Democratizar la política monetaria

Por Clara López Obregón   

Desde el surgimiento del capitalismo, el ciclo económico en su parte recesiva ha sido su principal debilidad. Los electores y la opinión castigan fuertemente a los gobiernos que lo presiden y los estudios de la economía política se han preocupado siempre, no solo por buscar sus causas estructurales, sino por encontrar fórmulas para sus más graves consecuencias. Aquí las tenemos a la vista: Desempleo abierto cercano al 20%, el más alto a la depresión de los años 30; crecimiento económico negativo que se prolonga ya por mas de tres trimestres, la medida técnica de la recesión; y la reducción de la inflación, en guarismos muy inferiores al altísimo costo que ello ha implicado.

Muchos se preguntan el por qué del regreso al péndulo cíclico de la economía mundial, después de sesenta años de relativa calma. El retorno al modelo liberal, con la reducción a la intervención del estado para controlar los flujos de capitales y la renovada confianza en el mercado como arbitro privilegiado de la distribución de los recursos en medio de un capitalismo cada vez mas monopolizador, en parte, creo que importante, de la explicación.

Pero no debemos limitar nuestro análisis al modelo económico. Los arreglos institucionales que lo respaldan y desarrollan tienen mucho que ver. Una cifra menos publicitada de la situación económica pero que viene muy al tema, aparece en la columna de Hernán Ocampo S., publicada en La Republica el día 21 de abril. En términos nominales los medios de pago aumentaron entre 1994 y 1998 de $5.246 billones a $10.526 billones, pero en términos reales, descontando el deterioro en el poder adquisitivo de la moneda, acusaron una reducción de $5.246 billones a $4.933 billones, agravando el ciclo económico con la elevación sostenida en las tasas de interés.

La correlación entre la estadística macroeconómica y la introducción entre nosotros (y en el resto del mundo sumido en recesión) de la institución de una autoridad monetaria y cambiaria autónoma, exige reflexión. ¿Puede estar esta institución contribuyendo a la profundización de la parte recesiva del ciclo económico? Considero que no hay duda al respecto. Alejados de la realidad cotidiana, sustraídos del control político, unos técnicos supuestamente neutrales, aplican fórmulas de moda no suficientemente comprobadas, sin tener que responder por las consecuencias.

Muchos estudios, por ejemplo, tienden a mostrar que los costos asociados con las políticas anti-inflacionarias son mucho mas altos donde existen bancos centrales independientes y que inclusive pueden llegar a afectar de manera permanente el potencial de crecimiento de la economía como lo señalara el profesor Ball de la Universidad de Baltimore en un foro sobre la inflación organizado por el Banco de la República y el Banco Mundial hace un año.

Pero es tal la independencia de la Junta Directiva del Banco de la República, que en reciente debate en el Congreso sobre los efectos negativos de la conducción de la política monetaria, el Senador Luis Guillermo Vélez constató que la moción de censura aplicable a un Ministro, no es de recibo para exigirle cuentas a quienes dirigen la mayor parte de la política económica por la cual paradójicamente responde el Gobierno democráticamente elegido.

Tal como lo afirman los profesores de la Universidad de Princeton, Dres. Sheri Berman y Kathleen R. McNamara, en la última entrega de la Revista Foreign Affairs exponente del llamado mainstream o centro norteamericano, la independencia de la banca central constituye una “inconsistencia” frente a la tendencia mundial de “transferir poder de las élites autoritarias hacia el público democrático”. Esa dinámica no selimita a los países en desarrollo. “La extrema independencia del nuevo Banco Central Europeo esta orientada a darle seguridades a los capitales financieros de que las demandas de otros sectores de la sociedad no interferirán con el manejo monetario”, se afirme en el artículo citado.

Desde luego que el manejo económico implica escogencias complicadas que a la postre benefician a unos y perjudican a otros. Por eso, la decisión de privilegiar la lucha contra la inflación sobre cualquier otra alternativa de política económica corresponde a una decisión política y no solo técnica.

Por ello, amas de discutir y proponer soluciones coyunturales a la actual crisis recesiva, conviene establecer la necesidad de modificar la actual estructura de la Junta directiva del Banco de la República, buscando colocarla en un plano de interrelación administrativa tal, que la haga sensible al necesario equilibrio de los complejos intereses y necesidades de quienes le han delegado su mandato.

La República, Bogotá.

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