Chávez: ¿Populista Radical?

Por Clara López Obregón   

El general James T. Hill, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, se refirió al Presidente Hugo Chávez como promotor de un “populismo radical que se convierte en amenaza para la seguridad del Hemisferio”. La referencia hecha en una Comisión del Senado norteamericano adiciona el populismo radical a otras tres amenazas continentales: los narcoterroristas colombianos, las redes de extremistas islámicos y las pandillas criminales centroamericanas. A diferencia de estas que se refieren a actividades criminales sobre las cuales no existe desacuerdo a lo ancho del espectro ideológico, el populismo pertenece al campo de las ideas políticas, por lo que su clasificación como amenaza presenta serios interrogantes respecto de sus potenciales alcances e interpretaciones.

En primer lugar, llama la atención que estas declaraciones provengan de un general en ejercicio y que se refieran de manera tan agresiva a un Presidente legítimo, sin que a la fecha hayan sido rectificadas por las autoridades oficiales de su país. A lo anterior se suma el hecho de que el oficial en mención tiene el mando sobre las tropas y la ejecución de las políticas militares norteamericanas dirigidas a América Latina y que ya haya sido coreada por instancias políticas de la subregión como es el caso del pronunciamiento del Senado colombiano dirigido a presionar una intervención de la OEA en Venezuela, claro que ante el rechazo de las expresiones más progresistas de ese cuerpo colegiado.

En segundo lugar, la referencia explícita del General Hill a la seguridad del Hemisferio debe considerarse en el contexto de la teoría y práctica de la política exterior de los Estados Unidos en la cual ello significa carta blanca para la intervención por considerarse comprometido el interés nacional.

En tercer lugar, la vaguedad de la terminología utilizada por el alto oficial norteamericano es preocupante comoquiera que el concepto de populismo tiene una cualidad camaleónica que lo convierte en comodín para cualquier interpretación. En efecto, como dicen Meny y Surel, se trata de “un cascarón vacío que adquiere el significado de la substancia o esencia con que se llene”.

En fin, es como si el propietario de la casa grande de la urbanización acusara al vecino de ser portador de un virus contagioso que pone en peligro a todo el vecindario. Aun cuando el virus en cuestión produce síntomas equívocos, se trata de una invitación, esa si inequívoca, a correrlo del barrio.

La sintomatología del virus del populismo varía, como la belleza, con los ojos del observador. Según la definición de uno de los diccionarios de uso generalizado en los Estados Unidos (The American Heritage Dictionary, 4th Ed.), se trata de “una filosofía política que apoya los derechos y poder del pueblo en su lucha contra la elite privilegiada”. Otro de tales diccionarios (Collins English Dictionary), editado el mismo año 2000, se refiere al populismo como “una estrategia política basada en una calculada apelación a los intereses y perjuicios de la gente del común”. La escogencia de la acepción -populismo entendido como filosofía política a favor del desvalido o como estrategia ventajista para aprovecharse de él- será siempre un asunto contencioso pues corresponde a un juicio de valor dónde se confrontan intereses opuestos.

Para inclinar la balanza se agrega el ingrediente del radicalismo que padece del mismo subjetivismo del sustantivo del cual se predica. En materia política, se asocia a la utilización de medidas extremas, caracterizadas de autoritarias y así procede el General Hill al afirmar que el Gobierno de Chávez transita “por el sendero del autoritarismo”. Algo semejante ocurrió con el Presidente Alvaro Uribe cuando el semanario conservador The Economist lo ubicó en la ruta de una “autocracia electiva”. Se trata pues de otro vocablo impreciso y peligroso que sirve de comodín para aclimatar una nueva intervención norteamericana.

Pero Hugo Chávez no se acomoda al modelo de populista radical diseñado por el General Hill. A pesar de haber afrontado una oposición agresiva y golpista, no ha adoptado ninguna medida extrema. No ha expropiado ni encarcelado arbitrariamente a nadie. Tampoco ha cerrado a ninguno de los medios de comunicación, dedicados prácticamente sin excepción a tumbar al gobierno. Ni siquiera decretó medida de excepción alguna con motivo del golpe de estado de abril de 2002, ni del sabotaje de la estatal petrolera PDVSA que interrumpió el flujo de crudo durante dos meses completos, causando pérdidas de US$10.000 millones equivalentes a un 8 o 10% del PIB.

Todo lo contrario. Aunque poco evaluadas, en Venezuela se están aplicando fórmulas novedosas para ensanchar el acceso a la salud y a la educación en todos los niveles. La Misión Robinson alfabetizó a más de un millón de personas de todas las edades y la Misión Ribas se encargará de que quien haya interrumpido sus estudios de bachillerato, los termine. Otra área de avance se encuentra en el Programa Barrio Adentro orientado a la renovación integral de zonas marginales mediante una interesante estrategia comunitario-militar. La reforma agraria se ha venido ejecutando, sin la expropiación de los grandes latifundios, enmarcada dentro de una política de seguridad alimentaria que incluye el impulso de la cooperativización en las cadenas productivas que abastecen los mercados populares organizados por el Gobierno. En lo que se refiere a la participación ciudadana, se implementa una legislación avanzada que garantiza poder decisorio sobre las prioridades presupuestales a consejos locales de planificación que cuentan con la representación de las organizaciones sociales locales.

Las transformaciones que impulsa el Chávez no son tan radicales como se le endilgan, pero avanzan y se profundizan sin respiro, financiados en parte con los excedentes de la empresa estatal petrolera PDVSA que exporta unos US$20.000 millones anuales. Dentro del pleno respeto a las libertades democráticas, en Venezuela se está ensayando un modelo de desarrollo propio, que de tener éxito, podría incluso llegar a ser imitado. Ahí está la verdadera amenaza de Chávez, el populista radical.

Deja un comentario