo propio en materia de salud.

Será catastrófico entregar las arcas llenas, con capacidad de endeudamiento, reducción del monto de la deuda pública, calificación triple A y grado de inversión en sus finanzas y las de sus principales empresas públicas?

Será de poca monta haber rescatado la ETB del paradigma de la privatización y la venta y con un plan estratégico que la llevará a ser sostén de la sostenibilidad de la inversión social del Distrito.

O para tocar los temas más impopulares. La seguridad y la movilidad. Será desastroso encontrar una ciudad con pié de fuerza aumentado, plan de cuadrantes fundamentado en la gestión social integral y una tasa de homicidio que la exime de aparecer en esa deshonrosa lista publicada en El Tiempo de ayer de las 50 ciudades más violentas del mundo en la que aparecen cinco ciudades colombianas?

Y en lo que hace a la movilidad, todos maldecimos los huecos y los trancones pero la solución estructural sobre la mesa. La primera línea del metro ya está estudiada y financiada. Y el SITP, desde luego con problemas de implementación, como toda gestión humana, pero listo para ser puesto al servicio del pueblo bogotano, para no mencionar el caso de la Calle 26 que el Alcalde Petro supo reconocer que si estará listo en las fechas anunciadas en diciembre pasado.

Hay problemas y muchos. ¿En qué ciudad no los hay? Pero ¿el desastre, el cataclismo, la catástrofe? … En algún momento, la verdad deberá interesar. Que no nos vengan a decir que no sabemos gobernar. Que no tenemos un modelo de ciudad. Ahí está, con todos sus defectos pero también con todos sus aciertos en una obra humana que desde luego es mejorable.

Somos el partido que plantea un proyecto político que representa una verdadera alternativa para Colombia. El sueño de la libertad y la lucha por los derechos son los principios que rigen el alma de la humanidad moderna. Eso es el Polo. No nos pueden acabar porque somos necesarios. Ahora depende de nosotros convertirnos en el partido que Colombia nos exige que seamos. Un partido de gobierno y no de caudillos. El caudillismo es popularidad pero no es Estado. Eso no es suficiente. No es transformación social, es solo un cambio de bandera.

Con prisa y sin pausa nos vamos a convertir en ese partido que ofrece el espacio para pensar en un mejor camino para el país. No pretendemos ser los únicos que lo buscamos. Pero sí queremos ser los que no flaqueamos ante el reto.

Hay momentos en la historia que rara vez pasan. Momentos en los cuales tenemos la oportunidad de sacudirnos del pasado y alistarnos para el futuro. Momentos en los cuales los deseos de cambio se convierten en pasos concretos para lograrlo. Momentos en que después de una larga noche, se vislumbra el amanecer. Este es uno de esos momentos y nos tenemos que hacer la pregunta, ¿Seremos capaces de aceptar el reto de nuestro propio futuro por el bien de Colombia? ¿Tenemos el valor de espíritu y la generosidad de pensamiento para servirle al país que necesita tanto?

Como mujer les digo que lo podemos hacer. Ya lo hemos hecho. Ya luchamos por nuestros derechos. Lo seguimos haciendo. En cada momento, todos los días. Luchamos por el derecho a ser libres, por el derecho a la equidad. Luchamos para que no nos discriminen y no nos abusen. Sabemos que es una lucha constante, y que cada victoria es solo el siguiente paso para erradicar de una vez por todas las diferencias de género. Llevamos siglos en esa lucha y aquí estamos. Y entendemos que el problema fundamental no son las contradicciones entre el hombre y la mujer, sino el sistema en el que vivimos.

Compañeros y compañeras, escuchemos al país, preparemos el camino, propongamos soluciones, aceptemos las diferencias de manera constructiva, asumamos nuestra responsabilidad con el corazón abierto y la mente clara. El futuro nos pertenece, pero solo si demostramos que somos capaces de construirlo. Para ello tenemos que entender que el camino de la unidad es el camino del triunfo.

En lo que a mí respecta, voy a dedicar todos mis esfuerzos y mi vida entera hasta el último aliento, al lado de todos y todas que desde sus distintas perspectivas buscan lo mismo, a la lucha por la paz, por la democracia, por una Colombia capaz de superar la desigualdad que nos golpea y avergüenza. Por un país del tamaño de nuestros sueños, como rezaba la pancarta de nuestro primer Congreso.

El Polo Vive
Viva el Polo Democrático Alternativo
Viva Colombia

Discurso de la alcaldesa Clara López Obregón al entregar el cargo a su sucesor Gustavo Petro, Plaza de Bolívar, Bogotá, enero 1 de 2012.

Desde que existe la elección popular de alcaldes, Bogotá se ha convertido en una prueba de democracia.

Cada 4 años, una buena parte de los bogotanos y bogotanas van a las urnas a expresar su opinión independiente, informada, considerada y, bueno, muchas veces inconforme.

Bogotá responde ante sus necesidades, sus anhelos y sus esperanzas. Espera que sus administraciones construyan sobre lo construido. Que avancen, planifiquen y, sobretodo, que cumplan.

Más que dejar una huella, cada administración debe seguir un camino.

Eso le ha permitido a Bogotá abrirse paso en las últimas dos décadas. El saneamiento de las finanzas de Jaime Castro, la cultura ciudadana de Antanas Mockus, el Transmilenio de Enrique Peñalosa, el salto social que empezó con Lucho Garzón y que en los últimos 8 años ofrece resultados evidentemente positivos.

Esta administración deja estructurado, para su implementación progresiva, el nuevo sistema integrado de transporte público y la primera línea del Metro que significará otro salto en materia de inclusión social.

Son ocho años de gobiernos de izquierda en los cuales Bogotá se puso en la vanguardia social del país.

Los programas sociales inicialmente diseñados e implementados en Bogotá, ahora son hojas de ruta para la Nación.

Bogotá declaró la gratuidad total en la educación pública desde diciembre de 2009.

Desde hace dos años, más de un millón de estudiantes de nuestra ciudad cursan del grado 0 hasta el 11 sin pago de matrícula o pensión y con acceso a alimentación y salud complementarias.

A pesar de las restricciones de la Ley 100, Bogotá implementó a partir del 2004 sus programas de atención primaria en salud que hoy llegan a dos y medio millones de los habitantes más vulnerables a través de Salud a su casa, Salud al colegio y Salud al trabajo.

Esta novedosa estrategia de salud preventiva, que ha mejorado los indicadores de mortalidad materna, perinatal y de la infancia, ha sido recogida por la reciente reforma como la apropiada para el desarrollo de los servicios de salud a nivel nacional.

Bogotá también se adelantó a la Ley de Víctimas con su red de 14 Centros de Atención Integral a las Víctimas del conflicto armado, de delitos de lesa humanidad y de graves violaciones a los derechos humanos y con el Centro de Memoria Histórica que abrirá sus puertas el año entrante en el Parque de la Reconciliación sobre la Calle 26.

La aplicación consciente de estas y otras políticas de inclusión social ha reducido la pobreza en más de la mitad, del 29% de los hogares bogotanos en el 2003 al 12,7% de hoy gracias a la destinación de 70 de cada 100 pesos de la inversión distrital directamente en la gente.

Y todo esto se logró con finanzas sanas y sostenibles a partir de una cultura tributaria afianzada que ha permitido reducir al mismo tiempo la deuda pública distrital.

Con todo, es mucho lo que falta saldar de la deuda social. Hoy, a pesar del inmenso volumen de inversión social, el coeficiente de Gini acusa una sensible agudización de la concentración del ingreso que exige atención estructural.

Bogotá evoluciona. Es una capital que refleja las necesidades del país, y también sus profundos problemas. Pero siempre propone soluciones.

Tenemos una ciudad que ya vive el pos-conflicto mientras que en muchas regiones del país la realidad es muy diferente. El conflicto armado se vive, se siente y se sufre.

Bogotá ha sido capaz de absorber el mayor número de reinsertados de los grupos armados ilegales, ofrecerles oportunidades y así lograr los más bajos índices de reincidencia en el país.

Es la ciudad que acoge al mayor número de desplazados y víctimas del conflicto armado y los ayuda a volver a tejer sus vidas.

Es la ciudad que se ha convertido en el escenario para el despliegue de la protesta social y estudiantil pacífica que ofrece espacios para el compromiso y la negociación.

Miren el ejemplo de cohabitación a nivel político. Ocho años de administración del Polo durante ocho años de gobiernos nacionales con ideologías diferentes.

Nuestra ciudad pide lo mejor de su administración de acuerdo a sus necesidades.

Es una democracia que está madurando y que exige políticas públicas sostenibles que reflejen sus deseos de prosperar, de sentirse segura, de erradicar la pobreza y de construir una sociedad digna, justa e incluyente.

Bogotá es una ciudad que ya tiene una visión de la alternativa que busca el país. Donde, en lugar de confrontación, se avanza en concertación.

Donde se reconoce que se necesita escuchar a la gente en toda su diversidad.

Donde, más que autoridad, se construye tolerancia y respeto.

Donde, más que soberbia, se necesita humildad.

Somos un ejemplo de cómo podemos avanzar como país. Un país obligado a construir la paz.

Con optimismo recibimos las recientes declaraciones del Presidente de la República en las que además de expresar su voluntad de dialogo con la guerrilla, afirma algo que es la esencia de nuestros anhelos, que la verdadera victoria es la paz.

En la última encuesta de cultura se ve claramente como estamos avanzando de una concepción limitada de cultura ciudadana hacia algo más complejo y exigente: una verdadera cultura democrática.

Les doy un ejemplo, la discriminación contra las mujeres se ha reducido en 15 puntos porcentuales en apenas dos años.

La que afecta a afrodescendientes, población LGBT y a los pobres, también registra reducciones apreciables.

Los indicadores evidencian que las políticas de respeto e inclusión social de los más variados sectores poblacionales van produciendo resultados concretos que nos llevan por el camino de convertirnos en una ciudad de derechos que vence la discriminación y los prejuicios.

Las soluciones en infraestructura avanzan. Soluciones técnicas avaladas por expertos que necesitamos para hacer de Bogotá una ciudad moderna e incluyente, eficiente y competitiva.

De los errores que se cometieron en su ejecución hay que asegurarnos que no vuelvan a ocurrir.

El pasado es para aprender, el presente para corregir y el futuro para ver todo lo que esta ciudad puede ser.

El futuro es para vernos.

Ha sido un honor servirle a esta ciudadanía tan exigente.

Le agradezco al Presidente Juan Manuel Santos por su decisión de designarme.

Su apoyo constante es un ejemplo extraordinario de esa democracia que tenemos que construir entre todos.

A los entes de control por su ayuda en tratar de enderezar ese relajamiento de prácticas que nos causaron tanto daño.

Al Concejo de Bogotá por debatir con la Administración en la búsqueda de lo mejor para nuestra ciudad.

A mi Partido, el Polo Democrático Alternativo por haberme dado la oportunidad de demostrar que si somos capaces de gobernar y de gobernar bien.

Al equipo de mujeres y hombres que me acompañaron en estos seis meses por su entereza, compromiso y capacidad de producir resultados.

Y sobre todo les doy las gracias a los bogotanos y bogotanas por darme la mano. Por su comprensión y su incesante exigencia.

Para terminar, les cuento la historia que da su nombre al nuevo auditorio del Edificio Bicentenario de la Alcaldía Mayor. La historia de Huitaca.

Quienes primero habitaron estas tierras tenían varias deidades. La menos popular pero la más honesta era Huitaca, la diosa rebelde. Ella es la luna que nos guía en la noche. Es el agua que nos da vida.

Para los Muiscas, Huitaca representa lo que somos. Con honestidad, sin miedos, sin temores. Huitaca es Bogotá.

Dr. Petro, dejo en sus manos a una ciudad que vive de los anhelos de todos sus habitantes. Una ciudad que expresó su voluntad democrática y puso su futuro sobre sus hombros.

En los últimos meses Bogotá me dio algo extraordinario.

Ver a los estudiantes en las protestas abrazando a la policía.

A los vecinos en las inundaciones cruzar, con el agua fétida a la cintura, la que fuera la calle de su barrio para socorrer a su comunidad.

Entender la solidaridad ética de la inmensa mayoría de los habitantes que redujeron su consumo de agua en más de una quinta parte para aliviar el reflujo del Río que afectaba a Bosa y Kennedy.

Ver como organizaciones sociales, empresas privadas e instituciones se sobreponían a sus intereses particulares para avanzar el bien común.

Bogotá me ayudo a recuperar la fe.

Espero que la ciudad sea tan generosa con usted como lo fue conmigo.

Muchas gracias.

Bogotá, enero 1 de 2012.

L

a música que acabamos de escuchar nos define como pueblo. La gaita que viene de nuestros antepasados indígenas, el tambor que llegó con los africanos y el acordeón que heredamos de Europa y que mi hijo Federico me ha enseñado a querer tanto.

Instrumentos que unen a las viejas y nuevas generaciones de nuestra música.

Los Gaiteros de San Jacinto, compartiendo el escenario con los estudiantes de la Escuela Benposta, jóvenes de todas las partes del país que llegan a esta ciudad huyendo de la pobreza y de la violencia.

Pero también buscando esas oportunidades que a tantos en el país se les han negado.

No por los avatares de la suerte, sino porque nuestra sociedad es aún incapaz de darles libertad plena a todos los que nacen y viven en su seno, en nuestra querida Colombia.

Esta noche sellamos la Urna Bicentenaria, una instantánea de la Bogotá de hoy, de su aspiración como ciudad, de sus esperanzas y de su identidad para las generaciones del siglo 22.

Señor Presidente, que honor tenerlo acá entre nosotros. Hemos indagado entre los más conocedores de la historia de la Alcaldía Mayor y ¿sabe Usted que no hay registro histórico de la visita de un Presidente de Colombia a la Alcaldía?

Me enorgullece que seamos usted y yo, desde nuestras diferentes orillas, quienes pongamos fin a esa ausencia.

Con este acto estamos inaugurando el nuevo Edificio Bicentenario y su auditorio. Huitaca es su nombre, en honor a la diosa rebelde de nuestros antepasados muiscas. Me cautivó su historia.

Algunos dicen que fue la primera feminista de nuestras tierras. Otros, que seducía a los hombres con brebajes y lujuria. Huitaca era la luna, la que surge cuando desaparece el sol. La que nos guía en la noche, la que también representa el agua que nos da vida.

En fin para mi Huitaca es lo que somos: Seres imperfectos que buscamos ser mejores a pesar de nuestros errores y debilidades.

Nací el 12 de abril de 1950. Según el Instituto Poblacional de Naciones Unidas, soy la habitante número 2.526 millones 866 mil 333 del planeta. Hoy, el 29 de noviembre del 2011, somos más de siete mil millones de seres humanos.

Dentro de 100 años, fácilmente habremos sobrepasado la barrera de los diez mil millones. ¡Algo extraordinario! ¿No? Mientras digo estas palabras nacerán unas 10.000 personas más.

Aterrador quizás. Eso en un planeta donde estamos haciendo un uso inadecuado de los recursos, hasta tal punto que podremos agotarlos en poco tiempo.

El cambio climático enciende las alarmas de una inminente catástrofe y las crisis económicas dejan cada vez a más gente indignada, con hambre, en la incertidumbre de un futuro difícil de predecir.

Lo que está en discusión es si el camino que escogimos es el correcto o si debemos repensar la forma cómo se manejan nuestras naciones y el mundo.

¿Podemos seguir siendo una de las naciones más desiguales de la tierra?

¿Podemos seguir pensando que nuestro futuro depende de aplicar modelos económicos más parecidos a la ley de la selva que a la construcción de un proyecto de nación?

¿Podemos seguir soñando en el crecimiento infinito?
¿Cuando y cómo vamos a resolver este conflicto armado trágico e inmisericorde que completa ya más de 50 años?

¿Podemos seguir ignorando que la verdadera riqueza de Colombia es su gente?

¿Cuánto valor le ponemos a nuestra gente? Al parecer, no mucho. Un soldado nos cuesta 18 millones de pesos. Un preso 13. Un estudiante, menos de 4.

Eso no tiene lógica. Tenemos que redireccionar nuestros esfuerzos. Construir lo nuestro. Confiar en nuestra habilidad y buscar el bien de todos para acabar con esa desigualdad que envenena las relaciones humanas.

Pensar en grande, pensar hacia el futuro para crear una economía sólida, donde el desarrollo sea una cuestión de método y no de suerte. Donde el empresario prospere, y también el trabajador y el campesino.

No me cabe duda alguna de que la clave del desarrollo en Colombia está en la inversión en su gente.

Si tenemos gente más preparada, más saludable y más segura de sus capacidades, tendremos un país que gana más, que crea más y que prospera más. De nada sirve el crecimiento si lo que estamos haciendo es crecer en pobreza.

De poco sirve el trabajo si es un trabajo mal pago y sin formación. De nada sirve la educación si no ayuda a mejorar la productividad y la capacidad de los estudiantes a la vez que les abre los horizontes de las utopías.

Miren lo que la Administración Distrital ha logrado en Bogotá. En los últimos ocho años la pobreza en la capital se redujo a un tercio. Sacamos a casi 300,000 hogares de la pobreza.

 

En los últimos cuatro la ciudad ha logrado coberturas gratuitas en salud y educación que son objeto de estudio y admiración y Bogotá ha cumplido con gran parte de las metas del milenio. Todo esto manteniendo finanzas sanas, es más, con una reducción de la deuda pública.

Les confieso algo. Sé que en cien años, si acaso sólo seré un recuerdo. Pero como me gustaría ver que nuestros esfuerzos sirvieron para construir la Bogotá del futuro.

Que no vengan los economistas de cierta tendencia a decir que sólo restringiendo salarios se puede ser competitivo. Que no vengan los expertos a decirnos que lo social es un gasto y no una inversión.

O esos gurúes que nos aseguran que el capital es el único rey y que hay que rendirle homenaje. Hay otros caminos. Lo estamos demostrando.

Falta mucho trecho por recorrer, pero si no empezamos redefiniendo nuestro rumbo nunca vamos a llegar al país que queremos y necesitamos. Si no hacemos algo de fondo, que de verdad cambie la vida de nuestros pueblos, el descontento social no parará de crecer. Quienes llenan las plazas no lo hacen porque un día se levantaron con ganas de marchar. Lo hacen porque nuestras sociedades no les están dando la oportunidad de desarrollar a plenitud su potencial.

Piensen en un joven que dedicó cinco años de su vida para convertirse en ingeniero. Ese muchacho, cuando sale endeudado al mercado laboral, o no encuentra trabajo, o si logra conseguirlo, es mal pago y sin garantías de estabilidad futura.

Imaginen la frustración de ese joven. ¿Ustedes creen que un joven así, que viva en Nueva York o Madrid, en Paris o Tel Aviv, o en Bogotá, no siente y ganas de protestar?

Aunque las cosas no pinten de la mejor manera, siempre hay espacio para ser optimistas. Veo con esperanza el cambio que está pasando en el mundo de la tecnología.
Hay quienes dicen que en menos de 50 años la inteligencia artificial será una realidad y que de esta manera se encontrarán soluciones a muchos de los desafíos que enfrentamos.

Consideren su teléfono celular. Es un millón de veces más barato, un millón de veces más pequeño y mil veces más potente que el computador que usaba en mi universidad hace 40 años.

Ya hay robots trabajando con fines productivos y tristemente, también militares, 1.000 millones de personas usan una red social para hacer amigos y más de 30 mil personas tienen un implante artificial para combatir enfermedades como el Mal de Parkinson.

Definitivamente es cierto que nada envejece más rápido que el futuro.

Creo que es el momento para reflexionar si los planes que se han aplicado en el país han dejado las bases para progresar. Hoy no sólo está en juego el presente, lo está el futuro.

Y es ese futuro el que nos concierne esta noche al cerrar la Urna Bicentenaria. Sé que es normal como política o como persona pensar en qué legado deja uno con su vida y trayectoria. ¿Cómo nos recordarán?

¿Valió la pena existir?

En esta noche cuando cerremos la Urna Bicentenaria es inevitable imaginarse qué van a pensar nuestros compatriotas dentro de 100 años.

Yo creo que lo que dejemos para el futuro depende de lo que hagamos hoy.

No pensemos tanto en legados, más bien no desperdiciemos un momento del presente.

Yo no me pregunto si mi vida habrá válido la pena. Yo me dedico a hacer que cada momento de mi vida valga la pena.

