Clara López confiesa que está enamorada…

Clara López confiesa que está enamorada…

El Tiempo

El Tiempo habló con la candidata a la presidencia sobre su otra faceta: la poesía.

La idea de esta charla con Clara López era hablar de poesía, porque a ella dedica su vida la hoy candidata presidencial del Polo, cuando no está entregada a la política. Ese sí que es su polo a tierra. Hablar de esos poetas que recita de memoria por horas y horas, desde que era una niña, más en inglés que en español. De Shakespeare, de T.S. Eliot, de Edgar Alan Poe, de Neruda, de Pombo.

En ella la poesía lo explica casi todo Por ejemplo, pocos saben por qué esta sobrina nieta de Alfonso López Pumarejo, sobrina y ahijada de Alfonso López Michelsen, exponente clara de la más rancia oligarquía bogotana, terminó convertida en una de las más caracterizadas figuras de la izquierda colombiana. Y menos, por qué esta acomodada mujer cayó rendidamente enamorada en brazos de Carlos Romero, uno de los íconos de la izquierda de este país.

Ambas cosas, por inexplicables que parezcan, tienen su justificciòn plena en la poesía.

Completamente enamorada

De la mano de Shakespeare le confesó a El Tiempo que está “completamente” enamorada. A tal punto, que piensa que ella y su esposo son “uno solo”. Dice que lo suyo con Carlos Romero es “el amor verdadero, el amor puro, el amor construido, eso que convierte a dos personas en una”.

Su rostro cambia cuando habla de él. Sonríe. Sus ojos brillan. Ya no tiene en su rostro esas líneas rígidas que se dibujan cuando habla del Polo, de votos, de elecciones, de campaña. Pero ese amor esconde una historia. Casi un misterio. Clara López apenas tenía 14 años cuando se aprendió el Soneto 73 de Shakespeare, que habla del amor otoñal, de ese amor de la edad madura que produce miedo, porque está pronto a partir.

“Para mí era como una oración, aunque yo no entendía bien, porque era muy niña. Una niña de 14 años qué iba a entender la vejez y el amor. Y fíjese que ahora que yo miro el pasado, digo: los poemas que yo me aprendí de chiquita han sido premonición de mis vivencias en la vida adulta. Y éste en particular es premonición de lo que es mi matrimonio en la actualidad. Carlos y yo envejecemos juntos y este amor tan lindo que se ve reflejado en el soneto es lo que nosotros vivimos todos los días. Y es un amor que termina con una frase extraordinaria porque muestra todo lo que es el contenido del envejecimiento, de la madurez y me permite comprender lo importante que es saber y entender por qué se ama tanto y tan profundamente aquello que vas a tener que dejar prontamente”.

Soneto 73 Shakepeare

Ese tiempo del año puedes en mí contemplar cuando hojas amarillas, o ninguna, o pocas, cuelgan de esas ramas que tiemblan contra el frío, desnudos coros arruinados donde recientemente cantaban los dulces pájaros: en mí ves el crepúsculo del día que tras el ocaso se va apagando en el poniente, el cual poco a poco la negra noche se lleva, segundo yo de la muerte que todo lo sella en el descanso: en mí ves la lumbre del fuego que sobre las cenizas de su juventud reposa como el lecho de muerte sobre el que debe expirar, consumido por lo que lo nutrió: esto percibes, lo que te hace el amor más fuerte para amar bien lo que has de dejar en breve.

Después de escucharla recitar ese poema, de la manera como lo ha hecho, le tengo que preguntar. ¿Está enamorada?

Sí. ¡Completamente! Con Carlos hemos cultivado conscientemente la relación de pareja, porque en este mundo moderno si uno no cuida la relación de pareja se le puede esfumar de las manos.

¿Cuál es el secreto?

Una de nuestras reglas de oro es almorzar siempre juntos. Aunque siempre hay excepciones. En la alcaldía fue uno de esos sacrificios grandes, porque no había a veces el tiempo para pasar en familia, es una costumbre y una etapa del día que yo miro con ilusión.