Miro tantos rostros amigos hoy aquí presentes y me lleno de esperanza. Todos estamos jugando un papel en la búsqueda de soluciones.

Desde el empresario hasta la víctima del conflicto. Desde el indígena hasta la artista. Desde el servidor público hasta el estudiante.

Que esta noche, mientras celebramos el espíritu de Huitaca y nos contagiamos con la esperanza que representa la Urna Bicentenaria, reflexionemos sobre lo que somos y lo qué podemos ser.

Unámonos como hermanos, como país, como colombianos y colombianas, para que en una sola voz expresemos la fe que tenemos en nosotros mismos.

Muchas gracias.

Palacio Liévano, Bogotá, noviembre 29 de 2011.

Texto del discurso de posesión de Clara López Obregón como Alcaldesa Mayor (D) de Bogotá:

Quiero en primer lugar, agradecer a mi Partido, el Polo Democrático Alternativo, que me escogió, al lado de dos hombres de nuestra entraña social y política de izquierda democrática, Tarsicio Mora, Presidente de la CUT, y Jaime Moreno, Magistrado de reconocidos quilates, para integrar la terna para responsabilidad al frente de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Terna que por mandato de la Constitución y la Ley el Presidente de la República solicitó al Polo, no por formalidad sino en cumplimiento del principio democrático que impregna nuestro ordenamiento jurídico y que se manifiesta en el voto programático de los ciudadanos y ciudadanas que imponen un mandato de obligatorio cumplimiento a sus alcaldes y gobernadores.

También debo agradecer al Presidente de la República la designación en este reemplazo temporal en uno de los momentos más difíciles y complejos de la vida administrativa y política de la Capital de la República.

CUMPLIMIENTO DEL MANDATO

Quiero repetir hoy lo que he manifestado con insistencia en los medios de comunicación. Tengo el deber de avanzar para llevar a feliz término el mandato popular contenido en el Plan de Desarrollo de la Bogotá Positiva para todos podamos vivir mejor, donde está demás plasmada la voluntad del Concejo de Bogotá integrado por los diversos sectores políticos de nuestra ciudad.

CORRUPCIÓN

Uno de los temas más álgidos del debate público del momento es el centrado en la corrupción que justificadamente copa las preocupaciones ciudadanas, no solo en Bogotá sino en todo el país, como lo registran diariamente los medios de comunicación.

Voy a ser muy severa en la vigilancia, no para que no se contrate, sino para que se contrate bien y para que las licitaciones se adjudiquen a quienes ofrezcan las mejores garantías en la realización pulcra, eficiente y cumplida de las obras y servicios que requieren los bogotanos y las bogotanas. Para ello, me propongo convocar a los rectores de la Universidades de la ciudad para conformar una comisión de vigilancia ética de los procesos contractuales grandes que están a la orden del día en el Distrito, con personas del más alto nivel académico, carentes de cualquier vínculo con el mundo de los negocios y de integridad a toda prueba, para al lado de los órganos de control nos ofrezcan plenas garantías de transparencia.

Las obras que ya están contratadas y que se encuentran en ejecución, serán objeto de mi vigilancia permanente, hasta donde me den mis fuerzas y cualquier decisión que se tome en relación con las exigencias de seguimiento y cumplimiento de las obligaciones contraídas será puesta a los ojos del pueblo bogotano para que se entere de cada paso que doy, de cada decisión que tomo.

En este contexto debo también expresarles mi preocupación por lo que decía recientemente con nudo en su garganta el exdirector del IDU: “Ser funcionario se ha convertido casi en un imposible” por las suspicacias que rodean cada decisión.

Llego a este gobierno consciente de atravesar un momento crítico para la infraestructura nacional. Los atrasos en las obras y las dificultades para la movilidad se viven en Bogotá de un modo muy cercano, pero los ciudadanos tendrán que encontrar, en poco tiempo, una mejor calidad de vida gracias a nuestras acciones.

El problema de la infraestructura incluye al resto del país, las obras públicas de Colombia están sufriendo las consecuencias de una legislación, que merece ajustes, y de las actitudes de contratistas y funcionarios, que merecen revisión.

Para rectificar este camino convoco a una alianza interinstitucional que agrupe a las entidades de control, al Gobierno Nacional y a todos los entes del Distrito. Como aliados debemos asumir un proceso que modifique de fondo el estado que hoy nos agobia, un proceso, que no se limite a sancionar las personas y las consecuencias de un sistema que debe corregir sus propios cimientos.

Asumo este reto con urgencia y con mesurado afán, porque la crisis de la infraestructura nacional en Colombia amerita por lo menos el estudio de una emergencia jurídica que permita destrabar la contratación pública como base del desarrollo nacional.

Hoy debo recordar las palabras que en algún momento escribí: “No hay más confesión que la propia conducta” y la mía será de transparencia y rectitud, es por eso que “percibo en el diluvio la resurrección”.

No apoyo privatización de la ETB

Hoy tenemos ya sobre la mesa temas polémicos sobre los cuales quiero dejar sentada mi posición.

Quiero expresar con toda claridad que comparto los criterios expuestos por mi Partido en el sentido de que no apoyamos la privatización de las empresas y bienes distritales. No apoyaré ningún paso para dar en concesión al sector privado los colegios distritales ni para privatizar la Universidad Distrital o la red hospitalaria pública de nuestra ciudad y mucho menos una empresa que forma parte del patrimonio de los bogotanos como es la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá.

En la mañana de hoy se ha presentado a consideración del Concejo de Bogotá por parte de la Alcaldesa Ad Hoc, Cristina Plazas, un proyecto de acuerdo para autorizar la enajenación de la participación accionaria del Distrito en esa empresa pública. Me propongo impulsar el más amplio debate público sobre este tema.

Dentro de las primeras tareas que me he impuesto a partir de ahora está la de solicitarle a la Junta Directiva de la ETB que me entregue los estudios y la información reservada que fundamenta esa propuesta de enajenación de la empresa. De igual forma, estudiaré las propuestas de fortalecimiento de la empresa que vienen de distintos sectores, desde la bancada del Polo Democrático, de otros sectores del Concejo de la Ciudad, como de ex alcaldes y académicos conocedores de la materia. De igual forma estaré atenta a los resultados de la investigación abierta por la Superintendencia Financiera de Colombia con el fin de corroborar o descartar una posible conducta abusiva de mercado en las transacciones de las acciones de la ETB en Bolsa.

Pienso que materia de tan amplia repercusión merece la más amplia deliberación pública porque el pueblo bogotano tiene el derecho a conocer con el detalle debido cual es el presente y el futuro de esta empresa emblemática del patrimonio público distrital.

No quiero que se entienda mi mensaje como una reticencia o resistencia a que una empresa perteneciente a un sector de tan alucinante desarrollo como el de las telecomunicaciones cuente con los necesarios aportes tecnológicos del sector privado para mantenerse y avanzar manteniendo su carácter público.

Creo que este debate público y el esfuerzo concienzudo sobre este tema nos dará luces sobre como debemos proceder frente a la disyuntiva del proyecto que ha respaldado el Gobierno nacional y las iniciativas de nuestros concejales en sentido contrario, como corresponde en régimen democrático pluralista y deliberante.

COMPROMISO CON EL METRO

Me encanta encontrar que la doctora María Fernanda Campo, Ministra de Educación y hasta hoy Alcaldesa encargada de Bogotá a quien expreso mis reconocimientos por la diligente actividad cumplida en estas cinco semanas, hace público la ratificación del compromiso del Gobierno Nacional con el Metro de la ciudad de Bogotá propuesto y gestionado por el Alcalde Samuel Moreno Rojas en respuesta al masivo apoyo de esta iniciativa de los bogotanos en el pasado debate electoral. Me propongo continuar en las gestiones necesarias de la mano del Presidente de la República, doctor Juan Manuel Santos para convertir esta promesa aplazada por más de cincuenta años en realidad futura de nuestra ciudad. Que no nos vaya a pasar que dentro de cien años, cuando se abra la urna del bicentenario que próximamente depositaremos para las futuras generaciones, que por “transitar las calles del después, desemboquemos en la Plaza del nunca jamás.”

INCLUSIÓN SOCIAL

En esa misma urna quiero depositar la concepción que estas dos administraciones hemos tenido de la Ciudad de Derechos que muestra logros de inclusión social y progreso en la garantía de la igualdad de oportunidades que le dan a cada cual la posibilidad de realizar su potencial en una sociedad justa, libre de discriminaciones injustas y desigualdades injustificables. Contaremos que tenemos en la menta una Bogotá, una Colombia del tamaño de nuestros sueños que empezamos a construir con la educación gratuita del grado 0 al grado 11 para un millones de escolares bogotanos.

Que emprendimos la carrera para que la salud fuera considerada un derecho y no una mercancía otorgando dentro de las limitaciones del régimen de salud de la Ley 100 y su intermediación a través de las EPS, acceso universal gratuito para los más vulnerables, niños y niñas hasta los 5 años de edad, mayores de 65 años y personas con discapacidad severa. Que iniciamos la vacunación gratuita de todo infante que nace en la ciudad contra las enfermedades respiratorias y gastrointestinales prevenibles con el derecho a ser protegido contra el neumococo y el rotavirus.

Que emprendimos la marcha triunfal contra el hambre con comedores popularees y alimentación escolar que de paso el peso, la talla y la capacidad de aprendizaje a los niños y niñas de la ciudad. Tenemos derecho a creer que si no variamos la ruta señalada dentro de cien años cuando vean nuestros comienzos en esta Ciudad de Derechos ya no exista la pobreza, el hambre, la desatención social.
SEGURIDAD CIUDADANA

Estoy consciente de que la seguridad es una enorme preocupación de la ciudadanía. Dentro del encargo de la doctora maría Fernanda campo, la ciudad recibió 600 nuevos policías. Vamos a insistir ante el Gobierno Nacional en la necesidad de explorar nuevas formas de colaboración con la Nación. A sabiendas de que al Alcalde le cabe una enorme responsabilidad en este campo, debo insistir en que esa responsabilidad debe entenderse compartida con la Policía Metropolitana y desde luego con los ciudadanos en su obligación de colaboración y denuncia. Desde ahora hago un llamamiento a nuestra Policía, con la cual quiero estrechar nuestras relaciones de coordinación y articulación, para que actùe en forma sistemática contra el raponazo, con el criterio de que no solo queremos acabar con la sensación de inseguridad sino con la inseguridad misma. Debemos conquistar una Bogotá en la que la gente pueda transitar con confianza en todas sus calles y espaios públicos para lo cual debemos golpear duramente a la delincuencia coumúna, pero tambié, a las bandas organizadas que la alimentan y alienta. Vamos a combatir el narcomenudeo en estrecha colaboración con la Policía nacional hasta llegar a la raíz, a la fuente de las poderosas organizaciones criminales que suministran la droga y las armas que constituyen la base del micro tráfico en Bogotá.

GARANTÍAS ELECTORALES

En el corto periodo que me corresponde como Alcalde de Bogotá, ejerceré el Gobierno con un criterio democrático y pluralista para que todas las expresiones del pensamiento político y social tengan plenas garantías. No permitiré que funcionarios de dirección del Gobierno ejerzan presión alguna sobre los empleados y contratistas para lo cual desde mi despacho y coordinación estrecha con la Veedora Distrital, establezcamos mecanismos idóneos para recibir y actuar sobre quejas por el incumplimiento de esta directiz. Todos los empleados, sin excepcion alguna, deben sentirse libres para ejercer sin coacción sus derechos polìticos constitucionales. Pero todos es todos.

LLAMAMIENTO

Para terminar quiero hacer un llamamiento a todos los aquí presentes para que recuperemos un símbolo de reconciliación entre colombianos, un monumento que hoy luce tan desvencijado como las señales que dejan entre nosotros todos nuestros conflictos e intolerancias. Para que con su reconstrucción hagamos un nuevo voto nacional por la paz de Colombia. Para que con la reconstrucción del Voto nacional recuperemos también a los seres humanos del Bronx que se enconden detrás de uno de sus costados y que reclaman la solidaridad de la sociedad toda. .
COMPROMISO

Aquí, hoy ante ustedes, renuevo mi compromiso con Bogotà, con las buenas costumbres de mis mayores, con la rectitud de mis sólidos lazos familiares, con la Constitución y la Ley de Colombia y con el Ideario polìtico que profeso.

HOMENAJE A GAITÁN

Para terminar, un llamdo muy respetuoso a todos los sectores políticos y sociales para que unamos voluntades en función de nuestros intereses comunes, de los intereses compartidos de nuestra ciudad. Y un homenaje: a Jorge Eliecer Gaitán, víctima paradigmática de los conflcitos colombianos quién precisamente hace 75 años fue nombrado Alcalde de Bogotá por Alfonso López Pumarejo.

Bogotá, Palacio Liévano, junio 10 de 2011.

Discurso pronunciado ante la Asamblea Distrital del Polo Democrático, Bogotá, 3 de marzo de 2007. Auditorio Corferias.

– Bogotá Productiva, Capital de los Derechos

En octubre se cumplen veinte años del asesinato de Jaime Pardo Leal, a manos de los grupos paramilitares que continuaron su marcha siniestra en plena impunidad hasta hacer la metástasis que hoy conocemos. Ante su tumba abierta en el cementerio central ese fatídico 13 de octubre de 1987 hice un compromiso solemne: “Juro -dije entonces- luchar con todas mis fuerzas, hombro a hombro, con las mujeres y hombres demócratas de este país, por crear un frente de convergencia de inconformidad nacional para cambiarle de rumbo a Colombia.” Fue esa una de las razones por las que acepté, en esa época de guerra sucia abierta, la propuesta de la Unión Patriótica para representar a una convergencia de sectores de la izquierda y vertientes progresistas del Partido Liberal, como candidata a la Alcaldía Mayor de Bogotá, en la primera elección popular del alcaldes en 1988.

HOMENAJE A LOS SACRIFICADOS

De ese entonces a esta parte, es mucha la sangre que ha corrido, pero también la madurez ganada en la lucha política, la cual ha hecho posible la tan soñada y anhelada Unidad de todas las sectores de la izquierda democrática, reunidos hoy en un solo Partido, el Polo Democrático Alternativo, que surge como la esperanza de verdad, de cambio y de justicia social para el pueblo colombiano.
Quiero por ello hoy, aquí, en el seno de la democracia partidaria que es esta Asamblea Distrital, reiterar ese juramento y rendir homenaje a aquellos que no sobrevivieron para celebrar en esta hora que hemos vencido el principal obstáculo que fuera nuestra dispersión y nos aprestamos a conquistar la Presidencia de la República y a gobernar a Colombia en el 2010. Además de Jaime Pardo Leal quiero recordar aquí a Luis Carlos Galán, a Carlos Pizarro León Gómez y a Bernardo Jaramillo Ossa, en el entendido de hacemos honor a su memoria construyendo un programa de realizaciones económicas y sociales con las que siempre soñaron, por las cuales murieron, estos auténticos voceros de la democracia colombiana.

LOS LOGROS DEL POLO CON LUCHO

Conocidas las realizaciones altamente positivas adelantadas por el Gobierno del Polo en cabeza de Lucho Garzón y que han permitido señalar a Bogotá como la única ciudad en Colombia en que se han reducido los índices de pobreza, corresponde ahora al Partido establecer con mucha nitidez, con claridad meridiana, qué clase de candidato y qué clase de programa necesitamos plantearle a los ciudadanos que nos permita profundizar sobre lo ya construido, pero por sobre todo, que nos permita avanzar.

ALCALDE Y PROGRAMA DE IZQUIERDA PARA AVANZAR

Pienso y quiero plantearlo desde esta tribuna, que el Polo está históricamente comprometido, es más, está obligado, a presentar un programa y un candidato auténticamente de izquierda, en oposición al candidato y al programa del establecimiento neoliberal que representa la candidatura de Enrique Peñalosa. Necesitamos, presentar un programa de desarrollo alternativo, un programa capaz de iniciar la ruptura con el modelo de crecimiento económico desigual y promotor del desempleo -que el neoliberalismo perpetúa- y que nos ha separado en dos ciudades que alimentan la desconfianza mutua, el recelo y el miedo: la una moderna, próspera y dinámica, y la otra rezagada, mal remunerada y segregada socialmente, en asentamientos precarios, donde las mayorías se debaten en un círculo vicioso reproductor de pobreza, desempleo y desesperanza.

La aplicación de la primera apertura comercial de los años noventa, porque la segunda vendrá si el TLC es aprobado, convirtió a nuestra ciudad y al país entero en el escenario del consumo de lo que se produce en el mundo globalizado. Solamente aquí en Bogotá, condujo a la ruina de más de 1300 empresas industriales y comerciales, sin que hayamos podido todavía encausar el crecimiento económico hacia la creación del empleo productivo, pasaporte, de la mano de la educación, hacia las oportunidades de ascenso en la vida.

NO SOMOS BOMBEROS DEL INCENDIO SOCIAL 

No podemos conformarnos con el status quo de la pobreza a que nos quiere retrotraer el neoliberalismo capitalino y mucho menos con el papel, que desde afuera nos quieren endilgar, de actuar como bomberos del incendio social. Se requiere plantear el esbozo de un nuevo modelo de desarrollo económico para la ciudad, paralelo con lo que ocurre en el resto de América Latina, en dónde las viejas superestructuras políticas sucumben ante los avances de la izquierda, empeñada en subsanar las heridas dejadas por el modelo de desarrollo desigual, en dónde el crecimiento funge de palanca aparentemente competitiva, pero que no ha contribuido a solucionar, sino por el contrario a agravar, la concentración del ingreso y del producto social, con sus secuelas de desempleo, informalidad y exclusión.

TODOS LOS DERECHOS CUESTAN

Por eso, en el anteproyecto programático que presento a consideración de ustedes para abrir el debate del Programa del Polo que también debe definir esta Asamblea, propongo una Bogotá productiva, Capital de los Derechos. Una Bogotá productiva porque en la concepción de la izquierda democrática, la creación de nueva riqueza es de la esencia para la garantía y materialización de los derechos. Porque los derechos, todos los derechos exigen prestaciones económicas por parte del Estado. Desde los preciados derechos de libertad del grito de la Revolución Francesa, hasta los derechos sociales y colectivos contemporáneos como la salud, la educación, el trabajo y el ambiente sano. Todos los derechos cuestan. De ahí que se pueda afirmar que la vigencia de los derechos depende de los impuestos. La nueva expresión de la izquierda está en la tributación equitativa porque ser de izquierda es conseguir la realización de los derechos.

Por ello sostenemos que no puede, que no debería existir el crecimiento económico, sin la distribución de sus beneficios entre quienes contribuyeron a su formación: capital, trabajo y Estado; y sin la incidencia que este crecimiento debe registrar en la superación del desempleo, el subempleo y la informalidad y de la falta de oportunidades para una vida digna.

NECESITAMOS ALCALDE Y NO UN GERENTE

Quienes juegan a la producción y a la competitividad, relegando la problemática social, están jugándole a la perpetuación de la exclusión. Solo le apuestan al asistencialismo limitado que no puede convertirse en reemplazo estratégica a la negación de los derechos. Por eso me parece que necesitamos desmitificar y desnudar, en todo su contenido, la tesis efectista que se ha venido abriendo paso en el sentido de que Bogota lo que necesita es un gerente. Es bien sabido que los gerentes se ocupan de la administración y del agenciamiento de intereses particulares, con criterios de rentabilidad privada. De ahí la versión miope de competitividad que promueven desde el gobierno nacional, basada en bajos impuestos a los privilegiados y menores salarios al trabajo. Concepción equivocada que se limita a exprimir utilidades inmediatistas, en lugar de procurar altos índices de productividad, fundamento irreemplazable para generar empleos de calidad y utilidades crecientes en el largo plazo; productividad, que dicho sea de paso, en Bogotá, es inferior al promedio nacional, sin mencionar el internacional.

ALCALDE LÍDER LOS INTERESES COLECTIVOS

En oposición a ese criterio, considero que lo que Bogotá necesita es un o una Alcalde: Alcalde que lidere los intereses colectivos, que sea capaz de conjugar las aspiraciones, muchas veces en conflicto, de empresarios, trabajadores formales e informales, constructores, urbanizadores y destechados, jóvenes y adultos mayores, en fin, de la rica pluralidad de estamentos sociales que enriquecen el tejido social, económico y cultural de la ciudad, hacia una visión común, hacia un objetivo estratégico y de largo alcance que a todos congregue en un esfuerzo y compromiso compartido. Alcalde que se ocupe de la Bogotá sin Hambre, con comedores comunitarios y también con el impulso a la Bogotá productiva que deberá, con el apoyo activo del Gobierno Distrital, reducirles la clientela, mediante la generación de oportunidades de trabajo y de empleo adecuadamente remunerados.

CREACIÓN DE NUEVA RIQUEZA

Alcalde que se ocupe de la creación de nueva riqueza y de su distribución equitativa, a través de los impuestos y gravámenes distritales, entre los cuales debe ocupar lugar privilegiado el cobro de la plusvalía urbana que produce la inversión y la actividad de la administración distrital. Plusvalía que jamás se cobró cuando miles y miles de hectáreas de tierras de uso rural, por la sola incorporación que de ellas hizo el Distrito al perímetro de servicios, multiplicaron su precio, sin que sus propietarios iniciales retribuyeran a la sociedad, siquiera una pequeñísima parte de ese enriquecimiento sin causa, fruto de las enormes inversiones en megaproyectos de infraestructura como los de Chingaza, el Guavio o Mesitas, construidos en los años sesentas y hasta los ochenta, y que todavía hoy proveen de agua y energía a la ciudad y a vastas regiones del país.

A COBRAR LA PLUSVALÍA URBANA

Cuando, ante el agotamiento del primer piso del suelo urbano, requerimos espacio nuevo para crecer, nos corresponde generar el segundo piso del suelo urbano. Ese segundo piso, que depende de la potestad de la administración para regular los usos y densidades del suelo urbano, producirá una segunda ronda de valorización, superior a la primera, y esa si la vamos a captar mediante la participación o impuesto a la plusvalía para financiar el salto en la productividad, en la infraestructura para el desarrollo, en la cantidad y calidad de la educación, la salud, la seguridad ciudadana y el bienestar social.

Ello exigirá la proyección y realización de megaproyectos semejantes en tamaño y esfuerzo a los anteriores, pero de variadas características, que compartirán un común denominador. Serán megaproyectos auto-financiables por su contribución a la valorización y a la productividad de la ciudad. Me refiero, por ejemplo a la renovación de las áreas deterioradas y de los barrios con viviendas precarias, a la modernización de Corabastos, la densificación de San Victorino, la proyección de la ciudadela hospitalaria para exportar servicios especializados de salud y promocionar la investigación, la implantación del ciclo complementario del bachillerato académico en los colegios públicos del Distrito con carreras intermedias técnicas de formación para el trabajo, la profundización de la infraestructura de la conectividad y del conocimiento, la universalización de los servicios de salud que le rompa el espinazo a la Ley 100.

BOGOTÁ PRODUCTIVA

Esta es la manera que una Alcalde puede garantizar los derechos. Por eso necesitamos una capital productiva, generadora y regeneradora de nueva riqueza, individual y colectiva. De lo contrario, no tendremos los recursos necesarios para extender y garantizar los derechos. Para lograrlo requerimos una Alcaldía armada de la voluntad política necesaria y capaz de captar a favor del Distrito, la parte que le corresponde de la plusvalía urbana y para alimentar con ella los enormes recursos que deben destinarse a atender las necesidades de los sectores más vulnerables, para mejorar la calidad de vida de todos y todas las bogotanas, para integrar en sola, las dos ciudades hoy separadas por la exclusión social, política y económica de los más desaventajados. No tenemos que escoger entre hacer inversión social o construir la infraestructura de la productividad. Podemos hacer ambas cosas si todos aportamos en la medida de los beneficios que recibimos. Lo que la ciudad produce colectiva y socialmente no puede tener apropiación individual. Todos aportamos, todos recibimos, todos nos comprometemos con el futuro multi-productivo de la ciudad.

BOGOTÁ: CAPITAL DE LOS DERECHOS

En función de ese objetivo estratégico y como esencia de la propuesta de gestión y modelo de ciudad que presento a su consideración, toda la actividad administrativa, económica y social, así como las relaciones con las comunidades, el Concejo Capitalino, el sector privado y los medios de comunicación, estarán atravesadas por lo que ahora se conoce como el derecho a la ciudad, ese amplio espectro de derechos y deberes que garantizan a todos y todas, el disfrute y aprovechamiento de la vida social, en igualdad de oportunidades y de acceso al ejercicio de los derechos fundamentales, sociales y colectivos.

El derecho a la ciudad comprende el derecho a no pasar hambre; el derecho a la igualdad de oportunidades para recibir una educación digna y de calidad que permita competir con eficacia y acceder al empleos y el trabajo bien retribuido; el derecho a la salud pública; el derecho al ambiente sano de quienes habitamos la ciudad y de quienes están por nacer; el derecho a respirar aire limpio; el derecho a contar con una ciudad en la que los niños y niñas sean los únicos privilegiados; el derecho y el respeto a las minorías étnicas, a la diversidad sexual, a todas las religiones y a todas las vertientes del pensamiento; el derecho a una perspectiva de género en el diseño y ejecución de las políticas públicas; el derecho a la recreación; el derecho y el reconocimiento a las actividades culturales; el derecho a la movilidad confortable y digna; el derecho de acceso a toda la ciudad; el derecho a la belleza del entorno; el derecho a no ser desplazado de su comunidad por proyectos de renovación urbana; el derecho a la vivienda que se debe estimular desde la administración distrital para garantizar los espacios públicos y sociales así como la integración de las actividades remuneradas; el derecho al espacio público como un espacio de convivencia; el derecho a caminar con seguridad en la noche; el derecho a participar en las decisiones que nos afectan; el derecho que también es un deber a contribuir en la medida de nuestras capacidades a la creación de la ciudad y de la riqueza individual y colectiva; el derecho a que se apliquen las normas y reglamentaciones de manera estricta, sin privilegios ni discriminaciones injustificadas; el derecho a contar con, y a vivir en, una ciudad en dónde el gobierno esté al servicio de todos los ciudadanos y ciudadanas; el derecho a soñar con una ciudad próspera sin las diferencias odiosas que se han ido implantando; el derecho a la acción afirmativa en favor de los débiles y de los sectores vulnerables para garantizar de manera sustantiva el derecho a la igualdad; en fin, el derecho a acercarnos solidariamente a la materialización de un igual derecho para todos y todas a la ciudad.

Son estos los lineamientos de un programa de izquierda para la ciudad de todos. Los invito a debatirlos, a enriquecerlos, a reconstruirlos, si es menester, para que el Polo pueda hacer de una Bogotá productiva, la Capital de los Derechos.

VIVA EL POLO DEMOCRÁTICO ALTERNATIVO
VIVA BOGOTÁ PRODUCTIVA
VIVA LA CAPITAL DE LOS DERECHOS
ARRIBA LA ESPERANZA QUE EL FUTURO NOS PERTENECE

Bogotá, 3 de marzo de 2007
Presentación de precandidatos a la Alcaldía Mayor de Bogotá
Asamblea Distrital del Polo Democrático Alternativo

Haciendo énfasis en la necesidad de buscar los mecanismos expeditos que permitan al país concretar una solución política al inveterado conflicto armado colombiano, la ex auditora general de la República, Clara López Obregón, en su intervención durante la instalación del I Congreso de Unidad del Polo Democrático Alternativo (PDA) en representación de la Mesa de Unidad, afirmó que a esta fuerza política de izquierda “no le interesa ganar la guerra, a nosotros nos interesa ganar la paz para Colombia”. Para ello le propuso a la plenaria del Congreso retomar el planteamiento del Alcalde de Bogotá Lucho Garzón, según el cual, hay que conformar una gran convergencia democrática para la paz y superar la coalición por la guerra que ha imperado en el país en los últimos años.

El siguiente es el texto de la Intervención de Clara López Obregón como vocera del antiguo PDI ante el plenario del I Congreso Nacional de Unidad, Bogotá, D.C., 30 de noviembre de 2006.

Compañeras y compañeros del Polo Democrático Alternativo:

Ningún partido político de Colombia refleja en la composición de su Congreso, máximo órgano de dirección, la diversidad que caracteriza al Polo Democrático Alternativo. Diversidad generacional, diversidad étnica, diversidad sexual. Pluralismo político e ideológico.

Pero como mujer, no puedo dejar de señalar con orgullo, la participación combativa y alegre de las mujeres polistas en la construcción de este glorioso proyecto político. Y que no se diga que venimos con déficit de votos a copar el 30% del Congreso y de las posiciones en los cuerpos directivos que aquí elegiremos, por mandato expreso de nuestros estatutos, votados unánimemente por los hombres y mujeres del antiguo PDI y que seguramente serán refrendados por esta magna asamblea. La inmensa mayoría de nosotras llega con votos plenos, con calidades políticas potenciadas y compromiso unitario inquebrantable.

De todos los rincones de la Patria venimos presurosos, delegadas y delegados, para consolidar la Unidad de las izquierdas, para ratificar nuestro compromiso con el pueblo colombiano, para avanzar en el 2007 y para triunfar en el 2010.

¡Qué diferencia! Mientras la nave del uribismo naufraga hacia a cárcel, el Polo se levanta con energía imparable, como la esperanza de Colombia.

Quiero reivindicar aquí la labor de nuestra bancada parlamentaria; los debates y denuncias de Gustavo Petro, y Wilson Borja, de Parmenio Cuellar, Jaime Dussan y Jorge Robledo, develando la penetración paramilitar que ha significado la disolución del Estado en amplias regiones de la geografía nacional.

Pero, a la vez, quiero reivindicar aquí, dejando de lado la modestia, la denuncia penal que presenté hace año y medio ante la Corte Suprema de Justicia con los resultados conocidos: tres parlamentarios en la con medida de aseguramiento privativa de la libertad y una fila india de congresistas llamados a rendir indagatoria ante ese elevado Tribunal. Tribunal Supremo que ha mostrado que en Colombia ya no hay intocables y que la impunidad empieza a ceder terreno ante la justicia.

Faltaría, compañera y compañeros del Senado y de la Cámara de Representantes que buscáramos una salida a la paradoja del reemplazo de los congresistas suspendidos por sus vínculos con las estructuras paramilitares por quien les sigue en votos en su misma lista, es decir, elegido con los mismos votos de su principal. Nadie puede entender que esos votos espurios, conseguidos a la punta de un fusil, ahora le den derechos políticos a un suplente. En este caso concreto lo que hay es un vacío normativo en la Constitución y la Ley. Estoy en trance de presentar una demanda de nulidad ante el Consejo de Estado en busca de que sean los jueces quienes llenen semejante laguna normativa, pero bien valdría la pena que la Ley, por iniciativa del Polo se ocupara de la materia.

Al entrar a este recinto escuché la voz libertaria de la gran canta-autora de nuestra América, Mercede Sosa. Recordé en seguida una de sus más sentidas plegarias, tan cara a las mujeres de esta Colombia ensangrentada:

“¡Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente!”

Desde aquí quiero repetir con ella y gritar con fuerza de reclamo al Presidente Uribe:

¡A nosotros los del Polo, la guerra no nos es indiferente!

Reclamamos del Gobierno y de la insurgencia: Acuerdo Humanitario, ¡YA! No más excusas, no más dilaciones.

Retomando el planteamiento de Lucho Garzón, Alcalde de Bogotá y fundador del Polo; necesitamos construir una gran convergencia democrática por la paz para reemplazar la coalición por la guerra que ha imperado en este país a través de tantos gobiernos. Una convergencia de todos los sectores sociales y políticos, empresariales y civiles interesados en crear las condiciones para la reconciliación y convivencia entre todos los colombianos y colombianas.

¡Al Polo no le interesa ganar la guerra!
¡A nosotros los del Polo nos interesa ganar la paz para Colombia!

Es ese el compromiso que tenemos:

Desterrar la violencia, el odio y la discriminación.
Desterrar el hambre, el desempleo, la ignorancia y la injusticia.
Recuperar la ética y expandir la solidaridad
Conquistar la soberanía plena para resolver los problemas de Colombia, a la colombiana.
Realizar, de la mano de los pueblos revolucionarios de la República Bolivariana de Venezuela, del Ecuador, De Nicaragua, de Bolivia, de Chile, de Uruguay, de Argentina, de Brasil, en fin, del continente entero, el sueño de Bolívar: La Unidad Latinoamericana.

¡Arriba la esperanza que el futuro nos pertenece!

¡Viva el Polo democrático Alternativo!
¡Viva Colombia!

4 de febrero de 2006.
Clara López Obregón
Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada

Samuel Moreno Rojas, Presidente del Polo Democrático Alternativo Antonio Navarro y demás miembros de la Dirección Nacional de nuestro Partido Carlos Romero, mi compañero de luchas y de vida Colegas Senadores:

Francisco Rojas Birry, quien representa 500 años de resistencia Carlos Ossa Escobar, constituyente, ex contralor y ex ministro de Estado Marcelo Torres, dirigente aguerrido de las luchas estudiantiles y sindicales Julián Lemos, cabeza visible de la corriente que orienta Angelino Garzón Tarsicio Mora, maestro y combativo dirigente de maestros
Alfonso Camerano, intelectual de valía y caribeño integral León Valencia, Presidente de la Corporación Nuevo Arco Iris Roberto Saenz, Director de Agenda Bogotá Armando Novoa, Director de la Fundación Plural Gloria de Pardo Leal, esposa del dirigente sacrificado, Jaime Pardo Leal Luis Alfonso Galán, hijo del líder inmolado Luis Carlos Galán Matilde Bateman Cayón Maria Emma Mejía, la gran ausente de este acto y de las listas del Polo
Colegas concejales, ediles y dirigentes nacionales y distritales del Polo Compañeras y compañeros todos Un saludo filial y fraternal al expresidente Alfonso López Michelsen y a su doña Cecilia Caballero de López, quienes vinieron hasta el Centro de Convenciones a saludar este evento.

Veo y repito con entusiasmo un significativo cartel que decora este salón: Lucho, gracias por Bogotá sin Hambre!

Para citar este evento que da inicio a la recta final de la campaña electoral, hemos escogido el lema que nos congrega: la Gran Minga de la Victoria. He leído recientemente el relato de cómo llegó Albretch Durero a ser pintor. Resulta que su hermano se sacrificó trabajando en las minas de carbón para que él pudiera estudiar y triunfar. Cuando regresa como artista consumado a su tierra natal, encuentra que su hermano tiene las manos tullidas por la quebradura de huesos del trabajo duro de las minas. Entonces Durero entiende que no hubiese sido un grande de la pintura sin el concurso solidario del hermano, quien también aspiraba a ser pintor. Y saca una enseñanza: “¡Nadie, nunca triunfa solo!”

Yo creo que eso hemos entendido quienes integramos esta Minga. Hemos entendido, como lo hizo Durero, que para obtener la curul, que para salvar a Colombia, que para enrrumbarla por el sendero de la redención social, del progreso y de la igualdad, necesitamos del trabajo solidario y en equipo para la consecución de nuestros objetivos comunes. Necesitamos de esa gran institución indígena que es sinónimo de solidaridad, de comunidad, de trabajo colectivo, en pos de metas compartidas. Necesitamos de una gran Minga convergente que no es más que la unidad y la convergencia de todos los colombianos de buena voluntad que queremos cambiarle el rumbo a nuestra patria. Ese rumbo neoliberal que nos ha traído desempleo, que nos ha traído violencia, que nos ha traído descomposición social y pérdida de los lazos de solidaridad, que nos sumido en la pobreza material y espiritual, que ha colocado a la gran mayoría de compatriotas al nivel de los países más atrasados del mundo.

Necesitamos la gran Minga para enfrentar la reelección que puede convertirse en una verdadera tragedia para la democracia colombiana y significar la permanencia del paramilitarismo mafioso en la escena nacional.

Necesitamos la gran Minga para obtener una extraordinaria votación el 12 de marzo a fin de que hombres como Rojas Birry, Marcelo Torres, Carlos Ossa, Tarsicio Mora, Julián Lemos y Alfonso Camerano puedan llegar al Senado de la República y convertirse allá en palanca de impulso a una legislación que por fin beneficie a todos los colombianos.

Pero también queremos una Minga de largo aliento. Una Minga que nos conduzca al 2010 con gritos de victoria. Queremos que en el bicentenario del Grito de la Independencia americana, no solo lleguen por fin los vientos renovadores del sur del continente, sino que lleguen para quedarse, para transformar a Colombia en una verdadera democracia social y participativa.

Compañero Samuel, Compañero Navarro:

Queremos expresarles que en esta Minga, con la presencia de estos candidatos, concejales, ediles y dirigentes del Polo, con la representación entusiasta de compañeras y compañeros de todas las localidades de Bogotá. Queremos expresarles que en esta gente sencilla y combativa estamos las bases sólidas de la unidad y de la convergencia que requerimos para sacar al Polo de esas contradicciones que encierran actitudes personalistas y propuestas excluyentes.

Quiero decirle, no solo al Presidente del Polo Democrático Alternativo, sino a todos los candidatos a las corporaciones públicas de nuestra Minga, que no voy a desmayar un solo día en la lucha por conseguir que los militantes y simpatizantes de nuestro querido Polo Democrático marchen en una sola dirección. En la dirección de la verdadera unidad que va más allá de los esquemas dogmáticos y se proyecta hacia la realidad política colombiana.

Quisiera esbozar como integrante de esta Minga que nace y se desarrolla, que está en camino de triunfar, algunos de los compromisos que adquiero si el pueblo bogotano me elige a la Cámara de Representantes:

Lo primero que voy a hacer es presentar el mismo 20 de julio un proyecto de reforma al Estatuto orgánico de Bogotá contenido en el Decreto 1421. Un proyecto de reforma que concrete la descentralización administrativa, económica y política del Distrito. No más alcaldes y alcaldesas locales con funciones de inspector de policía. No más recursos a cuenta gotas a las juntas administradoras. La descentralización es administrativa, económica y política o no es descentralización.

También voy a presentar un proyecto de ley que le permita al Gobierno Distrital cuidar y administrar de forma autónoma los cerros y todos los demás recursos naturales del territorio de la Capital de la República. Yo siempre me hecho la pregunta: ¿De dónde sale, a qué se debe, que los recursos forestales tienen que ser administrados desde un Ministerio del Palacio de Nariño y no desde una Secretaría del Palacio Lievano? Esto ha quedado al descubierto cuando el Contralor Distrital, el doctor Oscar González, ha propuesto una consulta para que quede definitivamente cerrada la posibilidad de seguir otorgando licencias para la construcción en los cerros orientales que constituyen el pulmón ecológico y el paisaje tutelar de todos los bogotanos: de los bogotanos nacido y de los bogotanos por nacer. Resulta que aparecen normas caprichosas que nos niegan el derecho a resolver la suerte de asuntos de tanta monta y eso debe cambiar.

Y vamos a presentar un proyecto de ley para enterrar definitivamente la Ley 100 que nos quitó el derecho a la salud. El Estado colombiano no puede desentenderse de la salud para favorecer a unos pocos avivatos que se han apoderado de las cotizaciones del pueblo, incluso para enviar sus utilidades al exterior. Eso debe cambiar.

Vamos a presentar un proyecto de ley que concrete la igualdad de género: igual salario por igual trabajo; igual remuneración por igual esfuerzo y capacitación. Para que a los altos cargos puedan llegar las mujeres sin someterse a la estructura social dominante que tristemente todavía se refleja en nuestro Polo, donde las mujeres fuimos relegadas en las listas de Senado y Cámara a los espacios menos visibles.

Y vamos a convertir en política nacional la lucha contra el hambre. Vamos a extender la experiencia humanista y solidaria de Lucho Garzón a todos los confines de Colombia. Quiero recordarles que hasta hoy, el programa de Bogotá sin Hambre ha cumplido el 82% de su meta al sentar diariamente a manteles a 550.000 adultos mayores, niños y desplazados. Los comedores comunitarios tienden a convertirse en símbolo normal de solidaridad en todas las comunidades pobres de la ciudad, que miran y admiran con simpatía la nueva forma de administrar con alma del Gobierno Distrital. Eso de ampliarse y continuarse.

Y voy a cumplir lo que le anuncié al señor Presidente Alvaro Uribe cuando decliné su honrosa oferta del cargo de zarina Anti-corrupción: Mi curul en la Cámara de Representantes se va a convertir en tribuna permanente contra la corrupción abierta y disfrazada, porque no solamente hay quienes roban al erario público sino quienes obtienen tratamiento laxo en la aplicación de la ley para obtener utilidades exageradas.