¿Es rigurosa esa costumbre?

Sí señor. Desayunamos, almorzamos o cenamos, juntos. Eso es parte del cultivo, porque cuando uno se sienta a compartir el pan, es cuando habla de todas las cosas de la vida. No solo de la política, sino que se habla de los temas del hogar, de la familia, de las aspiraciones, de los sueños.

Poesía para la rebeldía

Ahora vamos al encuentro con Neruda. La mayoría de la gente a la que escucho hablar de este genio de la poesía va de inmediato a los 20 poemas de amor y una canción desesperada. Pero usted me habla de dos poesías de él que la marcaron desde niña, pero para la política. Para la rebeldía. Comencemos por la ‘Oda al pan’.

Esa fue una revelación. Yo tendría unos 13 años, en esa época todavía se usaba el declamar poesías en el salón de clase, en las premiaciones del colegio y nosotros en la casa nos recitábamos poemas entre mis hermanos y mi abuelita… mi abuelita hasta hablaba en verso. Es que la Oda al pan es la vida, es la fecundidad, es la solidaridad. Y es el pan para toda la humanidad.

A mí lo que me afecta y creo que me pasa también después con los poemas de amor es que me enamoro del poema, me lo apropio y me lo hago mío sin entender la profundidad de su contenido. Cuando yo escuché a Berta Sigerman declamar en el teatro Colón la Oda al pan, me dediqué a aprendérmelo. Y pronto fui desarrollando una conciencia muy, muy grande que primero me la alimentaban mis padres y mi familia con unos grandes valores. Ellos me decían que si uno viene de un entorno privilegiado, su función en la sociedad es devolver con servicio lo que uno ha recibido en términos de privilegio. Y eso es lo que yo hago.

La Oda al pan

Pan,
con harina,
agua
y fuego
te levantas.
espeso y leve,
recostado y redondo,
repites el vientre
de la madre,
equinoccial
germinación
terrestre.
Pan,
qué fácil
y qué profundo eres:
en la bandeja blanca
de la panadería
se alargan tus hileras
como utensilios, platos
o papeles,
y de pronto,
la ola
de la vida,
la conjunción del germen
y del fuego,
creces, creces
de pronto
como
cintura, boca, senos,
colinas de la tierra,
vidas,
sube el calor, te inunda
la plenitud, el viento
de la fecundidad,
y entonces
se inmoviliza tu color de oro,
y cuando se preñaron
tus pequeños vientres,
la cicatriz morena
dejó su quemadura
en todo tu dorado
sistema de hemisferios.
Ahora,
intacto,
eres
acción de hombre,
milagro repetido,
voluntad de la vida.
Oh pan de cada boca,
no
te imploraremos,
los hombres
no somos
mendigos
de vagos dioses
o de ángeles oscuros:
del mar y de la tierra
haremos pan,
plantaremos de trigo
la tierra y los planetas,
el pan de cada boca,
de cada hombre,
en cada día,
llegará porque fuimos
a sembrarlo
y a hacerlo,
no para un hombre sino
para todos,
el pan, el pan
para todos los pueblos
y con él lo que tiene
forma y sabor de pan
repartiremos:
la tierra,
la belleza,
el amor,
todo eso
tiene sabor de pan,
forma de pan,
germinación de harina,
todo
nació para ser compartido,
para ser entregado,
para multiplicarse.
Por eso, pan,
si huyes
de la casa del hombre,
si te ocultan,
te niegan,
si el avaro
te prostituye,
si el rico
te acapara,
si el trigo
no busca surco y tierra,
pan,
no rezaremos,
pan,
no mendigaremos,
lucharemos por ti con otros hombres,
con todos los hambrientos,
por todos los ríos y el aire
iremos a buscarte,
toda la tierra la repartiremos
para que tú germines,
y con nosotros
avanzará la tierra:
el agua, el fuego, el hombre
lucharán con nosotros.
iremos coronados
con espigas,
conquistando
tierra y pan para todos,
y entonces
también la vida
tendrá forma de pan,
será simple y profunda,
innumerable y pura.
Todos los seres
tendrán derecho
a la tierra y a la vida,
y así será el pan de mañana,
el pan de cada boca,
sagrado,
consagrado,
porque será el producto
de la más larga y dura
lucha humana.
No tiene alas
la victoria terrestre:
tiene pan en sus hombros,
y vuela valerosa
liberando la tierra
como una panadera
conducida en el viento.