Compañeras y compañeros de esta gran convergencia minguera:

Pongámonos de pié. Alcemos con fuerza el brazo izquierdo, cerremos el puño y juremos solemnemente:

Juro por la Patria colombiana y honrando la memoria de Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Pumarejo, Luis Carlos Galán y Jaime Pardo Leal

Que nos mantendremos firmes para construir la Colombia de sus sueños, la Colombia de nuestros sueños.

Que votaremos copiosamente por el Polo de la Esperanza

Que llevaremos a los candidatos de la Minga a la victoria

Viva Colombia
Viva el Polo Democrático
Viva la gran Minga de la Victoria

Arriba la esperanza que el futuro nos pertenece.

En Foro realizado en la Sociedad Económica de Amigos del País, la ex auditora general de la República y candidata a la Cámara por el Polo Democrático Independiente, Clara López Obregón defendió la ampliación de la unidad que se discute en entre el Polo Democrático Independiente (PDI) y Alternativa Democrática.

Ante una nutrida asistencia de militantes y simpatizantes del PDI, afirmó:
“Un grupo de dirigentes del PDI entre quienes me incluyo, hemos considerado que en la coyuntura política actual, después de aprobada la reelección y bajo los signos de la creciente paramilitarización del país, se requiere promover la unidad de acción popular y electoral de todos los sectores democráticos del país como una manera de frenar la liquidación de lo poco que se ha avanzado en el Estado social de derecho y como una forma concreta de propiciar cambios democráticos que faciliten la organización de los distintos estamentos del pueblo colombiano para conquistar, con su participación, el desarrollo económico progresista y la soberanía nacional.”

INTERVENCIÓN 
El siguiente es el texto de su intervención:

AMPLIEMOS LA UNIDAD

Clara López Obregón
Foro Abierto
Sociedad Económica de Amigos del País
Noviembre 24 de 2005.

La unidad forma parte de la esencia de la táctica de todos los partidos políticos. Un partido político que aspira a gobernar tiene necesariamente que partir de un presupuesto de unidad política interna. Aquellos partidos que no tienen un mínimo de coherencia política que se exprese en su unidad interna están irremediablemente condenados al fracaso.

En el pasado inmediato, los partidos comunistas y obreros, por ejemplo, sustentaban su línea organizativa y política en la más férrea unidad de sus militantes y organismos de dirección. Se predicaba una unidad no solo en el plano de la política sino también en el plano ideológico. Cualquier desviación implicaba expulsión y ostracismo.

Los acontecimientos de la década del noventa mostraron que esa unidad “férrea” que aparecía indestructible era formal y endeble. Era voluntarista y ello ocasionó el gran derrumbe de lo que, en su tiempo, se llamó el “campo socialista”.

Los partidos de la izquierda moderna y democrática que abanderaron el sendero del pensamiento único e histórico han comprendido la importancia de la unidad dentro del pluralismo. La unidad, más que férrea, tiene que ser el resultado de las coincidencias y de los acuerdos. Esa es la unidad que está vigente, es la única unidad posible para quienes nos desenvolvemos bajo la cobertura del Estado social de derecho.

Resulta contradictoriamente antagónico señalar como objetivo estratégico la construcción del Estado social de derecho y, a la vez, buscar la unidad ideológica y política férrea. El Estado social de derecho es, por esencia, política e ideológicamente pluralista y nosotros, quienes militamos en el Polo Democrático Independiente hemos señalado en nuestros estatutos y en nuestra plataforma política al Estado social de derecho como el camino a seguir y modelo de sociedad a construir.

Esta definición nos coloca en el campo concreto de la unidad de las izquierdas en Colombia. El Polo, y eso se vio en la batalla electoral del 2003, pudo avanzar gracias a la política de concertación esbozada por Lucho garzón en Bogotá y Angelino Garzón en el valle. De haber marchado a través de los postulados de la izquierda radical tradicional, la propuesta no habría sido la concertación sino la ruptura que ahora algunos les reclaman.

La política de ruptura social y política es la bandera clasista de la izquierda tradicional mientras que la bandera de la concertación, la bandera de admitir distintas formas de propiedad, la bandera del respeto a las minorías, es la mejor propuesta política de la nueva izquierda.

Por eso, cuando en un proceso como el que vivimos se habla de la unidad orgánica entre el Polo Democrático Independiente que es expresión de la nueva izquierda, y la izquierda tradicional, es evidente que se están pretermitiendo realidades y se está corriendo a velocidades que no corresponden objetivamente a la formación y a la esencia de los movimientos potencialmente seleccionados para esa clase de unidad.

Un grupo de dirigentes del PDI entre quienes me incluyo, hemos considerado que en la coyuntura política actual, después de aprobada la reelección y bajo los signos de la creciente paramilitarización del país, se requiere promover la unidad de acción popular y electoral de todos los sectores democráticos del país como una manera de frenar la liquidación de lo poco que se ha avanzado en el Estado social de derecho y como una forma concreta de propiciar cambios democráticos que faciliten la organización de los distintos estamentos del pueblo colombiano para conquistar, con su participación, el desarrollo económico progresista y la soberanía nacional.

Por eso digo y sostengo que este no es el momento del unanimismo ideológico ni de las fusiones orgánicas. Este es el momento de la unidad de acción de todos aquellos que creemos en la defensa de la democracia, de todos aquellos que defendemos el pluralismo, de todos aquellos que queremos abrirle el paso a un nuevo modelo de desarrollo en el país, de todos aquellos que defendemos la posibilidad de los cambios pacíficos, de todos aquellos que defendemos la paz y, desde luego, la solución política negociada al conflicto armado.

Me declaro amiga de una unidad de acción electoral amplia, de una unidad de acción electoral ampliada que abarque el centro político y toso el espectro de la izquierda democrática.

Bogotá, 24 de noviembre de 2005.

Saludo cordial a:

Los líderes, hombre y mujeres, de todas las localidades de Bogotá
Mi compañero de lucha y de vida: Carlos Romero, Concejal de Bogotá
Al Presidente del Polo Democrático Independiente, Samuel Moreno Rojas
Al Marcelo Torres, candidato al Senado de la República
Gloria de Pardo Leal, viuda del sacrificado Presidente de la Unión Patriótica e inolvidable Jaime Pardo Leal
Luis Alfonso Galán, hijo del inmolado líder que capturó la esperanza del pueblo colombiano, Luis Carlos Galán Sarmiento
Adriana Vanegas, dirigente de las luchas de las mujeres
Carlos Bula Camacho, ex Ministro de Trabajo

Amigas y amigos todos:

Aquí estamos. A pesar de la tormenta, de la lluvia torrencial y del granizo, hemos cumplido la cita. Es un muy buen augurio de la victoria electoral que se avecina. Ni rayos, ni centellas nos pueden detener.

El Polo sigue su marcha, el Polo sigue en ascenso.

En estos dos últimos meses, la tendencia que representamos en el Polo Democrático ha dedicado el tiempo y el mayor esfuerzo a una tarea, a una labor que hemos considerado vital para la consolidación y ampliación de las bases populares de nuestro Partido. En nuestro criterio, no podíamos seguir avanzando en la afiliación, sin brindarle a la militancia los conocimientos básicos de la estructura programática, la línea organizativa y de la táctica política del Polo, y de cómo ellas se integran en la conducción y realización del Plan de Desarrollo de Bogotá impulsado y dirigido por nuestro Alcalde Lucho Garzón.

Y bien, hoy 29 de octubre de 2005 podemos hacer el balance exitoso de esta primera etapa: 489 afiliados al Polo han participado activamente en los cursos de liderazgo político y social domingo tras domingo, durante los últimos meses. ¿Qué quiere decir esto, compañeras y compañeros? ¿En qué nos diferenciamos de otras campañas políticas en marcha? La respuesta es sencilla. La respuesta es alentadora. Mientras unos politiqueros del momento quieren seguir engañando demagógicamente a nuestro pueblo, nosotros, como Polistas que soñamos con una Colombia para todos los colombianos, hemos escogido el camino más difícil, pero el más efectivo. En vez de promesas que nunca se cumplen porque no están en condiciones de cumplirlas -y ellos lo saben- le estamos llevando a nuestros militantes y a nuestra dirigencia distrital los elementos de una formación política que les permita ver en qué estamos y para dónde vamos.

Es que nosotros pensamos que el verdadero cambio pasa por la concientización política y social de nuestro pueblo. Y en esos cursos hemos dicho y lo repetimos hoy que somos el Partido de la Constitución, el Partido que defiende el Estado social de derecho, el Partido que aspira a construir en Colombia un Estado comprometido con el objetivo social, un Estado comprometido con la igualdad, un Estado comprometido con la democracia, un Estado comprometido con la paz y la convivencia entre los colombianos y las colombianas.

Y ese objetivo no lo podremos conquistar si, en primer término, las decenas de miles de afiliados, no saben, no conocen a ciencia cierta, que es el Estado social de derecho. Nosotros lo entendemos de una manera muy clara y muy precisa. Nosotros entendemos el Estado social de derecho como un Estado que se rige por las reglas del derecho y por los mandatos de la Constitución. Nosotros entendemos el Estado social de derecho como un Estado garantista, es decir, un Estado capaz de garantizarle al pueblo todo, pero especialmente a los mas pobres y a los más desvalidos y vulnerables de nuestra sociedad, condiciones de vida dignas, condiciones materiales de existencia con la satisfacción de las necesidades básicas de todo ser humanos: la liberación del hambre, el trabajo, la vivienda, la salud y la educación y al lado de ello, la democracia pluralista. Ese es nuestro norte y nuestro sur. A eso vamos a dedicar el resto de nuestra vida, a eso vamos a brindarle nuestros sacrificios, a eso los invitamos a ustedes, a no desmayar y a trabajar con el convencimiento de que otra Colombia es posible.

Compañeras y amigos, el hecho político más importante y relevante de este año, ha sido la decisión de la Corte Constitucional que le ha dado vía libre a la reelección presidencial. Y yo quiero decirles a ustedes que como ha hecho la inmensa mayoría de los colombianos, este fallo, esta sentencia de la Corte debe ser acatado. Pero el hecho de que afirmemos y digamos que debe ser respetado, no puede conducirnos a guardar silencio sobre las razones que nos inducen a no compartirla. O sea, la acatamos pero no la compartimos.

Y ¿por qué no la compartimos? ¿Acaso porque somos antiuribistas patológicos obsesivos? No. De eso no se trata. No la compartimos porque el accionar político y gubernamental del Presidente va en contravía del Estado social de derecho que es el objetivo estratégico del Polo Democrático Independiente. Pongamos unos cuantos ejemplos compañeros y compañeras.

Cuando el Prsidente Uribe trabaja a favor de Tratado de Libre Comercio, va en dirección contraria del Estado social de derecho. Porque el Estado social de derecho defiende, en primer término, lo nacional, los intereses del pueblo colombiano; y el TLC va en contravía de los intereses de los empresarios, de los industriales nacionales, de los comerciantes, de los agricultores, de lo que podríamos llamar la economía endógena colombiana, es decir, de la que se dedica a satisfacer las necesidades del mercado interno con el capital y el trabajo colombiano.

El TLC amarra nuestra economía a intereses foráneos. Peligra el arroz, el maíz, los tomates, la cebolla, el cilantro, en síntesis, peligra la changua colombiana. Hasta nuestra ruana peligra. Se nos anuncia que importaremos ropa usada y, desde luego, tendremos que ingerir el muslo del pollo norteamericano, subsidiado por el Estado más rico de la tierra que va a arruinar la industria avícola y va acrecentar el desempleo entre los colombianos.

No nos oponemos al TLC como efecto de un anti-norteamericanismo trasnochado. Nos oponemos al TLC y a cualquier otro Tratado que ponga en peligro la economía y el empleo de los nacionales. Yo soy una de las pocas colombianas que ha tenido la fortuna de estudiar en la Universidad de Harvard, la número uno del mundo según afirman en todas partes. Allí mis profesores me enseñaron que es la capacidad adquisitiva de los pueblos la que determina el crecimiento económico y que este sólo no es desarrollo si no va acompañado de la justicia social.

Yo no quiero ser inferior a las enseñanzas que me transmitieron esos profesores, algunos de ellos galardonados con el Premio Nóbel en economía. Quero decirles que lo que uno aprende en Harvard puede ser utilizado en varias direcciones: Puede ser utilizado para aprobar las fórmulas del Fondo Monetario Internacional que llevaron a la Argentina a la bancarrota. O pueden ser utilizadas como lo he hecho a lo largo de mi vida y lo seguiré haciendo, para defender los intereses de Colombia, para defender la salud, la educación, el trabajo y el techo del pueblo colombiano, para defender la necesidad de las relaciones económicas y comerciales con todos los pueblos del mundo, en pié de igualdad y con reciprocidad.

Aquí está la razón esencial de nuestra oposición a la reelección. No queremos la reelección de la guerra. No queremos la reelección del neoliberalismo. No queremos la reelección de la dependencia. No queremos la reelección del autoritarismo, ni mucho menos de las estructuras mafiosas que se pelechan de la impunidad.

Pero además, no compartimos la decisión de la Corte Constitucional por una razón profunda de derecho, porque ha desconocido olímpicamente el derecho a la igualdad, columna vertbral del Estado social de derecho. Esa decisión niega en forma grosera el derecho de otros colombianos, opcionados en las encuestas a competir sin renunciar a sus cargos por la presidencia de la Republica. Yo les pregunto ustedes, aquí con el corazón en el mano, compañeras. Aquí entre nosotros, quienes conocemos el pensamiento y el sentimiento del pueblo bogotano. ¿Por qué el Congreso de la República primero y la Corte Constitucional después no extendieron el derecho a participar en el debate electoral a un hombre que ha mostrado su talante y capacidad para gobernar de una manera diferente como Lucho Garzón? Quiero decirles que, por ejemplo, Lucho Garzón tienen el mayor porcentaje de aceptación en Bogota que pueda tener dirigente político alguno. Y creo como lo cree la inmensa mayoría del pueblo colombiano que hubiera sido el único candidato capaz de enfrentar y derrotar las pretensiones reeleccioncitas de Alvaro Uribe.

Nadie puede negar que aquí esté palpablemente afectado el derecho a la igualdad que era el principal y más importante análisis que ha debido de realizar la Corte Constitucional antes de adoptar su fallo. Y hay otros dirigentes que están en las mismas condiciones, Angelino Garzón en el Valle y Sergio Fajardo en Medellín que por su buena gestión gozan del aprecio regional y nacional.

Por eso sostengo que lo que acaba de establecer la Corte Constitucional con esa sentencia es la consagración del ventajismo, es la consagración de la desigualdad política y es la misma negación de los fundamentos de la democracia.

Quiero decirles que el Estado social de derecho ya tiene un referente; que ya no es un sueño o simplemente un deseo abstracto de quienes hemos militado en la izquierda colombiana. Se trata de un referente que estamos viviendo. Es que compañeros y compañeras, el Plan de Desarrollo de Bogota, es el referente de lo que significa, dentro de las obvias limitaciones de un país inmerso en el modelo neoliberal impuesto desde la Nación, poner en marcha el Estado social de derecho desde el gobierno. Precisamente mañana se entregan los primeros subsidios a la vivienda de interés social que en total ascenderán a 20.000 y que beneficiarán a igual número de familias de los estratos 1y 2. Ya se le rebajó y hasta condonó la deuda a más de 7.000 familias que tenían dificultades para pagarle a la Caja de Vivienda Popular del Distrito. Y está en marcha Salud a su Hogar, no sin obstáculos, que llevara el cuidado básico a 2 millones de bogotanos que no conocen un médico. También avanza la construcción de 38 nuevos colegios que albergarán a 180.000 nuevos estudiantes.

Pero el más extraordinario ejemplo y logro del Estado social de derecho en Bogotá, es el programa de Bogotá sin Hambre que ya tiene registrados mas de 450.000 comensales en sus 180 comedores comunitarios y en no mucho tiempo llegará a la meta de los 800.000. En sus inicios fue recibido con recelo y criticado por la oposición capitalina que defiende el neoliberalismo a capa y espada. Lo tildaban con desdén de asistencialista, cuando la miseria en que se encuentra un gran número de los habitantes de esta ciudad y del país por la incapacidad y falta de voluntad de sucesivos gobiernos exige y reclama medidas de emergencia, la puesta en marcha en de una gran cruzada nacional para redimir de la exclusión a la cuarta parte de la población colombiana que se debate en la extrema pobreza.

Quiero decirles con emoción, que mi candidatura a la Cámara de Representantes se inscribe dentro del propósito generoso, solidario y revolucionario de trabajar intensamente desde el Congreso con el liderazgo de Lucho Garzón en la Alcaldía de Bogotá y en equipo con Carlos Romero en el Concejo de Bogota, para darle continuidad a Bogotá sin hambre y llevarla a todos los confines de Colombia, para que no quede uno solo de nuestros compatriotas sin participar de ese, el más noble de los derechos, la liberación del hambre y de la infamia que ella apareja para todo ser humano y para la sociedad que la tolera. Hagamos de ello nuestra consigna: Para continuar Bogotá sin Hambre. Hagamos de ello política del Polo democrático Independiente: Para continuar Bogotá sin hambre, la verdadera política de la reconciliación, la verdadera política de la paz.

Con Lucho Garzón es la primera vez que la izquierda gobierna en Colombia una ciudad tan importante como Bogotá que más que una ciudad, es un país. Es cierto que muchos nombramientos y ejecuciones pueden tener la señal de la improvisación. Pero lo importante es que los errores se corrigen y las realizaciones progresistas siguen su marcha. Por ejemplo, recientemente el anterior secretario de salud cometió un error de procedimiento que indudablemente afectaba la integridad física de muchos de los beneficiarios del Sisben. Lucho, sin pensarlo dos veces y atendiendo el clamor de la opinión publica capitalino, procedió a cambiarlo y a suspender el programa de depuración del listado de afiliados al seguro de salud. Así se gobierna, los errores hay que corregirlos y felicitamos a Lucho por la capacidad de auto criticarse públicamente. Inmediatamente ocurrida la muerte de uno de los beneficiarios que habían acudido a la cola interminable, pidió perdón a la ciudad. Ese tiene ser como ha venido siendo el talante de un gobierno cuyo compromiso fundamental es con la promoción de la solidaridad y la lucha contra la indiferencia.

Esa es una de las discusiones que tenemos en el seno de la izquierda. Algunos consideran que un gobierno de la izquierda no puede equivocarse. En el ejercicio de un gobierno y una administración tan compleja como la de la Capital de la República es obvio que surgen y se cometen errores. Pero como señalaba Cervantes en el Quijote, “Cuantas veces de un error siempre se empieza.” Y Minguet agregaba, “las almas débiles se arrepienten de los errores. Las almas vigorosas los reparan.” Y no olvidemos aquella sentencia de Séneca: “Muy pocos aciertan, antes de errar”.

Algunos de los compañeros del Polo, de buena fe desde luego, pero según mi opinión, equivocados, sostienen, por ejemplo, que Lucho Garzón ha debido suspender el programa de Transmilenio. Quienes afirman eso, en primer término ignoran los fundamentos jurídicos de la contratación. Por que todo lo que es Transmilenio fue contratado por las administraciones y era imposible romper esos compromisos de manera unilateral. Pero, por otra parte, más del 90% de la población bogotana apoya el Transmilenio, a pesar de las falencias y fallas que las tiene y reconoce en él un sistema de transporte que debe extenderse, desde luego que con la impronta innovadora del Lucho Garzón.

Menciono este ejemplo porque hay compañeros que desde la izquierda consideran que el gobierno de Lucho debería ser un gobierno de ruptura y no de concertación. Pregunto, ¿Lucho prometió acaso, la ruptura? O prometió la concertación. No se puede ofrecer la concertación y gobernar con la ruptura como le reclaman. Si queremos consolidar el avance de la izquierda, tenemos que desarrollar, en forma creadora, la política de la concertación. Con una política de ruptura, la izquierda ha trabajado durante más de 50 años y jamás estuvo cerca de ganar el gobierno por la vía electoral. Ahora con los estilos renovadores de la nueva izquierda crece la audiencia de nuestros programas y de nuestros dirigentes.

Por eso afirmamos y reafirmamos que la política de la concertación es la política de la convivencia, es la política que nos permitirá en un tiempo relativamente breve tomar las riendas del gobierno nacional. No se trata de correr mucho para no llegar por que nos derrota el cansancio. Se trata de avanzar en medio de las dificultades para demostrarle al pueblo colombiano que somos capaces de gobernar garantizando la connivencia y el pluralismo.

Queridos compañeros, queridas compañeras, esa es la política que vamos a defender desde el Congreso. Desde allí vamos a apuntalar la política de la convivencia y reconciliación entre los colombianos y la política de concertación. Desde allí vamos a trata de trasladar los resultados positivos de la aplicación del Estado social de derecho en Bogotá a todo el país. A toda Colombia, a todo el territorio nacional. A los escépticos les recuerdo los avances que se han logrado en América Latina donde lo que se ha impuesto no son las políticas de ruptura sino las políticas de concertación y la política de la lucha por la democracia. En la Argentina en donde el Presidente Kirschner, con defensa de la economía nacional y de los intereses nacionales, ha tenido recientemente un triunfo electoral apabullante. Lo que se ha impuesto es la política de concertación y la convivencia. En Uruguay, donde todas las fuerzas de izquierda y progresistas se han unificado, bajo la dirección del Frente Amplio, también lo que se ha impuesto es la política de la concertación. Recientemente el Presidente Tabaré Vásquez, en reunión con los empresarios uruguayos, ha expresado que la tarea de reconstruir al Uruguay, también afectado por la política neoliberal de sus antecesores, no la puede adelantar exclusivamente la izquierda, sino que tiene ser obra de todos los uruguayos. Y el presidente Chávez en Venezuela también es el producto de la concertación entre los militares y los civiles y entre la inmensa mayoría del pueblo que ha vivido en la pobreza y un sector muy grande del empresariado venezolano que ha comprendido la necesidad de defender el desarrollo autónomo de la economía y las mejoras sociales de ese pueblo. Y lo mismo ha ocurrido y está ocurriendo en Brasil. Allí lo que avanza no es la política de la ruptura sino la política de la concertación para garantizar que ese país juegue el papel que le corresponde en el plano internacional.

Compañeros y compañeras, en la actualidad el Polo se encuentra, hay que reconocerlo, en las encuestas, con un porcentaje muy bajo mientras que su principal dirigente, Lucho Garzón cuenta con apoyo estabilizado de enorme significación política nacional. La pregunta es, ¿que corresponde? ¿Qué Lucho rebaje su popularidad al nivel que tienen el Polo o que el Polo eleve su popularidad al nivel que tiene Lucho Garzón? No hay duda, compañeros y compañeras, que el Polo tiene que retomar el discurso de la concertación si queremos avanzar.

Yo le pido a todos los presentes que nos pongamos de pie y hagamos un juramento:

¿Juramos que vamos a trabajar incansablemente por una Colombia democrática, con un Estado social de derecho real, con justicia social y con convivencia política?

¿Juramos que vamos a defender los objetivos democráticos y progresistas que enarbola el Polo Democrático Independiente?

¿Juramos que vamos a trabajar por obtener una alta votación a fin de cambiar el Congreso para que este se coloque al servicio de pueblo y no el pueblo al servicio del Congreso?

¿Juramos continuar el programa Bogotá sin Hambre y extenderlo a todos los confines del país?

¡Arriba la esperanza que el futuro nos pertenece!

Bogota, 29 de octubre de 2005.

Texto de la conferencia dictada por Clara López Obregón en las Universidades La Salle, Santo Tomás y El Rosario de Bogotá D.C. Octubre de 2005.

Introducción

La Constitución de 1991, que consagró el Estado social de derecho, se adoptó en una coyuntura histórica hostil a sus postulados. Con motivo del derrumbe del campo socialista, ejemplarizado por la caída del Muro de Berlín, los promotores del capitalismo liberal más ortodoxo encontraron el campo libre para profundizar y propagar la aplicación de un modelo de desarrollo centrado en el fundamentalismo de mercado. Fue entonces cuando el economista John Williamson acuñó el término Consenso de Washington que resumía las bases de la nueva fase del desarrollo capitalista: el modelo neoliberal con sus axiomas de apertura comercial, ajuste estructural en las finanzas públicas, privatización de los servicios públicos y sociales, desregulación de las actividades empresariales privadas, banca central independiente, libertad de movilidad de capitales, flexibilización laboral, en fin, reducción del tamaño y de la intervención del Estado.

En este contexto, el avance de la materialización de los valores y finalidades sociales del Estado prevista en la nueva fórmula constitucional ha sido complejo, lento y pleno de contradicciones y visibles retrocesos. Están en conflicto dos concepciones del Estado francamente irreconciliables. Por una parte, el Estado social incipiente que propende por una libertad real, materializada en supuestos socioeconómicos para su efectivo ejercicio y en la garantía estatal de un mínimo vital. Es la concepción evolucionada de libertad que viene de recordarnos Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, cuando titula su Informe sobre las metas de la Declaración del Milenio, “Un concepto más amplio de libertad: Desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos”. Y de otra parte, un modelo económico enfocado hacia el establecimiento del “Estado Mínimo”, orientado exclusivamente a guardar el orden público, defender la propiedad privada, regular más que intervenir la economía y administrar justicia para la debida protección de las condiciones de funcionamiento del mercado al cual se le delega, en buena medida, la función de asignación de los beneficios de la cooperación social entre los diferentes factores de producción y las clases sociales.

En esta presentación me propongo sostener la necesidad de estructurar un sistema tributario progresivo, eficiente y productivo acorde con los mandatos constitucionales, como condición para avanzar hacia la realización del Estado social de derecho en Colombia que entiende como mandato indeclinable, el desarrollo centrado en la realización de la dignidad humana. Se concluye, que para ello, se hace necesario convertir la política tributaria en una política de Estado apoyada en un amplio Pacto Fiscal con participación de todos los sectores de la sociedad.

Finalidad social del Estado

La expresión “social” incrustada entre las palabras Estado y Derecho del artículo primero de la Constitución no tiene un carácter meramente descriptivo o programático. Tiene implicaciones profundas para todo el andamiaje constitucional y su desarrollo legal y fáctico. En primer lugar, es una expresión de las finalidades y fundamento de la propia existencia del Estado: “servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución,” como reza su artículo 2o.

Para la realización efectiva de los derechos sociales, a lo largo del texto constitucional se establecen mandatos específicos con el fin de destinar recursos concretos a los servicios sociales básicos de educación, salud, saneamiento ambiental y agua potable. De ahí la constitucionalización, tildada de reglamentarista, de la participación creciente de los territorios en los ingresos corrientes de la Nación con destino al gasto social, el blindaje de los recursos de las entidades territoriales contra su apropiación por parte de la Nación y la insistencia en la prioridad del gasto público social. Ello se resume en el artículo 366 dónde se consagra la prioridad de la solución de las necesidades insatisfechas de la población:

Artículo 366. El bienestar general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población son finalidades sociales del Estado. Será objetivo fundamental de su actividad la solución de las necesidades insatisfechas de salud, de educación, de saneamiento ambiental y de agua potable.

Para tales efectos, en los planes y presupuestos de la Nación y de las entidades territoriales, el gasto público social tendrá prioridad sobre cualquier otra asignación.

La necesidad integradora de los ingresos y gastos

Por mandato constitucional, no es posible separar y considerar aisladamente los ingresos fiscales de los gastos que financian. Son muchas las críticas que se han hecho a la calidad y cantidad del gasto público en Colombia. Los fenómenos de ineficiencia y corrupción han servido para justificar incluso la evasión de impuestos. Pero una cosa es la falta de adecuados controles para que la impunidad no continúe siendo aliciente de conductas negligentes y dolosas en la gestión fiscal del Estado y otra, muy distinta, la obligatoriedad de allegar al fisco los recursos necesarios para que el Estado cumpla con su finalidad social.

Por ello se hace necesario establecer claramente la relación entre la composición del gasto público y los ingresos fiscales, ya que la discrecionalidad del Gobierno y del Congreso para proponer y aprobar unos y otros, está claramente limitada por el texto constitucional y por los valores intrínsecos que los respaldan, es decir por su proyección social y democrática.

Un gobierno de corte social, cuando proyecta el plan de desarrollo que se expresará en los presupuestos anuales, debe plantear una política tributaria que provea los recursos necesarios, no solamente para financiar los gastos de funcionamiento del aparato estatal, sino principalmente los que se destinarán a la inversión social y a la ampliación de la infraestructura física requeridas para promover el desarrollo, concebido de manera integral.

Precisamente, en eso se distingue el actual presupuesto del Distrito Capital de los que le antecedieron. En él han encontrado lugar programas como Bogotá sin Hambre que ofrece un plato de comida a casi la cuarta parte de los dos millones de personas que no ingieren alimentación suficiente por limitación de sus ingresos y Salud a su Hogar que amplía la cobertura de los servicios básicos de salud a quienes no están inscritos, ni en el régimen subsidiado, ni en el contributivo. Los recursos para financiar estos y otros programas sociales que materialzan el Estado social de derecho para las personas más pobres de la ciudad, provienen de los impuestos distritales concebidos como instrumento de solidaridad social.

Forma de Estado y tributación

En contraste con el Estado hipertrofiado que intervenía en todo y todo lo definía, patrocinado por el socialismo real de la Unión Soviética, la variante más agresiva del capitalismo, que se ha concretado en la concepción neoliberal del desarrollo económico, propicia la reducción del Estado para entregar a las leyes de la oferta y la demanda de los mercados la gestión de la casi totalidad de los bienes y servicios que requiere la sociedad. Mediante la privatización progresiva de los servicios estatales, no solamente se le ha entregado a poderosas compañías transnacionales y locales la administración de las empresas estatales de servicios públicos domiciliarios, los puertos y la seguridad social en salud y pensiones – y también sus utilidades -; sino que se avanza en la privatización de la justicia con la construcción y administración de cárceles por parte del sector privado e, incluso, de las fuerzas armadas con la contratación de firmas que contratan verdaderos mercenarios, como es el caso de la invasión de Iraq y del Plan Colombia.

La consigna es reducir a toda costa y a su más mínima expresión, el tamaño del Estado y reemplazar sus funciones y funcionarios por personal y gestión de la empresa privada. Esta concepción del Estado mínimo tiene, desde luego, consecuencias sobre la tributación. Su justificación teórica proviene de la Curva de Laffer, introducida a la literatura económica en los años ochenta y popularizada en la campaña presidencial del primer George Bush. La idea central es que si la tasa impositiva se eleva más allá de determinado límite, la gente trabajará menos y los ingresos tributarios descenderán. El corolario es que la reducción de los impuestos de los ricos generará más y no menos, ingresos.

Sobra decir que no funciona, por lo que le tocó a Bush padre reversar la medida y tragarse su eslogan de campaña: “Lean mis labios, ¡No más impuestos!”.
La realidad es que más que teoría económica se trata de una posición ideológica para regresar las manillas del reloj histórico al Estado gendarme decimonónico en el cual la tributación se limitaba a lo necesario para financiar el aparato administrativo, policial y judicial estatal que garantizaba la propiedad privada y la seriedad contractual, al lado de algunos servicios precarios, complementada, de cuando en cuando, con exacciones extraordinarias para sufragar las guerras.

De imponerse nuevamente una concepción tan estrecha, significaría, ni más ni menos que quitarle al Estado la capacidad de convertirse en instrumento orientador de desarrollo social. En efecto, sin tributación suficiente no hay Estado social de derecho, pues sin recursos públicos es imposible hacer efectivos los derechos; no solamente los sociales, económicos y colectivos sino también los derechos civiles y políticos, en su concepción moderna de materialidad.

Los objetivos del Milenio

Los objetivos del desarrollo contemplados en la Declaración de Milenio suscrita en el año 2000 en el marco de las Naciones Unidas son la prueba ácida de la parálisis del Estado social de derecho frente al modelo económico adoptado bajo su vigencia. En dicha declaración, los 190 países firmantes, entre ellos Colombia, se comprometieron a erradicar la pobreza extrema y el hambre, a universalizar la educación primaria gratuita, a promover la igualdad de género y a combatir el flagelo del SIDA, entre otros.

Para poder hacerle seguimiento a los objetivos, se establecieron años base, indicadores concretos y plazos específicos. Para América Latina, los resultados frente a la meta de reducción de la pobreza son francamente decepcionantes, especialmente porque el periodo analizado corresponde al de la vigencia en Colombia de la Constitución de 1991 y reflejan la paradoja del modelo neoliberal en un Estado social de derecho.

El número de personas en extrema pobreza, en vez retroceder, avanzó en Colombia y en la generalidad de los países de América Latina. En Colombia, la tasa de indigencia pasó de 20% de la población a 23.7%. Un estudio de la Misión de la Pobreza del Departamento Nacional de Planeación, concluye:

“Las reformas estructurales (léase la nueva Constitución) de comienzos de los años noventa incrementaron el gasto público social, dejando una gran inversión en capital humano, especialmente en salud y educación. Este incremento del gasto público social mejoró las condiciones de vida alcanzadas por la población en las décadas anteriores en coberturas de salud y educación, pero no fue suficiente para minimizar los efectos de la recesión económica, que dejaron niveles de desempleo, pobreza y desigualdad mucho más elevados que los años anteriores a la crisis.

Adicionalmente, los programas de asistencia social no fueron lo suficientemente ágiles para minimizar estos efectos sobre la población por: falta de financiación, inflexibilidad institucional, deficiente orientación de los beneficios a los destinatarios específicos y la carencia de sistemas de seguimiento y evaluación. Esto evidencia la necesidad de la red de apoyo social anticíclica que acumule recursos en tiempos de auge económico para atender a la población desempleada y pobre en tiempos de crisis.”

En efecto, la evolución del gasto público social y de los principales indicadores sociales en Colombia desde 1990 muestra cómo los avances iniciales fueron superados por las inclemencias del modelo económico que tiene la pobreza extrema y la desigualdad en ascenso, mientras las coberturas de los servicios sociales se encuentran en retroceso. Después de aumentar del 7% al 17% del PIB, el gasto público social se rebaja al 11% en el año 2000. En el mismo lapso, el Coeficiente de Gini que mide la distribución de ingresos muestra un aumento sensible en la concentración de la riqueza.

Lo propio se desprende de los subsidios estatales en educación superior y seguridad social que se concentran en el quintil superior de la escala de ingresos. Todo ello, mientras se triplica el servicio de la deuda pública, al pasar de 3% al 9% del PIB y absorber, en la actualidad, un 40% del presupuesto anual de la Nación. Dicho incremento se debe a la desfinanciación del gasto público, es decir, al sistema tributario vigente.

No sobra recalcar que la carga tributaria colombiana es inferior al promedio de América Latina. Mientras en países como Chile que tienen fama de ofrecer un buen ambiente para los negocios, los ingresos fiscales ascienden al 22.5% del PIB; en Colombia alcanzan el 12.6%, con lo que queda amplio margen de maniobra sin que se pueda aducir un desestímulo a la actividad económica.

La tributación en un Estado social de derecho

En el pasado, la izquierda ortodoxa planteaba la solución a la atención a los derechos sociales, no a través de la tributación sino de la expropiación. Esa fue la concepción del campo socialista. Hoy en día, las izquierdas moderadas plantean el tema de la garantía de los derechos sociales a través de la de la tributación. Se trata de allegar recursos al erario para atender progresivamente la implantación del Estado social de derecho mediante la atención de los derechos sociales, en la medida de la capacidad de las fuerzas productivas de la sociedad. Cuando se cuestionan las privatizaciones, no es por un prurito contestatario frente al sector privado. No. Se trata de alertar que las utilidades de las empresas estatales son también una fuente importante de ingresos, sin la cual, la carga tributaria aumenta para todos, mientras que los beneficios de las empresas públicas privatizadas se concentran en unos pocos.

Ahora que los bancos nacionalizados han sido recuperados a costas del erario público, que bueno sería que sus crecientes utilidades alimentaran el presupuesto nacional, enjugaran las pérdidas pasadas y contribuyeran a financiar el gasto público. No sobra mencionar que en le presupuesto anual aparece un rubro para redimir los bonos expedidos en la anterior crisis financiera para salvar a los bancos de una quiebra segura, suscitada por unas cuestionables prácticas crediticias que contribuyeron a insolventar a no pocos hogares y empresas productivas.

Para que el Estado pueda cumplir con sus funciones, especialmente en un país con tantos conflictos sociales como el nuestro, se hace necesario desentrañar el papel de la tributación en los estados democráticos contemporáneos. En primer lugar, se impone des-satanizar el concepto de la tributación que se ha convertido en una especie de explotación del Estado con el contribuyente. A ello han contribuido, desde luego, las sucesivas y ya casi anuales reformas tributarias, que lejos de obedecer a la estructuración de una política tributaria acorde con los principios y exigencias del nuevo Estado, se han convertido en herramienta fiscalista, que por su reiteración, falta de estructura y complejo andamiaje de beneficios y privilegios, han perdido aceptación, acatamiento y capacidad para allegar recursos duraderos al erario.

Tributación como derecho-deber

La nueva forma de Estado trae consigo una nueva manera de entender la tributación. Si la finalidad social emana de la soberanía popular, la contribución a su realización constituye, más allá de un deber de solidaridad, un verdadero derecho del ciudadano. Así lo empiezan a entender muchos contribuyentes. Hace unos días, el diario Portafolio circuló una separata sobre la responsabilidad social empresarial. En uno de sus apartes aparece un listado de empresas que divulgan voluntariamente el monto de su contribución impositiva en actitud de orgullo, como debe ser, al tener la capacidad contributiva de hacer su aporte a la realización de los fines sociales del Estado.

No hay tributación sin representación

El grito de los Comuneros en el Socorro, “No a la tributación sin representación”, repetido desde que los nobles ingleses le extrajeron la Magna Carta al Rey Juan en 1215, pasando por los independentistas norteamericanos hasta nuestros días, se concreta en el principio de legalidad consagrado en el artículo 338 de la Constitución: “En tiempo de paz, solamente el Congreso, las asambleas departamentales y los concejos distritales y municipales, podrán imponer contribuciones fiscales y parafiscales.” Se trata de la consagración del principio de la representación, que en la práctica de los parlamentos, sufrió una enorme metamorfosis, al punto de que ha llegado a convertirse en una forma de evasión legal de los deberes ciudadanos.

En efecto, un análisis de las normas tributarias deja entrever el complejo andamiaje de privilegios y beneficios en cabeza de quienes tienen una sustancial capacidad contributiva en desmedro de los principios de equidad y progresividad que constituyen límites constitucionales a la discrecionalidad de los órganos de elección popular para establecer los tributos. Basta verificar cómo, en cada reforma tributaria, se incorporan nuevas exenciones al capital mientras se amplía la cobertura impositiva a los consumos de primera necesidad que afectan al conglomerado en general, pero particularmente a los consumidores de bajos ingresos que no tienen capacidad contributiva.

El “lobby”, que consiste en el ejercicio de presión sobre los legisladores, se ha institucionalizado, pero sin las exigencias de otras latitudes dónde quienes participan de esas prácticas tienen que inscribirse públicamente, detallar los intereses que representan y los legisladores que financian en sus campañas electorales. El tratamiento preferencial de la publicidad, la cerveza, los servicios financieros, entre otros, son el reflejo de esa metamorfosis de la representación del interés general en interés particular. Por ese camino, las legislaturas y la administración, que en estas materias tiene iniciativa privativa, se han venido convirtiendo, en la práctica, en representantes de los sectores productivos con capacidad financiera para organizarse e influir, en detrimento de los ciudadanos dispersos que dependen de un solo voto para configurar su representación.

La progresividad como limitación de la discrecionalidad de la ley

El potencial de desnaturalización del poder legislativo a favor de intereses corporativos tiene su límite normativo en los principios y normas constitucionales que rigen la tributación, en especial el artículo 363 que establece que el sistema tributario se funda en lo principios de equidad, eficiencia y progresividad. Este último corresponde a la aplicación del derecho de igualdad en materia impositiva. Tal como lo ordena el artículo 13 superior, la igualdad debe trascender lo formal para ser material y efectiva. De ahí que la Constitución ordene a la ley darle igual trato a iguales y trato discriminatorio a quienes se encuentran en distintas condiciones de hecho, con el objeto de promover la realización del principio.