Esto en una pieza revolucionaria, es imposible entenderla sin vivirla.

Y también se aprendió a esa edad El Canto General, de Neruda, otra obra revolucionaria. Pero, además, muy extensa.

Yo me empecé a interesar en temas mucho más allá de los banales que aprende una niña de 12 o 13 años. Mi madre por esa época estudiaba filosofía en la Universidad del Rosario, entonces empecé a conversar con ella y un día me leyó el Canto General, de Neruda. Ese poema me despertó muchas inquietudes. Hablábamos de todos estos conceptos. Incluso, mi primer texto político, que fue uno que ella me dio a leer, fue el manifiesto comunista. Recuerdo que un día me dijo: mira hija, no todo es solo lo que tú oyes hablar. Acá hay cosas distintas, hay ideas distintas.

Canto General (Fragmento sobre Los Comuneros)
Comuneros del Socorro (1781)

Fue Manuela Beltrán (cuando rompió los bandos
del opresor, y gritó «Mueran los déspotas»)
la que los nuevos cereales
desparramó por nuestra tierra.
Fue en Nueva Granada, en la villa 5
del Socorro. Los comuneros
sacudieron el virreinato
en un eclipse precursor.
Se unieron contra los estancos,
contra el manchado privilegio, 10
y levantaron la cartilla
de las peticiones forales.
Se unieron con armas y piedras,
milicia y mujeres, el pueblo,
orden y furia, encaminados 15
hacia Bogotá y su linaje.
Entonces bajó el Arzobispo.
«Tendréis todos vuestros derechos,
en nombre de Dios lo prometo.»
El pueblo se juntó en la plaza. 20
Y el Arzobispo celebró
una misa y un juramento.
Él era la paz justiciera. [93]
«Guardad las armas. Cada uno
a vuestra casa», sentenció. 25
Los comuneros entregaron
las armas. En Bogotá
festejaron al Arzobispo,
celebraron su traición,
su perjurio, en la misa pérfida, 30
y negaron pan y derecho.
Fusilaron a los caudillos,
repartieron entre los pueblos
sus cabezas recién cortadas,
con bendiciones del Prelado 35
y bailes en el Virreinato.
Primeras, pesadas semillas
arrojadas a las regiones,
permanecéis, ciegas estatuas,
incubando en la noche hostil 40
la insurrección de las espigas.
Qué le dice a usted el Canto General.

Yo descubrí a América en este poema. Es el amor a la patria, a la patria grande que es América. Este empieza describiendo su gigantesca geografía, sus grandes ríos, el Amazonas, el Orinoco. Hay una estrofa para nuestro Salto del Tequendama. Después prosigue y describe a nuestros indígenas a los que fueron avasallados por los conquistadores. Describe lo que fue nuestra independencia. Nos describe con unos versos hermosos. Narra la relación de San Martín con Bolívar, relata el valor de Sucre y llega hasta nuestros días. Es una manera de conocer de forma vibrante esa América que está en la raíz de la Oda al pan y es la que a nosotros nos tiene que reunir en una patria grande, que nos permita afirmarnos soberanamente en este mundo globalizado con las otras naciones.

Volvamos a Shakespeare. De El Mercader de Venecia usted saca una reflexión política y filosófica que tiene que ver con la justicia.