Al momento de diseñar los impuestos, el principio de progresividad obliga a la ley a establecer que a mayor ingreso, mayor sea la proporción del ingreso que se destine al erario público. Como el principio se predica del conjunto de los tributos, la Corte ha admitido los impuestos regresivos como el IVA que se aplican con independencia de la capacidad económica de los contribuyentes a los cuales grava. Respecto de dichos gravámenes (IVA, débito bancario, aranceles), el consumidor de menores ingresos termina pagando una mayor proporción de su ingreso disponible por concepto del impuesto que el de altos ingresos.

El argumento ha sido que “se presume de hecho la capacidad de pago de quienes adquieren los bienes y servicios gravados” lo cual no deja de ser una falacia para el 54% de la población sumida en la pobreza absoluta.

El principio de progresividad constituye un dique normativo a la discrecionalidad del Congreso al momento de diseñar los tributos. Con todo, en este caso, la teoría constitucional se distancia bastante de la práctica. La verificación de la participación de los impuestos en el total del recaudo, estadísticamente conduce a la conclusión de que nuestro sistema tributario es regresivo. Y más grave aún, que durante la vigencia de la Constitución de 1991, el sistema tributario ha devenido más regresivo, a pesar de la consagración constitucional del principio de progresividad. Ello se ilustra en el gráfico donde se aprecia que la participación de los impuestos progresivos desciende de 46% al 42% del total, mientras que la de los regresivos pasa del 54% al 58%.
El aumento de la regresividad se detuvo con la Sentencia C-788 de 2003 que declaró inexequible la pretensión del legislador de establecer, mediante el artículo 116 de la Ley 788 de 2002, una tasa del 2% por concepto de impuesto al valor agregado IVA a los productos de la canasta familiar.

Se trata de una sentencia hito por cuanto, por primera vez, se constata la limitación constitucional al legislador en materia del principio de progresividad respecto de un tributo individualmente considerado.

Las razones aducidas por la Corte son las siguientes:

La ampliación de la base tributaria para incorporar bienes de primera (Art. 116) fue fruto de “una decisión indiscriminada de gravar bienes y servicios totalmente diversos, la cual se tomó sin el mínimo de deliberación pública en el seno del Congreso sobre las implicaciones que ello tendría a la luz de los principios de progresividad y equidad, como lo exige el respeto al principio de no tributación sin representación.”

“Muchos de los bienes y servicios gravados…. habían sido excluidos o exentos con la finalidad de promover la igualdad real y efectiva en un Estado Social de Derecho (Art. 1° y 13 de la C.P.)”, lo cual se aprecia en la evolución histórica del IVA en el país.

Se vulneraron los principios de progresividad y de equidad que rigen el sistema tributario al ampliar la base del IVA para cobijar a todos los bienes y servicios de primera necesidad, sin que se pudiera verificar compensación por el lado del gasto público social. Por el contrario, el producido del recaudo del 2% proveniente de la aplicación de la norma acusada habría de ser destinado a financiar el gasto en seguridad y defensa.

Finalmente, “el respeto al derecho constitucional al mínimo vital (artículos 1 y 13 C.P.) protegido en un Estado social de derecho (ver apartado 4.5.3.3.2. de esta sentencia) conduce a que respecto de las personas que carecen de lo básico para subsistir en condiciones dignas – las cuales han aumentado considerablemente según la información sobre pobreza e indigencia (ver apartado 4.5.5.7. de esta sentencia)- no se pueda equiparar automáticamente capacidad para adquirir bienes y servicios, con capacidad contributiva. No se puede afirmar, en consonancia con la jurisprudencia de esta Corte sobre el IVA sintetizada en el apartado 4.5.3.4 de esta sentencia, que quien agota todo su ingreso en adquirir lo necesario para subsistir, tiene una capacidad contributiva reflejada en su posibilidad de adquirir bienes y servicios que ineludiblemente debe comprar para sobrevivir. Por ello, el deber general y universal de toda persona de contribuir a financiar los gastos del Estado se enmarca dentro de los conceptos de justicia y equidad (artículo 95 numeral 9 C.P.).”
Impuesto sobre la renta

El impuesto sobre la renta es el impuesto progresivo, por excelencia. Su estructura permite gravar con la misma tarifa, la totalidad de los ingresos de un contribuyente, sin atención a la fuente de los mismos, lo que permite lograr la llamada equidad horizontal, es decir, que todos quienes tienen la misma capacidad contributiva, respondan por la misma carga tributaria. Por otra parte, permite igualmente que la tarifa aumente en la medida que aumentan los ingresos del contribuyente obteniéndose la equidad vertical o progresividad, según la cual a mayor ingreso y mayor capacidad contributiva, mayor la proporción del ingreso que se destina a la satisfacción de las cargas públicas.

No obstante, el impuesto en Colombia está lejos de su parangón teórico. La equidad horizontal se quiebra con la previsión de cuantiosos ingresos no constitutivos de renta los cuales no se computan para la liquidación del impuesto. Se trata, ni más ni menos que de las utilidades provenientes de las acciones y participaciones en sociedades comerciales. La tesis para esta exclusión se basa en que, de pagar impuestos sobre las utilidades repartidas en cabeza de los socios, el capital estaría pagando una doble tributación, primero en cabeza de la sociedad y después por parte del socio.

El argumento es hábil, pero cuestionable. Si, como se define en el Código de Comercio, la sociedad es la conjunción del capital y el trabajo, unido al conocimiento en pos del desarrollo de una actividad económica, el argumento militaría en el sentido de excluir de igual forma, las rentas del trabajo, las cuales también habrían tributado en cabeza de la empresa. Para dar un ejemplo de las proporciones, las utilidades registradas por el sector financiero, que lo corrido del año ascienden a más de 2.5 billones de pesos, no constituirán, cuando se repartan entre sus socios, renta gravable.

La realidad es que en países de tan estricta raigambre privatista como los Estados Unidos, las utilidades recibidas por los socios son gravadas, en cabeza de quienes las reciben, así sea a tarifas menores para no desestimular la inversión.

A lo anterior se suman un alto número de exenciones y descuentos tributarios que para el año entrante suman $2.5 billones, quinientos mil millones más de lo que cuesta financiar la totalidad del andamiaje administrativo del gobierno nacional. Dichos beneficios son un verdadero gasto tributario pues corresponden a ingresos potenciales que el Estado deja dee recibir para financiar el cumplimiento de sus fines. Estas exenciones corresponden a incentivos consagrados a favor de sectores, regiones o actividades específicas con fines de estimular el empleo, la inversión o la reconstrucción después de un desastre natural.

Con todo, un examen costo-beneficio mostraría que su costo se eleva por encima de los beneficios reportados, con lo cual deberían retirarse del ordenamiento. Es el caso de las exenciones tributarias para la creación de empleo consagradas en 1999 y las de la tragedia del Río Páez, que siguen beneficiando a unos contados contribuyentes, sin que su impacto se pueda palpar en las zonas deprimidas del Departamento del Cauca, hoy escena de una grave confrontación socioeconómica entre indígenas y terratenientes.

El cúmulo de beneficios tributarios, además de restarle ingresos al erario, contribuye a restarle progresividad al impuesto. Un estudio realizado por de la Contraloría General de la República en el año 2000, después de analizar el impacto de los beneficios tributarios en la base gravable, concluyó que la tarifa implícita del impuesto sobre la renta de los grandes contribuyentes y personas jurídicas era del 24%, 11 puntos porcentuales menos que la nominal de 35%, mientras que la de las personas naturales corresponde a la tarifa plena al no tener la posibilidad de descontar costos y estar asegurado su recaudo por la retención en la fuente. Mas aún, como lo señala tributarista Bernardo Carreño Varela al concluir que “el sistema tributario en Colombia no cumple con lo requisitos que exige el artículo 363 de la Carta Política”, “a ello debe añadirse que las tarifas del impuesto a la renta de las personas naturales no son progresivas sino regresivas en cuanto al llegar a un nivel de $40.200.000 (artículo 100 Ley 223/96)(hoy sesenta millones, la tarifa se vuelve estática y ese nivel alcanza apenas a los ejecutivos medios de las empresas.”

En consecuencia, el sistema tributario colombiano es incluso más regresivo de lo que se muestra en el Cuadro No.3, ya que el impuesto sobre la renta, que representa el 40.6% de los ingresos corrientes, no cumple plenamente con los requisitos de progresividad que de él se predican. Esta estructura viciada, además, le resta elasticidad al recaudo, es decir, capacidad para producir ingresos al erario cuando aumenten la actividad económica y las rentas de los contribuyentes. La consecuencia se aprecia en las sucesivas reformas tributarias de corte fiscalista para intentar tapar el creciente déficit fiscal y la insistencia en aumentar el IVA, impuesto muy productivo, que no afecta de manera significativa a las grandes rentas pero si a los consumidores de medianos y bajos ingresos.
Política tributaria como política de Estado

Ante la situación descrita, son muchas las voces que alientan al Gobierno y al Congreso para reemplazar las reformas tributarias anuales con una reforma tributaria de carácter estructural que le devuelva equidad y, con ella, elasticidad, al sistema tributario. Como lo señaló la Corte Constitucional en la Sentencia C-776 arriba citada, toda reforma al sistema tributario debe atender a la capacidad contributiva de los ciudadanos. Atrás quedaron las posibilidades de presumir dicha capacidad comoquiera que su violación, además de desatender claros principios constitucionales, constituye un freno para el desarrollo económico y social.

En un país de tan grandes diferencias y desigualdades económicas, la ampliación de la base del IVA y de otros gravámenes indirectos a las personas que se encuentran por debajo de la línea de la pobreza, puede contribuir al fenómeno de la superproducción relativa. Es decir, a la producción de mercancía que no encuentra compradores en razón de la incapacidad de pago de la población. De ello son testigo las cifras que se publican periódicamente sobre la reducción en el consumo de bienes de primera necesidad como el arroz, la leche y los huevos. Un reflejo de esta situación aparece también en la declaración del Comité de Derechos Sociales y Económicos de las Naciones Unidas al establecer que el hambre crónica que afecta a 1200 millones de personas en el planeta se debe a la insuficiencia de recursos de los pobres y no a la carencia de alimentos en las sociedades a las que pertenecen.

La tributación para la materialización del Estado social de derecho es un imperativo y debe corresponder a una política de Estado y no de gobierno. En esa dirección se debe buscar un gran pacto fiscal entre todas las corrientes políticas, económicas y sociales, capaz de establecer una política tributaria a tono con la forma de Estado y las necesidades de financiamiento que esta implica, pero estructurada, dentro de los postulados que informan al Estado social de derecho.

Cómo elementos básicos para la proyección de esa política de Estado se deben contemplar, como mínimo, los siguientes elementos:

Eliminación de las exenciones tributarias a sectores, regiones y actividades específicas que no produzcan beneficios superiores a los costos tributarios que implican.
Aumento paulatino de la progresividad del sistema tributario mediante una reforma estructural del impuesto sobre la renta para devolverle equidad y elasticidad

Protección y, en algunos casos, mejoramiento de la capacidad adquisitiva de los sectores de menores ingresos, los cuales gozan de limitadas exenciones y descuentos tributarios.

Limitación a la concesión de beneficios tributarios, exenciones, exclusiones y descuentos a los requeridos para asegurar el principio de solidaridad y protección de la familia y su mínimo vital y, en el campo económico, a incentivos acompañados de previos estudios que los justifiquen y sujetos a evaluación y comprobación posterior para acreditarlos y extenderlos en el tiempo.

La inserción del país en la globalización no puede depender de la competencia internacional por ofrecer las menores tasas impositivas y los menores salarios. Una sana competencia, compatible con una sociedad armónica y ajustada a los mandatos constitucionales impone la búsqueda de la eficiencia económica por la vía de la tecnología y el mejoramiento de los sistemas productivos y gerenciales. Competir en los mercados internacionales ofreciendo cada vez menos garantías laborales y un Estado mínimo que no cobra los impuestos necesarios para el desarrollo social, la eliminación de la pobreza y la garantía de lo derechos económicos y sociales, es insostenible en el tiempo y humanamente injustificable. No se trata, en resumen, de glorificar la tributación sino de colocarla al servicio de la equidad social.

Bogotá, 27 de octubre de 2005.

Amigas y amigos todos:

Permítanme hoy, cuando presentamos este libro Economía de los Derechos, hacer reminiscencia sobre las inquietudes y reflexiones que me venían a la mente cuando comenzaba a ejercer la profesión de economista. Sentía que me faltaba algo. Recuerdo la aguda angustia que me causaba la enorme distancia entre la teoría de la ley y la práctica económica y comprendí muy pronto que era necesario adentrarse en el mundo del derecho para darle consistencia a los conocimientos de la economía. Por ello decidí regresar a las aulas universitarias y hacerme abogada, allí dónde enseñaba economía. Fue en el año de la Asamblea Constituyente y por ello pertenezco a la nueva generación de abogadas y abogados curtidos en los nuevos métodos de interpretación, amigos de la nueva Constitución y defensores del Estado social de derecho.

Estado social de derecho tardío que algunos consideran una simple continuación evolutiva del superado Estado de derecho, pero que otros lo concebimos como un salto, por cuanto al definirse al Estado un objetivo social para su propia existencia, se está dando también un salto en las relaciones de producción, en lo atinente a lo que se produce y a lo que realmente se apropia toda la sociedad.

Por ello es que en este libro sostengo que en nuestro ordenamiento constitucional, los derechos sociales no son retórica normativa sino mandatos exigibles y justiciables. Pero para que los derechos puedan ser materialmente realizables es necesario garantizar su viabilidad fiscal. De poco sirven las perceptivas formales si no van acompañadas del respaldo financiero y de la decisión política que las traduzca en práctica estatal y social. La realidad es que allí dónde el Estado no es capaz de organizar un sistema tributario productivo y justo, no estarán garantizados los derechos de los ciudadanos. Ni el derecho de propiedad – Manzana de la Discordia según Madison-, ni la libertad de locomoción, ni la universalización de la salud, ni la liberación del hambre, pues todos los derechos, y no solamente los derechos sociales, cuestan.

Y eso ocurre entre nosotros. Las sucesivas reformas tributarias, lejos de obedecer a la estructuración de una política tributaria acorde con los principios y exigencias del nuevo Estado, se han convertido en herramienta fiscalista, que por su reiteración, falta de estructura y complejo andamiaje de beneficios y privilegios, han perdido aceptación, acatamiento y capacidad para allegar recursos duraderos al erario.

La nueva forma de Estado trae también una nueva manera de entender la tributación. Si la finalidad social emana de la soberanía popular, la contribución a su realización constituye, más allá de un deber de solidaridad, un verdadero derecho del ciudadano. Así lo empiezan a entender muchos contribuyentes. Hace unos días, el diario Portafolio circuló una separata sobre la responsabilidad social empresarial. En uno de sus apartes aparece un listado de empresas que divulgan voluntariamente el monto de su contribución impositiva en actitud de orgullo, como debe ser, al tener la capacidad contributiva de hacer su aporte a la realización de los fines sociales del Estado.

En el Estado social de derecho, la progresividad del sistema tributario no es más que otra emanación del principio de igualdad en su concepción material que exige a los poderes públicos la aplicación de medidas desiguales, más no arbitrarias, para corregir las desigualdades de hecho entre las personas. Por ello, en la actualidad, ya no es necesario sustentar dicho precepto en principios éticos o propuestas programáticas sino que constituye un atributo judicialmente exigible de la tributación.

En el Estado democrático contemporáneo tampoco es posible separar y considerar aisladamente los ingresos fiscales de los gastos que se financian. En estos escritos se sostiene, que al igual de lo que sucede con la equidad tributaria, la discrecionalidad del Gobierno y del Congreso en materia de gasto público está claramente limitada por el texto constitucional y por los valores que lo respaldan, es decir, por su proyección social y democrática. Aquí surgen exigencias de gasto público orientadas a la realización de la libertad en su acepción contemporánea que incluye un mínimo vital garantizado como presupuesto de la autonomía individual. Es lo que en nuestro medio implementa el Alcalde Mayor de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, con el Plan Bogotá sin Indiferencia que está concretando el sueño de los maestros del invento, así bautizado por Nicolás Buenaventura, del “aula sin hambre”.

Una de las principales críticas desde el campo de la economía a la concreción del Estado social de derecho sugiere efectos negativos sobre los incentivos al trabajo productivo de los beneficiarios de las transferencias de seguridad social y de servicios gratuitos o subsidiados de educación, salud, nutrición, vivienda y cuidado infantil, acompañados de las consecuencias negativas en la forma de mayores niveles de tributación por la contraparte de los ingresos. Para contrastar esta crítica, en el texto se trae a colación la creciente literatura económica que asocia positivamente el crecimiento económico con la equidad y que sugiere un impacto económico positivo de las inversiones en salud y en educación. Es más, la evidencia empírica sugiere que una distribución más equitativa del ingreso y de la propiedad puede ser condición determinante para el crecimiento económico. Me refiero a los escritos de Robert Barro y Jeffrey Sachs, entre otros.

Colombia ocupa, según nos lo recordó el reciente estudio de Naciones Unidas, un oprobioso tercer lugar entre los países con mayor desigualdad de ingresos del continente y el undécimo a nivel mundial. La realización del Estado social de derecho entre nosotros se convierte, entonces, no solamente en una exigencia normativa de la Constitución, sino también en una necesidad positiva del desarrollo y del crecimiento económico.

Con todo, subsiste el interrogante de ¿cómo garantizar que el Gobierno y las mayorías parlamentarias que se conforman para la aprobación de los presupuestos anuales y la autorización de los recursos fiscales necesarios para financiarlos no terminen por anular los mandatos distributivos de la fórmula constitucional?

La respuesta corresponde al doble enfoque metodológico utilizado a lo largo del texto. Desde la óptica jurídica, se hace una defensa de las atribuciones y de la autonomía de la Corte Constitucional frente al embate contra-reformista que ha surgido con motivo de sus fallos controvertidos, especialmente los de implicaciones económicas. En las reacciones enconadas y encontradas frente a esas sentencias se manifiesta, al igual que en el origen político del déficit fiscal, lo que los economistas neo-institucionales denominan la Tragedia del Común. Según esta metáfora teórica, existen claros incentivos económicos para comportamientos que inducen la generación de un déficit fiscal. Por el lado de los ingresos, los demandantes de apropiaciones presupuestales no tienen conciencia del costo tributario de sus exigencias, pues este se distribuye entre la totalidad de los contribuyentes. En consecuencia, no respaldarán tampoco medidas que aumenten los impuestos y, en últimas favorecerán el Estado Mínimo que cobre el mínimo de impuestos. Por el lado del gasto, se tendrá la percepción de que se trata de una pequeña porción plenamente justificada cuya insatisfacción por parte del Estado se entenderá ilegitima.

Para hacer compatible la necesidad colectiva de la estabilidad fiscal con el principio democrático debemos diseñar instituciones presupuestales participativas. Desde la perspectiva de la economía política es claro que la concertación de los niveles de impuestos y de gasto, así como su composición, mediante mecanismos institucionalizados que garanticen la participación pluralista de todos los afectados, tienen más posibilidades de ser considerados justos y, por tanto, mayor probabilidad de ser acatados; que las discusiones maniobradas para conquistar votos en recintos cerrados que hoy caracterizan la negociación presupuestal. La conclusión es clara: en materia fiscal, como en los demás campos de la vida social, necesitamos más y no menos democracia.

Y de manera más general, como concluye uno de los capítulos, para que el derecho pueda cumplir su función pacificadora en la sociedad, debemos colectivamente adoptar la decisión política de reconocer en acto realista los derechos sociales fundamentales, no solamente en la teoría, sino también en la práctica. Hacerlo es clave para que podamos seguir hablando de Estado social de derecho y de contar con una Constitución democrática. De lo contrario nos exponemos a que se repita lo que alguien comentaba de la Constitución de Weimer: “Es una Constitución democrática, sin demócratas.”

Para terminar, quiero hacer, entre todos los agradecimientos debidos, los más sensibles. A mis padres y a mis hermanos Eduardo y Mauricio con quienes aprendí de tolerancia y de solidaridad. A Carlos Romero, con quien descubrí que el mundo se puede cambiar también un paso a la vez mientras haya amor, fidelidad y compromiso. Al ex presidente Alfonso López Michelsen, quién propició mis primeros pasos en los contactos con la realidad económica, política y social del país, cuando aún, casi sin desempacar mi título de la Universidad de Harvard, me dio la oportunidad singular de introducirme en el mundo de los grandes contrastes que genera el poder. Al profesor y magistrado Manuel José Cepeda, quién con generosidad alimentó en discusiones y aportes bibliográficos mis investigaciones de Derecho y Economía, al punto de que a él debo el título de esta obra. A Carlos Ariel Sánchez, quien me regresó a este Claustro dónde me inicié hace ya treinta años como profesora, a cumplir mi vocación primera, la cátedra y la investigación. Y, no por último, el menos significativo, a los señores rector y vicerrector de la Universidad, al doctor Eduardo Quiceno, Director de la Biblioteca Editorial Diké y a nuestro Decano de Jurisprudencia doctor Venegas, sin cuyo concurso la publicación de esta obra no habría sido posible.

Bogotá, Aula Máxima de la Universidad del Rosario, 19 de septiembre de 2005.

Discurso de Clara López Obregón ante el pleno del Partido de los Trabajadores de Colombia, Bogotá, 15 de julio de 2005.
Primero que todo, quiero agradecer la invitación a participar en este tercer pleno del Comité Central del Partido del Trabajo de Colombia.

La sola invitación además de honrarme, muestra los nuevos tiempos que vive la izquierda democrática en el país. Yo pienso que la izquierda en el pasado siempre fue bastante cerrada. Daba la impresión de que tenía celos de que le escucharan sus pensamientos y de escuchar el pensamiento de otros. Hoy en día veo con positivo agrado que la izquierda quiere que la escuchen pero también está dispuesta – estamos dispuestos – a escuchar.
Eso refleja un nuevo espíritu pluralista que ha permitido que, por ejemplo, un sector cada vez más amplio del pueblo colombiano tenga la vista puesta en el Polo y que figuras como nuestro Alcalde Lucho Garzón registren cada día mejores niveles de aceptación.

La sola invitación además de honrarme, muestra los nuevos tiempos que vive la izquierda democrática en el país. Yo pienso que la izquierda en el pasado siempre fue bastante cerrada. Daba la impresión de que tenía celos de que le escucharan sus pensamientos y de escuchar el pensamiento de otros. Hoy en día veo con positivo agrado que la izquierda quiere que la escuchen pero también está dispuesta – estamos dispuestos – a escuchar. Eso refleja un nuevo espíritu pluralista que ha permitido que, por ejemplo, un sector cada vez más amplio del pueblo colombiano tenga la vista puesta en el Polo y que figuras como nuestro Alcalde Lucho Garzón registren cada día mejores niveles de aceptación.

He visto en el comunicado de prensa que anuncia esta Asamblea, que van a discutir, a debatir, y seguramente a aprobar el ingreso del PTC al Polo Democrático Independiente. Yo quiero saludar ese debate y esa decisión que se proyecta. Muestra, por una parte, la posibilidad de ingresar al Polo en forma federada, es decir, sin disolver la organización y estructura internas, y eso en vez de debilitar al Polo lo va a fortalecer y también fortalecerá a todos los colombianos que luchamos por un cambio democrático en nuestro país.

La tendencia que representamos con Carlos Romero y un destacado grupo de combatientes de la izquierda al interior del Polo, no se ha disuelto. Trabajamos en medio de las naturales contradicciones internas, participando activamente en la discusión política y en el trabajo organizativo. Considero que la perspectiva de trabajar conjuntamente con otras tendencias afines dentro del Polo le dará coherencia y consistencia al proyecto, siempre y cuando seamos capaces de erradicar de nuestra praxis el sectarismo excluyente que predominó en la izquierda durante muchas décadas.

Compañero Marcelo Torres, compañeros miembros del Comité Central del PTC, no tengo la menor duda de que el ingreso de ustedes al PDI augura un futuro inmediato prometedor para toda la izquierda democrática y para el pueblo colombiano. Si somos capaces de unirnos alrededor de un programa mínimo y de unos objetivos democráticos y revolucionarios, seremos capaces también de enfrentar el reto de llegar al gobierno, unidos con otras fuerzas progresistas, para derrotar la reelección, para impedir la paramilitarización generalizada del país, para implantar un nuevo modelo de desarrollo económico y social soberano y construir la paz que debe ser un objetivo que no podemos olvidar y al cual debemos contribuir eficazmente.

Veo que dentro de los propósitos y objetivos de este importante Pleno está también la discusión acerca de la adhesión a la candidatura presidencial de Antonio Navarro, aprobada recientemente en el Primer Congreso del Polo. Quiero expresar, como integrante de la dirección nacional del Polo, que esa será otra decisión sabia. Será otra decisión que fortalecerá las tendencias que buscan, que persiguen en primer término, la unidad de las izquierdas; y con base en ello, la unidad de todas las fuerzas democráticas anti-reeleccionistas, capaces no solo de derrotar al único pupilo incondicional que le queda a Bush en América Latina, sino de abrir nuevos caminos de convivencia nacional, de democracia real, de democracia económica, de democracia participativa, de un estado social de derecho avanzado, ajustado a las necesidades y al clamor del pueblo colombiano.

Finalmente celebro también que el pleno aboque la ratificación de Marcelo Torres, candidato al Senado del Socialismo Democrático Independiente y el nuestro, porque se trata de un luchador comprometido con las aspiraciones de paz, de soberanía y de redención de la exclusión social, con sobrados méritos políticos, intelectuales y morales para defender los postulados del cambio real y pacífico en el Congreso de la República y la búsqueda de una salida política negociada la conflicto armado.

Está demostrado, por ejemplo, y así ocurrió con el gobierno de Andrés Pastrana y ocurre ahora con el que encabeza Alvaro Uribe Vélez, que aquí no se repitió lo que sucedió en El Salvador dónde la extrema derecha entendió que la guerra no beneficiaba a ninguno de los salvadoreños. Que la guerra no podía ganarla ni la derecha ni la izquierda y que por eso el imperativo era la paz.

Aquí la extrema derecha ha mostrado su incapacidad, su falta de patriotismo y de sensibilidad por los intereses del pueblo colombiano y continúa aferrada a la guerra y a los privilegios. Esto nos muestra que es a la izquierda democrática a quien le corresponde, a quien le tocará definitivamente abrir los caminos para conquistar una paz concertada, para liquidar el fenómeno paramilitar y lograr que los combatientes guerrilleros entiendan, de una vez por todas, que el camino para conquistar la democracia en nuestro país no es el camino de las armas, es el camino de las luchas del pueblo colombiano unido y en eso tenemos que inspirarnos en dos hechos de trascendental importancia ocurridos en nuestro continente.

Me refiero a la experiencia y al ejemplo dado por los pueblos ecuatoriano y boliviano. En este último, en Bolivia, los indígenas, los mineros, los obreros, las mujeres, los estudiantes, los desocupados, y no pocos maestros y profesionales, victimas todos de la exclusión milenaria agravada por la crisis neoliberal que le impusieron desde afuera, se movilizaron, masivamente y en forma pacífica, se tomaron las calles, cercaron el parlamento y el palacio de gobierno, cerraron el aeropuerto para impedir la fuga de las autoridades e impusieron una nueva salida política, llena de expectativas y esperanzas. Un nueva salida política con miras a recuperar las riquezas naturales hipotecadas a las transnacionales; Con miras también a lograr que esas riquezas sean capaces de irradiar bienestar a los pobres y excluidos de Bolivia, que son y han sido siempre, al igual que acá, la mayoría.

Pero quiero resaltar que durante más de 20 días de movilización multitudinaria y de aguda confrontación política, solo hubo un muerto. Aquí no se puede aplicar el viejo dogma de que la violencia es la partera de la historia. No, no siempre es así. También lo demuestra el caso de Venezuela en donde se da un proceso pacífico armado, porque las FFAA de la República constituyen el dique que se opone y que está derrotando la violencia que quieren imponer las viejas castas políticas derrotadas. Esto demuestra una vez más que la violencia es el arma de las clases gobernantes que han utilizado siempre el poder en su propio beneficio. Que cada vez que se ofrezca y se abra una pequeña rendija para transitar por los caminos de la paz y de la democracia, el pueblo debe aprovechar esa ventana de oportunidad. Y la izquierda democrática tiene que dar el ejemplo y demostrar que no somos nosotros los interesados en la guerra y la violencia. Sino todo lo contrario. Que somos los principales interesados en la paz, y que en eso estamos.

Cuando abandoné las filas del Partido Liberal, formalmente, porque yo ya había estado vinculada de tiempo atrás a las luchas populares democráticas como a ustedes les consta, lo hice convencida de que en Colombia estamos ad portas de conquistar espacios políticos capaces de producir los cambios que anhela el pueblo colombiano. Somos, nosotros los de la izquierda democrática, la verdadera alternativa de poder y vamos en camino recto hacia la meta mayor.

Yo quiero terminar saludándolos con mucho cariño y respeto y exclamando una consiga que levantamos en el Primer Congreso del Polo. ¡Luchamos por una Colombia del tamaño de nuestros sueños!

Discurso de Clara López Obregón al oficializar su adhesión al Polo Democrático Independiente. Bogotá, Mayo de 2005

Compañeras y compañeros del Polo Democrático Independiente.
Amigas y amigos de las vertientes progresistas de la vida nacional.

Estoy emocionada y además agradecida con la presencia de ustedes en el día de hoy que formalizo mi ingreso al Polo Democrático Independiente. Quiero comenzar explicando, en forma resumida, lo que ha sido mi vida y militancia política. Como es bien conocido, pertenezco a una familia de acendrada estirpe liberal, vinculada a la historia del Partido Liberal colombiano. Desde siempre estuve identificada y comprometida con el pensamiento y el ideario de Alfonso López Pumarejo, quizás el estadista más grande que produjo Colombia en el siglo pasado. Pero es también justo reconocer que el pensamiento revolucionario y avanzado de López Pumarejo y Gaitán ha quedado en el limbo y el Partido Liberal se encuentra en un estado de confusión deplorable que le ha impedido y le impide llevar al campo de las realizaciones los cambios y las reformas que exige la situación nacional.

Sin abjurar de la esencia democrática y progresista del ideario liberal que según palabras de Rafael Uribe Uribe debe beber de las canteras del socialismo, he decidido ingresar la Polo Democrático Independiente, partido en gestación y confluente de todas las vertientes de la izquierda democrática en el cual el pueblo colombiana cifra esperanzas de democracia, de paz y de reivindicaciones sociales.

Mi ingreso al PDI no puede extrañar a nadie, porque en lo esencial, mi vida política ha estado vinculada a las luchas y a los compromisos de la izquierda democrática colombiana. Quiero recordar solamente dos hechos: Primero, cuando en 1988 fui candidata a la Alcaldía Mayor de Bogota, lo fui por la inolvidable y sacrificada Unión Patriótica en convergencia con otros sectores políticos y sociales de la izquierda y del Nuevo Liberalismo: A Luchar, el Frente Popular, el NLI, Convergencia, el Partido Comunista e importantes fuerzas sindicales y sociales. Ello fue, precisamente en los momentos en que la guerra sucia enfilaba sus balas asesinas contra la UP y otros destacamentos de la lucha democrática y popular de nuestro país. Posteriormente, me presenté a las urnas dentro de una coalición de la que formaron parte, Carlos Bula Camacho, Ricardo Villa Salcedo y Abel Rodríguez Céspedes. Por eso, cuando ingreso al PDI no hago más que continuar y ser consecuente con mis posiciones y convicciones de izquierda. Por ello tampoco es coincidencia encontrarnos hoy como ayer con Lucho Garzón, Jaime Dussan, Carlos Romero, Antonio López, Matilde Bateman Cayon, Patricia Buriticá, Dennise Moreno, Guillermo Alfonso Jaramillo o Vera Grave, entre tantos otros sobrevivientes, en el Polo Democrático Independiente.

Pero ahora me corresponde explicar las razones ideológicas y políticas que me conducen al Polo Democrático. Son tres esas razones…. y la ñapa.

La primera: Por que me identifico con el programa y los planteamientos políticos y sociales de Lucho Garzón de construir una Bogotá sin Indiferencia como antesala próxima a una Colombia toda, Sin Indiferencia en la cual quede proscrita el hambre, la discriminación, la exclusión social y en la cual la salud y la vida golpee a la puerta de todos los hogares.

La segunda: Porque comparto la idea de exigir, como la hecho el senador Antonio Navarro la convocatoria de un referendo para decidir sobre el TLC, para que el pueblo movilizado a las urnas pueda derrotar la pretendida eternización por tratado internacional del modelo neoliberal, como antesala de la recuperación de la soberanía nacional sobre el direccionamiento de la política económica, social y militar.

La tercera: Porque estoy identificada con el PDI en el sentido de que en lo inmediato nuestros esfuerzos deben estar dirigidos a conformar una gran confluencia democrática capaz de cerrarle las puertas a reelección del modelo de seguridad mal llamada democrática, que significaría ni mas ni menos que la paramilitarización de la país que tan valerosamente ha denunciado Gustavo Petro, con lo cual se profundizaría y extendería la guerra y el autoritarismo.

Y la ñapa: porque considero que a través del Polo Democrático soplan los vientos de renovación y cambio que arrecian con fuerza por toda América Latina, donde camina – enfundada- la espada de Bolívar en los triunfos electorales de Chávez en Venezuela, Lula en el Brasil, Tabaré Vásques y el Frente Amplio en Uruguay, Kirshner en Argentina y en la resistencia irreductible de los indígenas de Bolivia y del Ecuador.

Jaime Pardo Leal
Carlos Pizarro León Gómez
Bernardo Jaramillo Ossa
Jaime Bateman Cayon
José Antequera

Cortaron la flor pero no pudieron impedir la primavera

En el Polo Democrático Independiente están, estamos, combatiendo por la paz y la democracia sus compañeros de lucha, aumentados ahora por contingentes imparables de colombianas y colombianos comprometidos con el cambio.

Aquí construimos con entereza, valor civil y amor, el Polo de la esperanza del pueblo colombiano

Viva el Polo Democrático Independiente
Vive la confluencia democrática
Viva Colombia

Mayo 12 de 2005.
Acto de adhesión al PDI
Sede del Partido
Teusaquillo, Bogotá

Junio 22 y 23, Archivo Distrital

Nosotras, las que ya hemos vivido buena parte de las luchas y de los debates de la última etapa del siglo pasado, recibimos con agrado y simpatía, el positivo hecho de que además de la preocupación y del énfasis que se puso en la conquista de los derechos sociales, se haya agregado ahora con mayor fuerza, la necesidad de lograr reivindicaciones de género.

¡Que bueno! que nosotras podamos reunirnos para debatir nuestros problemas específicos, sin el padrinazgo de ellos. Así como es bueno y positivo que ellos se reúnan y debatan sin nosotras, pero siempre en un plano de igualdad y entendiendo que ellos y nosotras tendremos que marchar en la misma dirección, en la lucha por nuestros intereses comunes.

Si le echáramos un vistazo a la posiciones de nosotras en el plano político, en las altas esferas del poder político, tendríamos que concluir que por lo menos en nuestro continente se avisoran dos presidentas, con peso especifico propio: la señora Hillary Clinton en EEUU, quien según las encuestas podría reemplazar al señor Bush; y Michelle Bachelet en Chile. Ambas aliadas de género, pero distantes en el campo ideológico y político.

La primera -Hillary- representa una forma del poder de las doscientas transnacionales que dominan el mundo. Es la continuación de lo mismo con un maquillaje amable y femenino. Pero la otra, la chilena Bachelet, es heredera de los sufrimientos y de las desgracias que sufrieron los pueblos del sur del continente bajo las dictaduras militares. Por lo cual quiero manifestarles que el género importa, pero algo hay más fuerte; hay algo, que nos diferencia a unas mujeres de otras a pesar de nuestra comunidad de género. Son los intereses ligados a las causas populares, a la libertad real, a la democracia con contenido progresivo de derechos sociales justiciables e irrenunciables, a título de derecho adquirido, a título de derecho de propiedad, no susceptibles de ser reversados mediante el retroceso social incorporado a normas posteriores.

No es suficiente el interés de genero. Lo ideal es identidad de genero, acompañada de la comunidad de intereses en materia de reinvindicaciones laborales, identidad en la lucha por la democrática e identidad en la concepción de la gestión social. Y esto no forma parte de una elucubración ideológica abstracta. Lo vemos en la vida diaria. Ayer o anteayer no más, en el Congreso de la República, cuando se realizaba un debate alrededor de la llamada Ley de Justicia y Paz. Allí pudimos observar a ellas divididas, enfrentadas, confrontadas por un interés de fondo y no de forma. Enfrentadas sobre el contenido de esa ley que tanto afectará el futuro de todas y de todos.

Una de ellas, o mejor una de nosotras, exigiendo que el proceso de Ralito se adelante aplicando con criterios humanos de verdad y reparación a la sociedad y a las víctimas, principalmente mujeres con niños menores, condenando la impunidad legislada de las masacres y crímenes de lesa humanidad del paramilitarismo. Como consecuencia de su actitud valerosa y decente a lo largo de la discusión de esa pieza legislativa que será objeto de no pocas glosas, tanto a nivel nacional como internacional, recibió la rechifla del 35% que los mismos jefes paramilitares dicen tener en el seno del Congreso, convertido en un 70%, como ella, desencantada por el espectáculo de un parlamento convertido en gallera, ripostó, por el seguidismo abjecto a normas de favorecimiento inaceptables.

Pero al lado de ella, hay otras mujeres, ¡Quién lo creyera! Otras que se confunden con el paramilitarismo, que lo defienden sin tapujos, que se identifican con sus exponentes, incluso en cartillas financiadas y publicitadas profusamente por ese narcotráfico disfrazado de contrainsurgencia. Fueron ellas quienes dirigieron la rechifla contra una de Nosotras.

Esta es una simple reflexión que debe conducirnos, a meditar sobre cómo afrontar los problemas de género. Sobre cómo no es suficiente que alguien se identifique como ella, para merecer nuestro respeto y apoyo.

Sobre cómo en nuestra comunidad de género, es necesario que ella se identifique con nosotras en la lucha por la democracia;

Sobre como en nuestra comunidad de género es indispensable que ella se identifique con nosotras en la lucha por la paz (recordemos aquí la guerra de las Malvinas liderada por la señora Thatcher);

Sobre como es necesario que ella se identifique con nosotras en la defensa de nuestros derechos sindicales, especialmente los directamente referidos a la mujer trabajadora;

Que ella se identifique con nosotras y nosotros, por la derogatoria de la ley que flexibiliza la legislación laboral;

Que ella se identifique con nosotras y nosotros por la convocatoria de un referendo que nos permita derrotar el TLC como derrotamos el referendo del año antepasado, (recordemos que todos estos tratados de libre comercio, como el que se negocia, incluso más aprisa de lo que aconseja el señor Clinton; que independientemente de la velocidad con que se negocie, de imponerse su contenido, perjudicará a toda la clase trabajadora, a los pequeños y medianos empresarios nacionales, no ligados a las empresas internacionales, a los campesinos y a las campesinas, pero en especial a las mujeres que somos discriminadas al momento de recibir el salario, para el caso del TLC el salario submínimo en las maquilas que no respeten pinta, al momento de no pagar prestaciones sociales.

Que esas políticas neoliberales que se pretende entronizar con tratado internacional por encima de la Constitución, de nuestra Constitución, discriminan a las mujeres que en su gran mayoría son las gestoras de los servicios sociales, mal remuneradas cuando se privatizan la educación y la salud,

Salud y educación en todos los niveles que son bienes públicos que ahora con las políticas de libre comercio se mercantilizan, se sujetan, en sus beneficios impactos sociales, a la ley del dólar, a la ley del mercado, en vez de a la ley del dolor, de la necesidad, de la saludable intervención del Estado.

Es lo que combate nuestro Alcalde mayor, Lucho garzón con su programa de Bogotá Sin Indiferencia que ojalá pronto sea Colombia sin Indiferencia. Es lo que combate con Bogotá sin Hambre y salud a su Hogar.

Busquemos desde el género nuestros intereses reales y comunes. Los particulares de género, dentro de los generales de la justicia social y de la igual libertad y dignidad para todas y todos. Es lo que convoca a este foro de mujeres trabajadoras del Distrito Capital de Bogotá. A quienes nos unen intereses de género, pero por sobre todo, nuestros intereses comunes por una patria solidaria y soberana. Nuestra lucha es por esa Colombia, en que nosotras y nosotros, nos tendremos que encontrar, para sacar adelante nuestros intereses compartidos.