A mí me gusta el papel que juega la única mujer como abogada en El Mercader de Venecia. A su prometido, Shylock, un rico mercader judío le había prestado a una importante suma de dinero y él le había dado en garantía una libra de su propia carne. El muchacho no cumplió y vino Shylock con el cuchillo a cobrar su deuda. Ella pide clemencia al juez y explica que la justicia tiene que ser atemperada con la misericordia y advierte que si bien la deuda puede ser pagada no debe cobrar ni una sola gota de sangre.. Esa es la parte de lección más hermosa para todo ser humano. Dice: la clemencia no es cualidad forzosa, cae como la lluvia desde el cielo a lo que está debajo, su bendición es doble. Bendice al que la da y al que la obtiene, más poderosa es en los más poderosos. A rey entronizado mejor que la corona le adorna, su cetro es el símbolo del poder temporal, la clemencia supera la potestad del cetro.

T. S. Eliot produce en usted es una reflexión filosófica por ese instante de la vida, por ese solo minuto en que se puede hacer y deshacer todo.

Sí, es un poema que simboliza la liviandad de la vida moderna, de la pérdida de valores y de la autoimportancia que se da la gente.

Canción del amor (fragmento)
T.S. Eliot

Vamos, tú y yo,
a la hora en que la tarde se extiende sobre el cielo
cual un paciente adormecido sobre la mesa por el éter:
vamos a través de ciertas calles semisolitarias,
refugios bulliciosos
de noches de desvelo en hoteluchos para pernoctar
y de mesones con el piso cubierto de aserrín y conchas de ostra,
calles que acechan cual debate tedioso
de intención insidiosa
que desemboca en un interrogante abrumador…
Ay, no preguntes: «¿De qué me hablas?»
Vamos más bien a realizar nuestra visita.
En el salón las señoras están deambulando
y de Miguel Ángel están hablando.
La neblina amarilla que se rasca la espalda sobre las ventanas,
el humo amarillo que frota el hocico sobre las ventanas,
lamió con su lengua las esquinas del ocaso,
se deslizó por la terraza, pegó un salto repentino,
y viendo que era una tarde lánguida de octubre,
dio una vuelta a la casa y se acostó a dormir.
Ya habrá tiempo. Ya lo habrá.
Para el humo amarillo que se arrastra por las calles
rascándose sobre las ventanas. Ya habrá tiempo. Ya lo habrá.
Para preparar un rostro que afronte los rostros que enfrentamos.
Ya habrá tiempo para matar, para crear,
y tiempo para todas las obras y los días de nuestras manos
que elevan las preguntas y las dejan caer sobre tu plato;
tiempo para ti y tiempo para mí,
tiempo bastante aun para mil indecisiones,
y para mil visiones y otras tantas revisiones,
antes de la hora de compartir el pan tostado y el té.
En el salón las señoras están deambulando
y de Miguel Ángel están hablando.
Ya habrá tiempo. Ya lo habrá.
Para preguntarnos: ¿Me atreveré yo acaso? ¿Me atreveré?
Tiempo para dar la vuelta y bajar por la escalera
con una coronilla calva en medio de mi cabellera.
Ellos dirán: «¡Ay, cómo el pelo se le está cayendo!»
Mi sacoleva, el cuello que apoya firmemente mi barbilla,
mi corbata, opulenta aunque modesta y bien asegurada
por un sencillo prendedor.
Ellos dirán: «¡Ay, cuán flacos tiene los brazos y las piernas!
¿Me aventuro yo acaso a perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo suficiente
para decisiones y revisiones que un minuto rectifica.

Es la vida del que no se atreve a cuestionar el universo. Es la vida del que no se atreve a tomar una decisión y siempre la revisa y la vuelve a pensar. Y creo que aprender de este poema, me ha vuelto a reafirmar de que uno no puede desgastar la vida para terminar sirviendo una taza de tostado y té.

El Tiempo, Bogotá.

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