Bogotá, 22 de junio de 2005.

Discurso de aceptación de la candidatura a la Alcaldía de Bogotá por los sectores sociales y de izquierda, en acto popular realizado en la Plaza de Bolívar el 29 de noviembre de 1987.

Compañeros:

Esta gigantesca manifestación se realiza en momentos muy difíciles para la patria. En momentos en que la violencia toma nuevas dimensiones y nuevas características. En momentos en que una fuerza negativa, llena de odio a la democracia, prepara y realiza actos contrarios al sentimientos político colombiano pero, además, contrario a la misma naturaleza del ser humano.

Hablo de nuevas dimensiones, porque del asesinato dosificado, que busca en la noche a su víctima, hemos pasado al asesinato masivo, al genocidio, al asesinato calculado; frío, monstruoso, como el de cinco jóvenes de Medellín, lo que muestra esa nueva dimensión, salpicada de barbarie. Y aparece, además, en el cielo oscuro de la patria, el anuncio de que se avecinan grandes tormentas, grandes calamidades, porque los enemigos de la paz y de la democracia, que permanecían agazapados, se lanzan a convertir el poder público en instrumento de represión, intentando con ello paralizar la historia o hacerla retroceder.

LAS IDEAS NO PUEDEN SER COMBATIDAS A BALA

Hay quienes creen que la operación exterminio está dirigida exclusivamente contra los comunistas. De ser cierto que la operación exterminio está dirigida exclusivamente contra los militantes del partido comunista y de la Unión Patriótica, ya estaríamos frente a un hecho grave, inaceptable, criminal, monstruoso. Pero las ideas no pueden ser combatidas a bala, a sangre y fuego, para tratar de disipar la conmoción social, producida por el hambre y la pobreza absoluta. Y resulta que no es así. La violencia ha comenzado a segar vidas de hombres, mujeres y jóvenes de izquierda y, muy pronto, ha empezado a pasar los linderos. Y ya tenemos que contabilizar muertos, desapariciones y atentados en las toldas liberales, en las toldas conservadoras y, sobre todo, en las toldas de la intelectualidad.

¡Que vergüenza! Oscuras fuerzas de privilegio, que se creen inamovibles, han logrado asesinar a don Guillermo Cano, ejemplo del periodismo honrado y avanzado. Han logrado asesinar a Héctor Abad Gómez, cuyo único delito fue el defender los derechos humanos y pedir que aparecieran los desaparecidos. Y casi logran asesinar al director del diario El Colombiano y candidato a la Alcaldía de Medellín, Juan Gómez Martínez. Y han logrado -qué vergüenza- que escritores de valía, figuras que honran las letras colombianas, como Daniel Samper, como Antonio Caballero, reconocido por Gabriel García Márquez como una de las mejores plumas del país; como Jorge Child, economista y periodista de gran valor, abandonaron nuestra patria, obligados a refugiarse en Europa, donde el invierno los debe cubrir de nostalgia por Colombia. ¡Ninguno de ellos es comunista! ¡Ninguno de ellos puede ser catalogado de extremo izquierdista! Ninguno de ellos puede ser catalogado de subversivo. Pero, igual. ¡Todos están condenados a muerte!

Lo que está en marcha en Colombia no es un plan de exterminio contra los comunistas. Lo que está en marcha es todo un plan de exterminio de la democracia. ¡Lo que está en marcha es un plan de exterminio de cualquier vestigio de libertad y democracia!

LA PATRIA SE DESTROZA

¡Y, qué vergüenza! Una buena parte de los jefes de mi partido, perciben, saben lo que ocurre; saben lo que viene; lamentan los crímenes. Y es más, repudian la violencia. ¡Que vergüenza! Una parte de la dirigencia de mi partido, algunos de ellos, conocen la causa de la violencia y la diagnostican bien pero, a la hora de la verdad, se quedan en expresiones de buenas intenciones y sus lamentos tienen el olor y sabor corrosivo de las frases formales. ¡Qué vergüenza! La patria se destroza y a ellos no se les ocurre una sola fórmula, una sola iniciativa, para salirle al paso a la catástrofe anunciada. ¡Qué vergüenza! Muchos de nuestros congresistas duermen en sus curules, mientras la patria hace fuego por todos los costados. Sólo los conmueven los auxilios, sólo los encandilan las tajadas jugosas de la burocracia. Como diría López Pumarejo: están anquilosados, se han fosilizado alrededor del presupuesto, cuyo aprovechamiento ha colmado todos sus anhelos.

LLAMAMIENTO A LOS LIBERALES

Y yo quisiera aprovechar la oportunidad que me brinda esta gigantesca manifestación, para decirle a muchos de mi copartidarios, que todavía piensan en los ideales liberales, que recapaciten, que asuman su papel directriz, que actúen antes de que sea tarde, que se sumen a la cruzada democrática y patriótica para reformar la Constitución Nacional, para lograr un nuevo ordenamiento legal, para llevar a cabo verdaderas reformas sociales, económicas y políticas, capaces de cimentar una democracia renovada, una democracia plena.

CRUZADA DEMOCRÁTICA O VIOLENCIA

Que se sumen a la cruzada democrática y patriótica para derrotar la violencia; que se sumen a la cruzada democrática y patriótica para imponer una salida pacífica y política a la actual confrontación armada que, de prolongarse, que de continuar al ritmo actual, nos conducirá a una guerra civil de resultados imprevisibles.

Y que se sepa, además, que no hay otra alternativa. O se suman a la cruzada o perecen en el mar de la violencia que nos afecta a todos.

AL RESCATE DE LA BANDERAS

Acompañada de un puñado de dirigentes del Nuevo Liberalismo, de lo mejor del Nuevo Liberalismo, hemos resuelto rescatar las banderas tendidas, los principios abandonados y contribuir a forjar un nuevo proyecto político, dispuesto, no solo a pelear por ganar la Alcaldía de Bogotá, sino dispuesto a luchar al lado de los inconformes liberales, al lado de los inconformes conservadores, al lado de la izquierda unificada, al lado de la Unión Patriótica, para crear las condiciones que permitan rescatar a Colombia para todos los colombianos, para recuperarle a cada ciudadano su parte de la Nación.

NO DEFRAUDARÉ LA CONFIANZA DEL PUEBLO

Compañeros y amigos del liberalismo independiente. Compañeros y amigos de la UP. Compañeros y amigos del Movimiento Firmes. Compañeros y amigos del Frente Popular y del Movimiento José Antonio Galán. Compañeros y amigos del Partido Obrero Posadista, aquí presentes: ante más de cincuenta mil personas, juro que daré la batalla hasta el final, en pro del nuevo proyecto político.

Juro ante la memoria de Jaime Pardo Leal, que no desmayaré un momento y el programa común que hemos elaborado a favor de Bogotá, lo defenderá hasta sus últimas consecuencias. Juro que no defraudaré la confianza de este pueblo, que me otorga en el día de hoy. Comprendo que más que un honor, lo que adquiero es un compromiso de lucha; lo que adquiero s un compromiso de defensa de los intereses del pueblo colombiano.

TENEMOS SOLUCIONES SERIAS

Es un compromiso, no de compartir un diagnóstico, como es usual en otros candidatos, sino un compromiso para cumplir las soluciones. Y eso es lo grande. Y eso es lo importante de nuestro programa: no nos conformamos con la verificación de la crisis, sino que tenemos soluciones serias a los problemas que vive y padece Bogotá. Ese programa es nuestra mejor herramienta; es la palanca que removerá todos los obstáculos para llegar a la Alcaldía y lograr que el enorme presupuesto del Distrito se destine y beneficie a la inmensa mayoría del pueblo y no a los núcleos selectos de contratistas y prestamistas.

EL CLAMOR NACIONAL

El eje del programa que proponemos es la moratoria de la deuda externa o, por lo menos, la limitación del servicio de la deuda. Algunos quieren macartizarnos diciendo que lo de la moratoria es un programa comunista: Mienten. López Pumarejo, en célebre carta dirigida al presidente Olaya Herrera, en 1931, proponía la moratoria de la deuda externa. Y, en esa ocasión, esa deuda no alcanzaba las dimensiones actuales. Cuando repito que esa deuda es impagable; cuando repito que no es posible cancelar en los próximos tres años 300 mil millones de pesos a los prestamistas extranjeros; cuando digo que no es posible quedarle bien a los prestamistas y someter a nuestro pueblo a la miseria, no hago más que recoger el clamor del interés nacional, que nos dice cómo es posible cancelar una deuda y paralizar el desarrollo social y económico de la capital de la República. Que esperen los prestamistas extranjeros porque el hombre de nuestro pueblo no espera un minuto más.

Palabras de Clara López Obregón en el sepelio de Jaime Pardo Leal, Cementerio Central de Bogotá, octubre 13 de 1987.

El asesinato del compañero Jaime Pardo leal no es sólo un crimen atroz. No sólo es un acto de locura. No solamente representa la activación de un proceso fachista. Representa, ante todo, un atentado dirigido contra el corazón de la patria colombiana. Representa un atentado dirigido contra la columna vertebral de la democracia colombiana, que no debe, ni puede, ser una democracia unipartidista o bipartidista, sino una democracia pluralista que permita la existencia y el libre desarrollo de todas las expresiones ideológicas del pensamiento humano.

Yo quisiera, sin embargo, que esa muerte, que ese asesinato, representara algo más! Que representara un estímulo nervioso a la menta y a la conciencia política del pueblo colombiano, de sus partidos políticos y de sus fuerzas sociales! Que representara un estímulo para comprender, de una vez por todas, que necesitamos cambiar de rumbo, para evitar que asesinen a Colombia! Porque quieren asesinar a Colombia, para satisfacer mezquinos y extraños intereses!

CAMBIAR A COLOMBIA

Tenemos que cambiar a Colombia.

Tenemos que cambiar de rumbo, para que un general de una potencia extranjera, no se atreva a expresar en territorio patrio, que está en contra de la tregua o que la tregua sólo beneficia a los guerrilleros.

Tenemos que cambiar a Colombia, para que un Ministro, exactamente el de Justicia, no se atreva a hacer la apología de los grupos de autodefensa, de donde salen indudablemente los sicarios que recorren al país sembrando la muerte.

Tenemos que cambiar de rumbo, para que las llamadas fuerzas del orden, no fomenten el desorden, como acaba de ocurrir entre otros sitios, en el barrio Policarpa Salavarrieta, en donde uniformados, bajo el mando de un oficial irresponsable, reprimieron a sangre y fuego, la justa e indignada protesta que se levantaba en el momento de conocer la indescriptible noticia, según la cual, el máximo dirigente de la Unión Patriótica había sido asesinado.

Tenemos que cambiar de rumbo, para que el próximo Ministro de la Defensa sea un Ministro Civil, que garantice que las armas de la República se destinen a la defensa de las fronteras y no a reprimir a quienes, como los dirigentes de la Unión Patriótica y otros sectores democráticos, nos dedicamos a pregonar el cambio.

Tenemos que cambiar a Colombia para que se produzca el realinderamiento: De un lado, quienes defienden la Colombia actual, la Colombia repleta de miserias e injusticias, de desempleo y represión, y, del otro lado, quienes estamos en la inconformidad y soñamos con una Colombia diferente, en donde las riquezas naturales y las que produce el pueblo colombiano, sirvan para fomentar el bienestar de todos los colombianos y no de unos pocos, como ocurre actualmente.

UNA SALIDA POLÍTICA

Tenemos que cambiar de rumbo para que en Colombia soplen los vientos de reconciliación que impongan una salida política los enfrentamientos económicos, sociales, mortales y militares que estremecen al país.

Tenemos que cambiar de rumbo para garantizarle la vida a todos colombianos.

Tenemos que cambiar de rumbo para garantizar la paz y la concordia.

Si para algo podría servir la muerte, mil veces lamentada, de Jaime Pardo Leal, debe ser para quienes militamos en el liberalismo. Dejemos de lado las posiciones ambiguas, timoratas, calculadoras, eclécticas, queriendo pretender, queriendo mostrar que los responsables de los crímenes se encuentran en los dos extremos del espectro político del país.

Las cosas hay llamarlas por su nombre: los responsables del plan de exterminio contra los demócratas, tal como lo denunciara con valentía Jaime Pardo Leal son, entre otros, algunos oficiales de las fuerzas armadas y no éstas como cuerpo, son algunos empresarios y ganaderos que se resisten a los cambios sociales y son algunos políticos degenerados que ante la incapacidad de enfrentar la contienda política, acuden a la violencia, tratando inútilmente de congelar la situación política del país.

Ante la tumba de Jaime Pardo Leal, juro luchar con todas mis fuerzas, hombro a hombro, con las mujeres y hombres demócratas de este país, por crear un frente de convergencia de inconformidad nacional.

Compañero Jaime Pardo leal: descanse tranquilo. Quienes le admiramos, quienes recibimos de usted un aliento de esperanza y de certeza en el futuro, le decimos: ¡Presente! ¡Presente! ¡Presente! Para cambiar el rumbo a Colombia!

Discurso pronunciado en un acto popular del Nuevo Liberalismo, realizado en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, el 26 de enero de 1986.

Este acto que realizamos hoy domingo 26 de enero, es obra de un equipo de liberales, que con convicción y decisión, rodea los postulados del Nuevo Liberalismo y la candidatura presidencial de Luis Carlos Galán.

Es un acto surgido de la iniciativa colectiva y participante de un equipo de trabajadores e intelectuales, preocupados por la situación que vive Colombia, e intranquilos por la salud y por el futuro de la patria.

Doctor Galán: usted ha caracterizado al Nuevo Liberalismo como una fuerza de centro-izquierda y ello debe conducirnos a serias, a profundas, a severas reflexiones. Y ello es así, porque considero que el Nuevo Liberalismo, al alinderarse como un movimiento centrista, que bebe en la canteras de la izquierda renovadora, tiene la obligación histórica de esclarecer con nitidez meridiana, por qué de centro y por qué de izquierda.

QUÉ SIGNIFICA RENOVACIÓN

Considero que los conceptos de centro y de izquierda no están divorciados. Convergen, confluyen, se juntan en una síntesis, que tiene que ver con la concepción más amplia y profunda de la democracia, en su acepción pluralista avanzada.

Su esencia no es solo el cambio político, sino lo que usted ha dicho, doctor Galán, la renovación.

Renovación que signifique darle un vuelco a las caducas estructuras económicas y sociales que nos han sumergido en una crisis, que más que clínica es recurrente, que más que coyuntural, tiende a convertirse en permanente.

He entendido y compartido el criterio de que renovar es tanto como cambiar, es tanto como adoptar un nuevo modelo económico: el modelo económico colombiano que se construya, teniendo en cuenta nuestra realidad, nuestros recursos y la potencialidad de la iniciativa creadora del pueblo colombiano.

Modelo económico que impida que sigamos siendo fuente, casi exclusiva, de materias primas, prácticamente monoexportadores y que desvíe el camino pastoril, que mentalidades colonizadas y atrasadas han añorado para nuestra patria.

Modelo económico colombiano que rescate, definitivamente, nuestras riquezas y nuestros recursos naturales, que deberían convertirse en fuente de bonanza permanente, para que florezca nuestra industria, se amplíe el comercio y se mejoren sustancialmente las condiciones de vida del pueblo trabajador colombiano.

Y quiero entender también que cuando hablamos de renovación, nos referimos a las necesidad de invertir y de convertir la mayor parte de los recursos financieros del Estado, en herramienta apropiada, que garantice la prestación de los más elementos servicios públicos a todos los habitantes de Colombia, y en condiciones de calidad y costo, compatibles con la dignidad humana y los presupuestos familiares.

Entiendo, doctor Galán, que la renovación significa liquidar el desempleo y el analfabetismo, en el campo y la ciudad, con instrumentos tales como la reforma agraria, la reforma educativa y la puesta en marcha de un plan de industrialización acelerada que consulte los intereses nacionales.

DEMOCRACIA ECONÓMICA

Y no está demás agregar que lo que necesitamos renovar con más urgencia es el marco democrático de las instituciones cuyas vértebras principales cumplen cien años de existencia. Renovar la Constitución para incluir el concepto de democracia económica. Renovar la Constitución para incluir el concepto de la participación ciudadana. Renovar las leyes, para hacer efectiva y real, la igualdad entre colombianos.

Renovar también la clase dirigente para liquidar las roscas oligárquicas y para incinerar los vicios acumulados que han colocado en estado de putrefacción a todo el andamiaje político y social que rige a Colombia.

En fin y a manera de resumen, opino que la renovación significaría liquidar las causas reales y objetivas que gestan y multiplican la inseguridad y la violencia.

Doctor Galán: este acto enmarcado dentro de la campaña presidencial constituye de por sí, el esbozo de la renovación en la organización y la conducción política. Es un acto financiado por los aquí presentes. Es un acto surgido de la iniciativa popular. Y es un acto que tiene el sabor y el aroma agradable de la espontaneidad.

ME SIENTO DE IZQUIERDA LIBERAL Y DEMÓCRATA

Es un acto en el que quiero expresarle con toda franqueza, que si es cierto aquello de que en el Partido Liberal pueden convivir distintos matices y criterios ideológicos y políticos, yo me siento matriculada a la izquierda liberal y democrática. Me siento heredera no de pergaminos, abolengos o apellidos familiares, sino heredera de la conciencia y de las enseñanzas democráticas de López Pumarejo, de Uribe Uribe y de Gaitán. Paladines liberales que siempre sostuvieron que no tenían enemigos a la izquierda, y que en la gestión y en la acción cotidiana a favor de los intereses nacionales y populares, mostraron en ese lejano entonces, la esencia verdadera del liberalismo, que por definición tiene que ser renovador.

Por eso a la consigna “Renovación, ahora o nunca”, yo le agregaría de manera explicativa, doctor Galán: Renovación, ahora y siempre.

Y este acto, doctor Galán, tiene que servir por encima de las fronteras de la modestia, no solo para decirle presente, sino para rendirle cuentas de mi gestión como Concejal de Bogotá. Siento que en el recinto del cabildo capitalino resuena el eco de nuestra actuación, cumpliendo al pie de la letra el consejo y la orientación que usted nos dio, con buen sentido, para que aprendiéramos a decir lo que pensábamos y para que aprendiéramos a hacer lo que decíamos.

Resuena el eco desenmascarando la demagogia del Plan Ciudad Bolívar; resuena el eco de nuestra plegaria reclamando la paz y el diálogo; resuena el eco exigiendo la elección popular de alcaldes y resuena el eco denunciando la inmoralidad, la desidia y la negligencia administrativa.

RENOVACIÓN: REVOLUCIÓN Y CAMBIO SOCIAL

Y hoy podemos decirle con satisfacción, doctor Galán, hemos cumplido. Ordene, que queremos avanzar para conquistar una patria libre y justa, que queremos avanzar para recuperar a Colombia para todos los colombianos.

Compañeras y compañeros: uno de los candidatos que ha recibido el apoyo de los círculos oligárquicos del país, ha expresado el propósito, utilizando frases comunes, de reconstruir el país. Todos sabemos quienes los han destruido. Pero lo que no nos dice el candidato oficialista es con quién piensa reconstruirlo. ¿Es que piensa reconstruirlo con aquellos que utilizaron el poder para enriquecerse y para reprimir? ¿Es que piensa reconstruirlo con quienes montaron un sistema financiero que le dio rienda suelta al monopolio y contribuyó con ello a expropiar a pequeños y medianos propietarios, a los pequeños y medianos empresarios y a los pequeños y medianos comerciantes? ¿Hay alguna base para cree que quienes destruyeron en forma conciente el país, pueden reconstruirlo?

¡No, no nos convence! No le creemos y por eso la actualidad de nuestra consigna: ¡Renovación, ahora o nunca!

Y otros sostienen, con menos fortuna que van a salvar esto. Están equivocados si piensan que el pueblo colombiano sufre de amnesia colectiva. Porque puede que el desarrollo sea una premisa para la Revolución, pero la revolución no es el desarrollo. La Revolución es el desarrollo con el cambio social.

Por eso la renovación y el cambio social son Revolución que propone Galán.

¡Viva Colombia!

¡Viva el Nuevo Liberalismo!

¡Viva Galán!